Opinión

Las dos rajadas de Vargas Llosa

Eddie José Dániels García

02/03/2020 - 05:10

 

Las dos rajadas de Vargas Llosa
El escritor hispano-peruano Mario Vargas Llosa / Foto: Infobae

A Mario Vargas Llosa se le olvidó hace muchos años, tal vez desde que comenzó a publicar sus obras, en la década del sesenta, que la misión esencial del escritor es “escribir para el lector”, y que la principal cualidad del lenguaje, por sobre otras de carácter secundario, es la claridad. Por supuesto, esta condición, que domina poco el “genio” peruano, se logra, utilizando las palabras con propiedad, manejando bien los complementos, marcando una puntuación excelente y manteniendo la ilación de las ideas. En otros términos, cada vez que el escritor está en función creadora, debe hacer un máximo despliegue de la cultura lingüística que posee, la cual le abre las puertas para que ponga en función los infinitos recursos del lenguaje con el propósito de embellecer la prosa, y, de esta manera, generar una redacción placentera para deleitar al lector. Si no lo hace, está condenado el desprecio. Por esta causa, Albert Camus afirmó con certeza: “Los que escriben con claridad tienen lectores, los que escriben oscuramente, tienen comentaristas”.

Este detalle, que he venido observando desde que comencé a leer sus novelas, cuando estudiaba en la UPTC de Tunja, lo acabo de comprobar en sus dos últimas publicaciones. Primero, con Cinco esquinas, su penúltima novela publicada en el 2016, la cual, desde su aparición, mantuvo un elevado récord de venta en las principales librerías colombianas y también, posiblemente, en las vitrinas de muchos países de habla española. Desde que el libro vio la luz, el nobel peruano se paseó orondamente por varias naciones, realizando la presentación y haciendo conversatorios sobre su triste y pésimo argumento. Esto, desde luego, para satisfacer las expectativas de los lectores curiosos, que existen en todas partes, y con ello tratar de engrandecer y darle importancia a la temática cursi que desarrolla en la novela. Su desfile promocional lo inició en la Feria Internacional del Libro de Bogotá en el 2016, lo siguió en un evento similar de Guadalajara, México, y continuó paseándose por varios países americanos y europeos.

Recuerdo, y no tengo ninguna prevención al afirmar, que apenas leí el primer capítulo de Cinco esquinas, publicado por EL TIEMPO a comienzos de 2016, como primicia literaria, me llevé la impresión de que a nuestro vecino escritor se le está oscureciendo el horizonte creativo y la prolijidad de su pluma ya experimenta una visible decadencia. Todo esto, acompañado con las perlitas de que Vargas Llosa siempre ha mantenido una redacción simploide, un tanto ligera, sin elegancia y, sobre todo, sin amenizar el texto. La mayoría de sus obras son planas, indiferentes a los recursos expresivos, a la belleza lingüística y, muchas veces, las repeticiones innecesarias y el mal uso de los complementos, afean y generan dificultades en la claridad textual. Condiciones que terminan, por supuesto, fastidiando a los lectores. Esto, lo podemos apreciar en el montón de novelas y ensayos que viene publicando desde 1964, cuando entró al boom de la narrativa hispanoamericana con la Ciudad y los perros, una obra hoy, totalmente, olvidada.

La temática que desarrolla Cinco esquinas no presenta nada extraordinario para el literario. Es más bien una repetidera de la repetición. El escritor se traslada a la época de la dictadura de Alberto Fujimori, su gran enemigo político, en la década del noventa, y se sitúa en el barrio Cinco esquinas, ubicado en el corazón de Lima, para enfocar la corrupción reinante en ese sector, y que extiende sus tentáculos a todos los vicios que destruyen a la población peruana: drogas, homosexualismo, narcotráfico, traición, ambición, lesbianismo, violencia, y, desde luego, la soltura de la prensa amarilla, respaldada abiertamente, con toda confianza por el régimen fujimorista. Asimismo, se solaza el escritor narrando algunas escenas sexuales, que rayan en la depravación porque se apartan de lo que podría ser normal en este campo, con miras a satisfacer la imaginación de los lectores, tratando de exponer una cátedra de altura sexual, y que terminan, más bien, creando una reacción contraria, que desmotiva y perturba el hilo de la concentración.

Sobre este particular recuerdo que por los días en que estaba leyendo Cinco esquinas, me comuniqué con el veterano profesor Silvio Mesa Domínguez, mi amigo personal, para comentarle sobre la temática de la novela, y su respuesta fue más que espontánea: “Vargas Llosa, como ya no puede tener sexo con el pene, ahora lo hace con las palabras”. Celebré la respuesta, y aproveché para leerle, a través de la línea, algunos minitextos cargados de extravagancias sexuales, con visos de chifladuras seniles. Entre muchos, le leí el siguiente, “Marisa se ladeó, juntó los pechos, el vientre, las piernas contra la espalda, las nalgas y las piernas de su amiga, a la vez que con sus cinco dedos le frotaba el sexo, tratando de localizar su pequeño clítoris, escarbando, separando aquellos labios mojados por la ansiedad, siempre guiada por la mano de Chabela…” Entonces, tras oírlo, el profesor Meza complementó: “Eso es lo que hacen las personas octogenarias cuando ya no pueden tener sexo físico, comienzan a tenerlo con la imaginación”.

Sin embargo, con toda esta simpleza vargasllosiana, cabalgando en 209 páginas, es sorprendente el despliegue publicitario que tuvo Cinco esquinas, y siguió teniendo en los medios informativos, sobre todo en los diarios y revistas bogotanos, que son expertos en ensalzar, ponderar y adular a los escritores y personajes que conforman el círculo de sus consabidas preferencias. El mismo escandalo publicitario hicieron hace varios años con La oculta, en ese entonces, la última producción de Héctor Abad Faciolince. Una obra que nada tiene de sorprendente, ningún rasgo llamativo, y donde son visibles la pobreza expresiva, la indigencia de recursos estilísticos, la temática insulsa y las repeticiones viciosas. Y demoró más de seis meses ocupando el primer puesto de ventas en las librerías capitalinas, según lo anunciaba El Tiempo todas las semanas. En esos meses, arrobado por la curiosidad, también me arriesgué a leerla, y tuve que hacer un tremendo sacrificio para superar el fastidio narrativo y, sólo a empujones, logré terminarla.

“Nadie puede con la publicidad bogotana”, me ha confesado Amaury Perez Banquet, un joven escritor sucreño, autor de varios cuentos y novelas. “Cuando se enamoran de un personaje, no hay quien los aguante y comienzan a darle fama por todos los periódicos y revistas”, enfatiza. Y así es: esto lo vengo comprobando desde hace mucho tiempo y he vislumbrado mi propia conclusión: “Los rolos quieren tener novelistas famosos a punta de propaganda para equipararlos con García Márquez. Pues, nunca han podido asimilar que el más grande novelista colombiano haya sido de la Costa Caribe”.  Hace tres años, por ejemplo, ensalzaron y publicitaron hasta el cansancio la novela La forma de las ruinas  de Juan Gabriel Vásquez, prácticamente un escritor desconocido.Y, desde luego, es mucha la gente que se deja convencer por el despliegue propagandístico. Sin embargo, a los pocos meses ya la obra se vendía con descuento en las principales librerías para agotar la existencia. Y hoy reposa, como es natural, en el desván del olvido.

Ahora, nuevamente, vienen proclamando Tiempos recios, la última novela del Nobel peruano, que entró en circulación en último trimestre del año pasado y, desde entonces, está ocupando los primeros puestos en venta de las librerías bogotanas. Así lo registró El Tiempo del sábado 22 de febrero del 2020. Lógicamente, la gente se aventura a comprarla para ver si encuentra algo nuevo, sobre todo, en Bogotá que es la ciudad que presenta el más alto índice de lectores en el país. No obstante, quienes alcanzan a leerla terminan defraudándose. Para mí, Tiempos recios es la otra prueba que tengo para justificar mi apreciación sobre “la segunda rajada de Vargas Llosa”. Es una obra cansona, enredada, con un lenguaje seco, que genera una prosa estéril y tormentosa para el lector. Son treinta y dos capítulos, entrecortados y entrelazados que narran, según el autor,  el golpe militar perpetrado por Carlos Castillo Armas, en 1954, contra el presidente guatemalteco Juan Jacobo Árbenz, también militar, y auspiciado por Estados Unidos a través de la CIA con el beneplácito del presidente gringo Dwight Eisenhower.

Desde entonces, no ha habido medio informativo capitalino que no le haya dedicado varias páginas, tanto a la temática del libro como a las entrevistas, airosas y prepotentes, que viene concediendo el escritor arequipeño.  Hoy, por supuesto, más altivo que nunca, por pertenecer a la Real Academia Española de Lengua y ostentar el título de Marqués, que le concedió hace algunos meses el rey de España. Sobre este particular, recuerdo que muchos años después de que Gabito recibiera el premio Nobel, en España lo llamaron para comentarle que lo habían escogido para ser galardonado con el Premio Cervantes, la respuesta del colombiano los sacó de onda: “Después del Nobel no me interesa recibir más premios”, les respondió. Un tiempo después, a comienzos de siglo, don Víctor García de la Concha, director de la RAE, lo contactó para proponerle que le abrían las puertas con mucha satisfacción para que fuera miembro de este organismo. Gabito, tras agradecerle tan honroso gesto, rechazó el ofrecimiento.

Dos ejemplos que nos sirven para establecer y analizar la gran diferencia existente entre García Márquez y Vargas Llosa. En primer lugar, por presentar dos pareceres totalmente opuestos: Mientras Gabito detestaba los clubes, los salones elegantes, los palacios y los atuendos encopetados, Vargas Llosa es amante de todo esto y de la vida aparatosa. Mientras la prosa de Gabito es ágil, profunda, embellecida, atractiva y conmovedora, la narrativa de Vargas Llosa es lenta, llana, prosaica, desgarbada e insensible. Mientras las obras de Gabito se leen el mundo entero y son traducidas a muchos idiomas, las del peruano reposan en los anaqueles olvidados de las oscuras bibliotecas. Y, finalmente, mientras Gabito recibió el Nobel a los 55 años, “el marqués de Vargas Llosa” fue premiado a los 75.  Tal vez, por estas razones, y otras que no deseo mencionar, el Nobel incaico siempre alimentó un celo rencoroso contra García Márquez. Sabía de sobra que la pluma de Gabito era insuperable, y que no tenía rivales en el arte de escribir.

A propósito de la inquina vargasllosiana contra Gabito, el mundo literario recuerda el episodio ocurrido en 1976 entre los dos escritores. Para esa época, ya García Márquez estaba saboreando la fama con la publicación de Cien años de soledad. El hecho ocurrió en un teatro de ciudad de México, adonde Vargas Llosa y Gabito, sin saber, asistieron a la proyección de la película La odisea de los Andes. Al finalizar el espectáculo, García Márquez vio al peruano y se acercó a saludarlo. La respuesta fue un puñetazo en el mentón que lo dejó tirado sin sentido en la alfombra del piso. Algunos testigos afirman que antes de marcharse, Vargas Llosa le gritó: “¿Cómo te atreves a querer abrazarme después de lo que le hiciste a Patricia en Barcelona? La dama, por supuesto, era la esposa del peruano. Gabito se repuso del golpe, varios amigos lo reanimaron, se marchó a su residencia y nunca más se refirió al penoso suceso. Por esta razón, con su rencor amordazado durante más de treinta años, en el 2010, cuando un periodista le preguntó acerca del Nobel de Vargas Llosa, con cierta ironía respondió: “El Nobel se entrega, algunas veces por calidad y otras… por cantidad”, como sucedió este año”.

 

Eddie José Daniels García

Sobre el autor

Eddie José Dániels García

Eddie José Dániels García

Reflejos cotidianos

Eddie José Daniels García, Talaigua, Bolívar. Licenciado en Español y Literatura, UPTC, Tunja, Docente del Simón Araújo, Sincelejo y Catedrático, ensayista e Investigador universitario. Cultiva y ejerce pedagogía en la poesía clásica española, la historia de Colombia y regional, la pureza del lenguaje; es columnista, prologuista, conferencista y habitual líder en debates y charlas didácticas sobre la Literatura en la prensa, revistas y encuentros literarios y culturales en toda la Costa del caribe colombiano. Los escritos de Dániels García llaman la atención por la abundancia de hechos y apuntes históricos, políticos y literarios que plantea, sin complejidades innecesarias en su lenguaje claro y didáctico bien reconocido por la crítica estilística costeña, por su esencialidad en la acción y en la descripción de una humanidad y ambiente que destaca la propia vida regional.

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