Opinión

Carnaval, más que una temporada

Camilo Ochoa Montero

17/02/2020 - 03:05

 

Carnaval, más que una temporada
La alegría del Carnaval / Fotografía: Nestor Salon

 

“Papaya puesta, papaya partida". Tal y como lo presenta este dicho, nos resulta atractiva la licencia para parrandear sin límites con toda amplitud y expansión. Una oportunidad que el bailador puede aprovechar y que, de ninguna manera, deja escapar.

Si bien es cierto que el carnaval tiene como una de sus funciones ser un espacio en el que el ser humano pueda desfogar todas sus ganas de fiesta, licor y deseos, también esta celebración tiene una esencia mucho más poderosa y profunda. Una esencia que sabe a tierra y huele a río, suena a olas de mar, a brisas de palmeras y lucen como cañaguates florecidos.

El propósito es sepultar con Joselito nuestros pesares y mortificaciones el martes de carnaval, después de meses de jolgorio. Ya el miércoles de ceniza un proceso nuevo comienza: la de una vida menos pesada con la redención del alma.

Más que para echarse maicena, emborracharse o asistir a una Kz, el carnaval es un estado del espíritu, una forma de vida heredada ancestralmente, un espejo para vernos más de cerca y en el que se reflejan todos los colores cuando le apunta el sol.

El carnaval nos permite conocer y digerir de la manera más creativa nuestra historia. De donde venimos, el porqué de nuestro dialecto y vestimenta, nuestra manera de sobrevivir, lo que hacemos en el día a día y la imaginación que se despierta para solucionar cada problema. Algo tan sencillo y a la vez profundo como lo es la cultura y todo lo que ese concepto abarca.

Son manifestaciones de vida que podemos contemplar en las danzas tradicionales, disfraces, y en la tan grandiosa música auténtica, una a la que injustamente llamamos 'música de carnaval', condenándola a un período de tiempo cuando merece ser escuchada, gozada y promocionada todo el año. Son expresiones donde la diversidad juega un papel relevante pues cada una tiene un significado y un mensaje para comunicar.

Es un espacio para liberarnos, para mostrarnos sin camuflaje, para gritarle al mundo nuestras verdades únicas y ratificar su validez. Eso que sentimos en el interior y que nos han dicho que no sirve o que no es chévere según estereotipos absurdos, pero que nos define, es algo que el carnaval recibe y abraza, la materia prima de la que se nutre.

Nos podríamos quedar en lo pintoresco y vivirlo como algo efímero, pero deteniéndonos, observando y escuchando nos daríamos cuenta de que allí lo que existen son respuestas a nuestros interrogantes íntimos. Un sin fin de enseñanzas que se pueden interiorizar en cualquier momento, sin límites de fecha.

El carnaval también es una invitación a ponernos en los zapatos del otro, siendo ésta una función que da múltiples frutos poderosos. Se trata de valorar y sentir orgullo por nuestra gente, los hacedores del carnaval, los que con sacrificio y esfuerzo viajan desde sus pueblos, cruzando el río Magdalena como muchos, con sus historias regadas entre su alma, vestuarios e instrumentos para contársela al mundo entero. Honremos la genialidad de quienes sólo necesitan observar la naturaleza para hacer de algo sencillo una creación impactante y grandiosa. Son ellos quienes nos conllevan a entender que frente a nuestros ojos hay una riqueza infinita. Reconocernos en todo esto es fundamental. Es una fiesta para asumirla con sensibilidad y respeto.

La marimondá, gran personaje de los carnavales / Foto: Nestor Salon

El carnaval nos hace uno solo. Por eso está hecho por todos y para todos; cuando en el resto de días pensamos que el vecino, el jefe o el compañero de clases es un bicho raro, ahí resulta que es como yo. Un semejante, porque ríe y llora igual que yo.

Hemos sido capaces de burlarnos de los que creen sabérselas todas, hasta hemos creado nuestra propia monarquía donde la corona no es de diamantes sino de caña flecha trenzada. Nuestro ímpetu e inteligencia no tienen comparación.

Nos vestimos de colores quizás tal vez para "embarajar" o iluminar los abismos y penumbras internas, las que lloramos por las noches y que son transformadas por el golpe de un cuero instantáneamente.

El arte es un cimiento que nos mantiene de pie.

Por esto y más el carnaval no sólo es una temporada de dos o tres meses como muchos creen. Existe con fidelidad siempre, esperándonos con apertura para que podamos sumergirnos en sus definiciones y expresiones y encontremos insumos para seguir, para continuar, para vivir mejor. Para avanzar en esa relación amorosa, o reconciliarse con ese familiar con el que hubo una pelea, animarse a hacer lo que a uno le gusta, dejar de darse mala vida por las deudas o achaques de salud, pa' las grietas del corazón y así... infinito.

Por tal grandeza, nuestra gente, músicos, bailarines y demás, merecen que sepamos lo que están haciendo y dejando en el pavimento en medio de un desfile o en un escenario con luces. No es algo distante, insisto, es de lo que estamos hechos, es un regalo, una fuente inagotable de información en la que se refleja cómo logramos olvidar y sortear las dificultades en el caribe.

Para disfrutar de nuestro lugar en el universo.

Para compartir.

Para explorar la humanidad de los individuos.

Para expresarnos, reflexionar y soñar.

Para entender un poquito más lo que es la vida.

 

Camilo Ochoa Montero

Sobre el autor

Camilo Ochoa Montero

Camilo Ochoa Montero

Letras amarillas

Humano de río, enamorado de la tradición, receptor del llamado ancestral, mensajero de sensibilidades.

@CamiloOchoaM

2 Comentarios


ELOISA MAGALI MONTERO LANAO 17-02-2020 03:00 PM

Que mensaje tan excelente. Felicitaciones Cami. El.folcklor y alegria lo.llevas en la sangre. Eres el.mejor.

Raul Salazar 17-02-2020 03:21 PM

Me encanta tu artículo... cuando vengas a Barranquilla tendrás mucho de que escribir

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