Opinión

La lectura crítica que no es crítica

Eddie José Dániels García

16/03/2020 - 04:45

 

La lectura crítica que no es crítica

 

No logro explicarme cómo hay profesores, particularmente de castellano, que se han tragado el cuento que inventó el Icfes hace algunos años sobre la tal “lectura crítica”. Esta, fue una estrategia oportuna de este obsoleto Instituto para tratar de mejorar la imagen, barnizar el desprestigio y salir de la rutina con que venían laborando desde 1968 cuando crearon los famosos exámenes de estado. En los primeros años de este embeleco, los bachilleres teníamos que someternos al tormento de asistir a cuatro secciones de cinco horas cada una: dos el sábado y dos el domingo, para responder alrededor de quinientas preguntas que incluían todas las asignaturas de la educación media. Para complemento, las pruebas sólo se realizaban en las ciudades capitales, y los estudiantes de los municipios lejanos necesitaban varios días para ir y regresar a los pueblos de origen. Con el paso del tiempo, los “susodichos” exámenes se han simplificado y actualmente se realizan en dos secciones que se desarrollan el domingo señalizado para tal fin.    

En los últimos años, el febril prestigio de las pruebas, hoy llamadas “Saber once”, ha ido creciendo, y en todos los colegios, apenas comienza el año escolar, este es el plato del día. No se habla de otra cosa, y los alumnos de último año asisten y desarrollan cursos y talleres preicfes a toda hora. Los rectores, coordinadores y profesores consideran que la importancia de sus instituciones se fundamenta en el resultado que obtengan los estudiantes. Y creen que si los puntajes son bajos, los colegios van a ser criticados y mal catalogados. Entonces, el Icfes, para ganar importancia, envía un listado donde los ubica por número, y los clasifica por ciudades y por departamento. El día que llegan los resultados, en los planteles donde éstos han sido altos, echan las campanas al vuelo, se suspenden las clases, los rectores y coordinadores no caben en sus oficinas, los profesores caminan orondos, reflejando el triunfo en sus rostros, y los estudiantes con puntajes óptimos son santificados, y por ley natural, ya tienen el aprobado el año.

Hace algunos años, un alumno de un colegio privado de Sincelejo alcanzó a quedar en el primer puesto a nivel nacional. La fiesta empezó apenas se conocieron los resultados y las clases se suspendieron inmediatamente. Varios órganos periodísticos se presentaron al plantel para entrevistar al estudiante y, por supuesto, al rector. La noticia fue trasmitida por todas las emisoras locales y publicada en la primera página del principal diario local con la fotografía del alumno y varios profesores acompañándolo. Al año siguiente, el mismo colegio ni siquiera logró sacar un alumno entre los cien primeros puestos. Recibieron los resultados con mucha nostalgia y resignación. Desde entonces, no han vuelto a conquistar un puntaje halagüeño y siempre han aparecido en los últimos puestos. Otro caso llamativo ocurrió en una institución de la seudoaristocracia de esta ciudad, regentada por monjas, donde las alumnas, en un determinado año, obtuvieron los puntajes más altos en la prueba de lenguaje, y lo curioso era que las estudiantes de estos altos puntajes no sabían ni siquiera adelantar la primera línea de un párrafo.

Asimismo, en varios colegios del interior del país, donde los estudiantes han obtenido resultados irrisorios, son muchos los futuros bachilleres que han intentado suicidarse, o han pensado hacerlo, porque no resisten la burla de sus compañeros ni mucho menos la crítica de sus padres por los bajos resultados. Esto, siempre sucede en las clases elitistas, sobre todo, cuando los progenitores esperan puntajes altísimos para que sus hijos estudien medicina u otra carrera reconocida en una universidad prestigiosa. Para ello los han matriculado en los cursos preicfes que abundan por doquier y les han comprado cuanta basura editan los periódicos y algunas editoriales sobre las citadas pruebas. También se han visto casos en algunas instituciones, donde han existido alumnos que, siendo de medianos rendimientos y sin haber realizado los citados cursos, han alcanzado los puntajes más altos, para sorpresa de toda la comunidad educativa. Esto significa, desde luego, la ineficacia, muchas veces, de los cursos preparatorios.

Ahora, retomando el tema de la “lectura crítica”, esta falsa apreciación ha logrado posicionarse con tanto interés y arraigo que, inclusive, en los últimos años, numerosos colegios han implementado, dentro del horario reglamentario, algunas clases de “lectura crítica” para los alumnos del grado once, y muchos docentes hablan con propiedad de esta asignatura. Y los pobres estudiantes, neófitos como siempre, también repiten constantemente: “ahora tenemos clase de lectura crítica”, demostrando con esta expresión que no tienen la mínima idea de lo que significa la palabra crítica. Para ellos, como lo podemos comprobar, la tal “lectura crítica”, se fundamenta en realizar la lectura de algunos textos, generalmente incoherentes, muchas veces, por la pésima traducción, y después, responder unas preguntas, que han formulado los funcionarios del Icfes, y que no pueden llamarse críticas, porque están diseñadas con el subjetivismo de los autores de los cuestionarios y en ellas los estudiantes no tienen ninguna participación.

Es obvio que, para realizar la crítica de un texto, la persona tiene que dar puntos de vista sobre su contenido. Esto significa que el lector expone su apreciación crítica, valorando o enjuiciando el texto, y, debe demostrar con razones válidas, evidentes y comprobables sus afirmaciones. En otras palabras, si valora el texto, debe exponer sus razones, y si lo enjuicia, también debe hacerlo. Sólo de esta manera, nos encontramos en el nivel crítico de cualquier tipo de lectura. En las pruebas del Icfes, los estudiantes no pueden realizar una lectura crítica, porque ellos no expresan ni exponen ningún punto de vista sobre el tema leído. Queda, entonces, demostrado que esta lectura no puede llevar ese calificativo, porque no se alcanza a cristalizar ninguna participación del lector. Además, nadie puede fundamentar una crítica sobre lo que ha pensado o lo que ha dicho otra persona.  Aquí, en este tipo de lectura, lo que lo único que se realiza es el nivel de compresión literal, unas veces, y de comprensión interpretativa, en otras.

Para animar a los estudiantes, El TIEMPO todos los años publica una serie titulada “Repilos, pruebas saber 11”, que distribuye durante varias semanas a partir  de febrero e incluyen las cinco áreas evaluadas por el Icfes: lectura crítica, inglés, sociales y competencias ciudadanas, ciencias naturales y matemáticas.  La primera entrega de este año, el martes 18 de febrero, que correspondió a “lectura crítica”, causa risa el contenido de la misma. Por ejemplo, la pregunta 3 se refiere a una décima, que por cierto, apareció mal escrita, que dice: “No seas desconocida / ni conmigo uses rigores, / pues la muerte sin doctores / no es muerte, que es media vida. / Pobre, ociosa y destruida / quedarás en esta suerte, / sin quien te alaba concierte / siendo en tan grande mancilla / una pobre muertecilla / o muerte de mala muerte”. Ahora, miremos la pregunta: “Según el texto, la palabra mancilla se puede definir como:” Siguen las cuatro posibles respuestas, en las cuales hay una que define la palabra. Yo preguntó: ¿puede esta bobada llamarse lectura crítica?

Y en este cuento de las famosas pruebas “saber once”, son muchas las casas editoriales, universidades, inclusive prestigiosas, e instituciones de bachillerato que están sacando provecho, ofreciendo cursos preparatorios para los despistados estudiantes. Inclusive, personas particulares también han montado su estructura bien armada para brindar cursos, obteniendo con ellos jugosos resultados. Esto, ha servido también para enriquecer los bolsillos de muchos alcaldes y gobernadores, quienes firman contratos con las personas o entidades prestadoras del servicio para capacitar a todos los alumnos de los municipios. Lo que quiere decir que hoy las famosas pruebas están contribuyendo al desarrollo de la corrupción administrativa, en la cual están inmersos la mayoría de administradores públicos del país. Y lo más cínico aún es que ahora los cursos preparatorios comienzan desde el grado décimo, y engañan a los estudiantes diciéndoles que es necesario adelantar los cursos para que estén mejor preparados el día del examen. 

En Sucre, por ejemplo, en el 2012, el gobernador Julio Cesar Guerra Tulena invirtió la suma de mil quinientos cincuenta millones de pesos para comprar libros preicfes a una empresa caleña y repartirlos en los estudiantes de los veintiún municipios sucreños. Algunos meses después, tras una investigación se descubrió el fraude, el cual fue conocido por todo el país. El funcionario y sus adláteres se habían robado el sesenta por ciento de la plata. Para conjurar el escándalo, el gobernador fue a su residencia en el barrio La Ford, abrió una caja fuerte y con varios escoltas se presentó al Banpopular  con unas tulas bien cargadas y consignó en efectivo ochocientos cincuenta millones de pesos. La actividad bancaria se paralizó durante varias horas, mientras los cajeros contaban el dinero, en billetes de veinte y cincuenta mil pesos. Esa misma tarde, el gobernador satisfecho de su hazaña declaró, a los medios informativos: “Tengo mi conciencia tranquila…ya no hay detrimento del patrimonio nacional porque está mañana devolví la plata”.

Varios meses después de consignar el dinero, inclusive ya esto era tema olvidado por la ciudadanía, El TIEMPO sorprendió con la noticia de primera página, ilustrada con una foto del mandatario: “Procuraduría suspende al gobernador de Sucre”. Mandaba en este organismo el acendrado uribista Alejandro Ordóñez Maldonado. Julio Guerra ni siquiera se sorprendió con la noticia, que afirmaba la suspensión del cargo por ocho meses. Más bien se burló de ella, como se burlan de la justicia todos los delincuentes del país. Entonces, como un zorro viejo de la política colombiana, que conoce los hilos de la corrupción,  hizo maletas y se marchó a la Capital. Allá, bien adecentado con saco y corbata, visitó tres oficinas, habló con algunos funcionarios y departió con varios amigos en un club exclusivo de la aristocracia bogotana. A los pocos días regresó a Sincelejo y permaneció en su despacho hasta el último minuto del último día de su mandato reglamentario, el 31 de diciembre de 2015. Nunca se supo que había pasado con la suspensión.

Y así como actuó el gobernador sucreño, hemos tenido conocimientos de operaciones similares orquestadas por otros funcionarios departamentales y, por supuesto, municipales, que comienzan a llenar sus arcas favoreciendo a los estudiantes con los cursos preparatorios y la distribución de libros. Y todo el mundo ve con buenos ojos la actuación de estos burócratas. Esto significa que el Icfes tendrá existencia para rato y para seguir engordando a sus directivos. Porque, es incalculable el dinero que recibe anualmente, si sacamos la cuenta del pago que hacen los más de setecientos mil bachilleres que presentan las pruebas en el calendario A. Asimismo, quienes la realizan en el calendario B. Y nos llama la atención que los cuestionarios que evalúan circulan por todo el país y son conocidos por las editoriales e instituciones que ofrecen los cursos. Es una mafia que facilita los pliegos y está enquistada en el seno de este desprestigiado Instituto, que, como vemos, seguirá engañando, per saecula saeculorum, a los bachilleres del país, aplicando unas pruebas que están totalmente apartadas de la realidad.  

 

Eddie José Daniels García

Sobre el autor

Eddie José Dániels García

Eddie José Dániels García

Reflejos cotidianos

Eddie José Daniels García, Talaigua, Bolívar. Licenciado en Español y Literatura, UPTC, Tunja, Docente del Simón Araújo, Sincelejo y Catedrático, ensayista e Investigador universitario. Cultiva y ejerce pedagogía en la poesía clásica española, la historia de Colombia y regional, la pureza del lenguaje; es columnista, prologuista, conferencista y habitual líder en debates y charlas didácticas sobre la Literatura en la prensa, revistas y encuentros literarios y culturales en toda la Costa del caribe colombiano. Los escritos de Dániels García llaman la atención por la abundancia de hechos y apuntes históricos, políticos y literarios que plantea, sin complejidades innecesarias en su lenguaje claro y didáctico bien reconocido por la crítica estilística costeña, por su esencialidad en la acción y en la descripción de una humanidad y ambiente que destaca la propia vida regional.

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