Opinión

La naturaleza nos jala las orejas

Diógenes Armando Pino Ávila

20/03/2020 - 06:10

 

La naturaleza nos jala las orejas

 

En estos días de cuarentena y confinamiento, tan molesto para mucho, que al igual que yo sufren de claustrofobia y de hiperactividad. En estos días de crisis y de angustia existencial en que la paranoia colectiva comienza a hacerse sentir en todo el planeta, en estos momentos donde paradójicamente aflora del subconsciente colectivo, esa noción de especie que nos hermana y nos iguala, en estos instantes en que parece que la voz del ADN nos habla desde la raíz misma de nuestros ancestros y, con voz cancina, nos hala las orejas diciéndonos que debemos cuidarnos y ser responsables el uno del otro, condición sin la cual, (“Conditio sine qua non”), no subsistiremos como especie ante los avisos que la misma naturaleza nos está enviando.

Hoy, más que nunca, se hace válida la línea de pensamiento de Baruch Spinoza, ese filosofo holandés que sostenía que la naturaleza, el universo y Dios eran la misma cosa, ese sabio expulsado de su comunidad, por allá a mediados del siglo XVI intuyó que la naturaleza misma era la sustancia de Dios y que nosotros, el hombre como tal, existíamos en su sustancia. Hoy la naturaleza o Dios nos está avisando que nos hemos comportado mal con su sustancia, con su esencia infinita y que hemos afectado de tal suerte la naturaleza, es decir, el Dios de Spinoza, en forma grave, hemos desforestado, disecado ríos y ciénagas, hemos horadado las entrañas del planeta buscando metales, minerales, fósiles. Hemos manipulado especies, hemos manipulado virus y bacterias, peor aún las hemos utilizado como armas para destruir a nuestros hermanos. Por todo esto la naturaleza, el Dios de Spinoza, nos pasa cuenta de cobro.

Aun así, hay parte de la humanidad, sorda y ciega, que no escucha, ni ve los signos evidentes del reclamo, las muestras de la degradación a que hemos llegado, ya que buscando la riqueza lapidamos lo más preciado nuestro propio hábitat, nuestra casa, la casa de nuestra especie, pues no hemos sido capaces de entender que no somos únicos, que nos debemos sinérgicamente a un conjunto de accidentes, como diría Spinoza, accidentes, no sustancia. No tenemos consciencia de especie, olvidamos, y aquí son válidas las palabras del Padre Cely en su libro “El Horizonte bioético de la ciencia” que en uno de sus apartes, al referirse a “La cultura”, esa que hemos perdido, dice: que “La cultura articula lo humano con lo que no lo es y eleva a conciencia colectiva el-ser-en-el-mundo-con-el-otro-y-con-lo-otro, logrando que lo otro (cada uno de los seres no humanos de nuestra casa terrenal) y el otro (cada uno de los seres humanos) sean reconocidos y aceptados afectivamente por el yo y por nosotros, lo que a su vez tiene un eco en el otro y en lo otro.

Parecen difíciles las lucubraciones brillantes de estos dos hombres, pero no lo son, pues utilizando el lenguaje coloquial, lo podemos decir en pocas palabras, cuidemos las especies, porque haciéndolo nos cuidamos nosotros en su conjunto, ya que somos parte de la naturaleza, somos parte de Dios. Es hora de tomar consciencia, es hora de recobrar esa consciencia colectiva que se asoma tímidamente ante la crisis desatada por la pandemia del coronavirus, es hora de cuidarnos colectivamente, es hora de acatar las órdenes de los organismos de salubridad pública, es el momento de respetar esas normas y recomendaciones por absurdas que nos parezcan.

Ahora bien, es momento de crisis, de ser trascendentes como especie, de hacer profundas reflexiones como colectivo humano, es el instante de recobrar principios, valores, perdidos y no por ellos esenciales en la vida de esta aldea planetaria habitada por unas especies que se excluyen por la ambición del que supuestamente es el “único ser inteligente”. Es el momento de hacer un alto en el camino y retomar el rumbo. Es el momento de la seriedad para enfrentar la crisis autoimponiéndonos lo que este gobierno por cálculo político se niega o no tiene el valor de imponer.

Ahora, el que tomemos en serio la crisis no debe ser el motivo para perder el humor, porque es peor, jodidos y malhumorados, sigan haciendo humor sin perder el norte, publique en las redes noticias, artículos, datos que sean de fuentes creíbles, no replique los Fake News que pululan en las redes, pero eso sí, saque el tiempo para orear el humor, hay memes y anécdotas que sacan sonrisas sin hacer daño. Cuídate, quédate en casa, pero no pierdas el humor.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

@Tagoto

Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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