Opinión
Maderos: el teatro como necesidad colectiva

Iniciaba el 2019, en plena junta de gestores culturales de Valledupar se discutía el tema de los posibles beneficiados por la ley de espectáculos públicos en el palacio municipal. Al escuchar el listado, un aristócrata de esos que merodean por ahí con guayaberita blanca y, como diría Andrés Caicedo de “Buena raza”, preguntó a viva voz: ¿Maderos? ¿Quiénes son esos aparecidos? ¿De dónde salieron? Sus preguntas oxidadas me ratificaron que en esta parroquia los temperamentos feudales no pierden vigencia, el modelo vasallo –señor- sigue enmarañando el intelecto de las gentes.
Salí de la alcaldía y caminando hasta nuestra sede medité en la intervención del patriarca, y me preguntaba una y otra vez ¿Por qué nuestro proyecto creativo había logrado sobrevivir hasta ese momento? ¿Qué era lo que nos mantenía firmes produciendo Arte? ¿Por qué crecía el reconocimiento de centenares de espectadores cada fin de semana en un terreno que muchos auguraron como hostil para el teatro? ¿Por qué germinaba el teatro en estas tierras de linajes gastados y resonantes, donde si no eres de una casta “centenaria” no eres nadie?
Para responderme estas preguntas eché reversa al entendimiento y escudriñé paso a paso en nuestra interesante experiencia, que surgió como la materialización del sueño de un colectivo de artistas dramáticos que, coincidentes en el teatro universitario desde el año 2005, decidimos apostarle al teatro en una ciudad con una oferta teatral débil y, tras diez años de una ardua y permanente labor de divulgación y creación en patios, plazoletas, calles y salones de la (UPC), a comienzos del año 2015 nos atrincherarnos en una vieja casa del centro histórico.
Al inicio, pensamos que establecernos en un espacio fijo obedecía solo a nuestras necesidades técnicas, pretensiones estéticas y por evitar el ostracismo que asumíamos para entonces como algo cotidiano. Pero no resultó ser solo esa necesidad: con la llegada del público a la vieja casona del Cañahuate, los aplausos reiterados y la simbiosis con los vecinos del lugar y artistas locales, nos dimos cuenta que la necesidad era colectiva, que la necesidad no era sólo de nosotros sino de Valledupar, que estábamos gestando un proyecto ciudadano. Nos convencimos y experimentamos de primera mano que es en el teatro donde una sociedad expone e interroga sus mitos y sus estructuras, en una relativa independencia del mundo real. Que es el teatro, un lugar donde nuestros comparroquianos de este Valle de mil talentos también pueden expresar sus dramas fundamentales sin Old Parr, sin revolver al cinto y sin poner en juego su propia existencia. Que es un foro ciudadano y un lugar de conexión con el universo de la imaginación. Es un espacio, a la vez, sagrado y político. Es el lugar en el que la sociedad se encuentra para representarse y pensarse a sí misma.
Cuando entendimos que la sociedad nos necesitaba, entendimos que no necesitábamos apellidos de peso centenario para que nuestra organización emergiera. En este establecimiento cultural, nos olvidamos de que se nace siendo, de que se nace aprendido, consentimos la idea de que algún día la piel perderá su vanidad y los cabellos sean lisos o crespos se caerán por manojos sin distingo alguno. olvidamos nuestros apellidos porque no nos criamos frente al Green Park, fuimos engendrados bajo los techos del San Martin, Sicarare, Casimiro Maestre, la Nevada y del cafetal en Villanueva. Preferimos un tener sustentado justamente por el hacer y a eso no le tememos, pues somos hijos de gente que cada día, hace y hace y hace, madres comunitarias, taxistas, secretarias, periodistas y albañiles. Entendimos que no hemos nacido en el subdesarrollo para tener un mundo mejor, sino para hacer un mundo mejor y hacerlo disfrutando.
Hoy 27, en este mes de marzo, desde nuestros refugios celebramos nuestro cumpleaños número 5.
Hoy 27, en este mes de marzo, celebramos lejos de la hermosa presencia del espectador, el día internacional del teatro.
Hasta hoy 27, en este mes de marzo, por un capricho de Tomas Darío Gutiérrez (ex jefe de cultura municipal), y porque la nueva administración municipal no ha movido una paja, no está definida la situación de la convocatoria para que este proyecto adquiera una sede propia.
Hoy 27 de este mes de marzo, ese gran premio al que llamamos público nos envía fraternos abrazos, frases de aliento, dedicatorias y demás piropos que para recibirlos no se necesitan apellidos resonantes. Esa influencia positiva se gana dando ejemplo, haciendo y generando procesos de transformación social concertada y sostenidamente.
Hoy 27 de este mes de marzo la naturaleza nos ha mostrado con el organismo vivo menos complejo sobre la faz de la tierra (un virus), que los linajes son un invento, que el príncipe Carlos y el señor de la tienda de la esquina están hechos con el mismo tejido y que la solidaridad y el trabajo mancomunado son el principio de supervivencia.
Hoy 27 de marzo, a sólo pocos días de la muerte de Santiago García, recordamos una de sus frases "El teatro es un arte que tiene el don especial e irreductible de la presencia humana". En estos tiempos en los que la peste azota, físicamente nadie abraza a nadie, nadie puede acercarse a nadie, es imposible para el teatro hacer algo, el teatro está en stand by, el teatro está también en cuarentena.
Hoy al recordar el cuestionario del patriarca feudal de apellido retocado aquella mañana en el palacio municipal, creo que le tengo respuestas:
1-. Somos unos aparecidos por obra y gracia del esfuerzo sostenido
2-. Hemos salido del vientre de una sociedad ávida de Teatro.
Desde mi bella parroquia del caribe mediterráneo, para todos los teatreros del mundo.
Rafael Moreno
Actor miembro del colectivo Maderos Teatro





