Opinión

Las lecciones de Chemane

Alberto Muñoz Peñaloza

20/04/2020 - 04:40

 

Las lecciones de Chemane
La plaza Alfonso López antes de su remodelación (Valledupar) / Foto: archivo PanoramaCultural.com.co

Paseándose por las calles de Valledupar, en su bicicleta legendaria, el hijo más robusto de la inolvidable Pepa Baquero, completa más de medio siglo de inteligencia vial, honesto proceder y calvicie lingual, en gracia de lo cual, “cantándole la tabla a quien sea”.

Defensor a ultranza de las viejas costumbres, esas a las cuales le cantó el Pollo ronco, Dagoberto López: “las costumbres de mi pueblo se han perdido, ya no braman los ternero’ en los corrales, no se quieren como antes los compadres, ni respetan los ahijado’ a los padrinos, ya no se sabe, ay ya no se sabe, ya no se sabe cuál es el padre o el hijo; se acabaron esas noches de vigilia, ya no salen aparato’ en los caminos, ya no existen los amores escondidos, ni se roban los besitos en las esquinas, mejor yo sigo, ay mejor yo sigo, mejor yo sigo con mis costumbres perdidas”.

Contributo a la salud

Con dedicación activa, en jornadas extensas desde poco después del amanecer, ha entregado su fuerza de trabajo a la venta de lotería, en pro de la generación de recursos para la salud de los cesarenses, entregándose a la causa loable de promover sueños de felicidad en terceras personas, complaciéndose en la tarea diaria de conversar, animar, criticar e insultar cuando le parece necesario, sin dejar de congraciarse con el paisaje urbano, reírse, bromear y pasear.

Crítico de las malas prácticas con relación a la falta de cuidado ante los rigores del tiempo, por eso cualquier infección se propaga con facilidad, dice sin ruborizarse, es necesario poner atención a las indicaciones de las autoridades acerca de la prevención, por lo que -según él- resulta conveniente fumigar con frecuencia, a nivel municipal, para alejar la posibilidad de una epidemia de dengue, por ejemplo.

Relata con maestría los tiempos en que la tosferina, el tifo y la papera causaron tantas dificultades. Entonces, resultaba asequible un manojo de ‘ajinjible’ tomarlo en calentillo, masticarlo o untarlo en ripio con sebo e’ chivo, y mejoraba la muchachada. Para la viruela el tema resultaba más complicado, y en cuanto a la papera, limón con ceniza. Sabía, por enseñanzas de las gran Pepa Baquero, que la de peralejo era más efectiva que la de Brasil, la de carbón y mil veces más que la de totumo.

Franco como su padre, vital como sus hermanos e inteligente como su carnal “Jaime Pepa”, quien partió invicto a la eternidad, después de salvar ‘medio mundo’ con el zumo del “noni”. Se negó a probar tales menjurjes pero le reconoció siempre su hidalguía.

La trampa de los virus

Cuando íbamos a jugar al patio añorado de la infancia, en casa de los Aroca Brito, si alguien moqueaba, tosía o catarreaba, recibía de inmediato una taza de ‘calentillo’ caliente, de manos de la vieja Manuela, flaca, menudita y frágil, pero ya había parido dieciséis hijos. El calentillo era la ‘toma’ de combate, en cuyo contenido oceánico nadaban el jengibre, la panela, pimienta de olor, y pare de contar. Mientras se estaba allí, el consumo se duplicaba. Al irse, el afectado horizontalizaba la mirada, verticalizaba el ánimo, imponiéndose a la ubicuidad anterior.

Por la noche, en la esquina de Ramiro Sánchez, alistándonos para el juego de “cuatro, ocho y doce, ¡libertad!”, mister Chemane escuchaba la historia, con seriedad pontifical, penetraba el momento, de manera paternal explicaba los orígenes de la enfermedad e insistía en que está se presentaba, “cuando ustedes se portan mal”, pórtense bien muchachitos y no tendrán problemas. Por ejemplo, hagan los mandados, ayuden a la mamá, al papá, acuéstense temprano, hagan las tareas, “no frieguen tanto”. Entonces, soltaba lo mejor, tomen sopa hirviente, calentillo, chilonga, viranga y hasta chicha, pero bien caliente, que los virus “se esguañeñan en en lo caliente”, ¡yo veré!

El viejo Chente, obrero eterno en el glorioso Nacional Loperena, a tres pasos de la tienda el Brasil, frente al hotel Torcoroma, revelaba su fórmula mágica: ron caña para acabar la virosis, emborrachar y linchar el lombricerío, caña corrida para vivir mejor. Chemane, sin entrar en discusiones, afirmaba que era contraproducente, las lombrices chupan el dulcesito de la caña y te esguazan sin compasión, solía decir.

Aparecía después el hermano del “Perico”, guitarrista y electricista, cuyo remedio tenía que ver con escuchar un buen bolero y meterse diez frías, sin contemplaciones. La cerveza es el mejor alimento de la vida, “el único problema es que dos o tres son dañinas, hay que tomarse diez”.

Raúl Monsalvo, por su parte recomendó siempre, medio mondongo para el que quisiera, una ‘llanera’ en la fogata, o en la pampa después, “los virus se atortolan con el picante”. Su hermano el “Gogo”, en cambio, orientaba el remedio hacia el mejor guarapo de todos los tiempos, la inolvidable frescola conseguible frente al “teatro san jorge”.

Chemane arreciaba su huracán argumentativo centrándose en la importancia de la medicina natural que emerge de la tradición y la práctica realizada a partir del ejercicio cotidiano. Creo, decía sin sonrojarse, que lo mejor es meterle calor al güere güere, sin contemplaciones.

El ‘rey sin corona’

Para el aprendizaje, la vida nos presenta las situaciones, nosotros ponemos nuestra parte y escogemos, en forma inconsciente, lo que requerimos para trascender creencias e ideas, que no por antiguas, dejan de reencaucharse aunque sea mediante el dolor, el pánico y los miedos sobrevinientes en cabeza de lo que sea, como medio vislumbrador.

Es fácil suponer su discurso actual, remitiéndose a las penurias de su niñez: “yo recuerdo que mi hermano Lucho hacía lo que quería con el único carrito de palo que teníamos, yo me conformaba con la bola, la rueda y el trompito”.

La partida final

Cuando menos esperaba, deleitándome con la imagen de Chemane, y su sonrisa inocente, atento a la lectura de mi artículo, me frena en seco enterarme de su fallecimiento. Los hombres como él no mueren, su recuerdo, sus ejecutorias de vida y su talante, perviven en las menciones diarias de familiares, amigos y conocidos. Para quien el servicio fue “pan de cada día”, partir a la eternidad es, más que obligatorio, la recompensa merecida. Si aquí hablaba con propiedad, justo es imaginarlo repitiéndoles historias recientes, relatándoles “lo nuevo” y las dificultades en las que dejó el mundo terrenal.

Como no rememorar mis tiempos de la niñez, cuando se hacían las “novenas” de Navidad en el Comando de la Policía. Alguna vez, con la amenización de la emblemática orquesta “Tropibomba”, tuve el privilegio de degustar a Chemane, “azotando baldosa”:

Que yo vengo de muy lejos,

tirando tirando la bola

juega juega juega

juega la barola

Desde casa pude enviarle la expresión de mi gratitud y muchos saludos a sus familiares y amigos, y con él a quienes lo antecedieron, en especial a la siempre recordada Pepe Baquero y al gran Jaime Pepa…

 

Alberto Muñoz Peñaloza

@AlbertoMunozPen

Sobre el autor

Alberto Muñoz Peñaloza

Alberto Muñoz Peñaloza

Cosas del Valle

Alberto Muñoz Peñaloza (Valledupar). Es periodista y abogado. Desempeñó el cargo de director de la Casa de la Cultura de Valledupar y su columna “Cosas del Valle” nos abre una ventana sobre todas esas anécdotas que hacen de Valledupar una ciudad única.

@albertomunozpen

5 Comentarios


Vladimir Bolaño.Fuentes 21-04-2020 03:39 PM

Soy Vladimir Bolaño Fuentes sobrino de chemane hijo de mari orgullosamente nieto de PEPA Baquero no pude acompañar a tio.chemane pues vivo en fonseca guajira no se puese trascitar lo que me ha dado nucho dolor no poder acompañar a tia icha a jose ,Rut , jairo y toda la familia. Gracias por esas letras que hacen recordar cosas y pesonas tangratas de mi quirido.VALLE

Jose Ignacio Baquero B. 21-04-2020 05:40 PM

Nota acertada sobre un vallenato raizal que trabajó y vivió la vida bajo la optica de no hacerle daño a nadie, de enamorarse, de ser feliz y hacer feliz a los demas, hallarle el mejor sentido a la vida, aun en los momentos dificiles. Adios Chemane, saludos a oos nuestros allá.

Ovidio Baquero 21-04-2020 07:40 PM

Excelente reflexión, dibuja con palabras el quehacer diario de mi tío. Leo el artículo y me parece estarlo escuchándolo con su voz sonora y única. Que mi Dios lo guarde en su regazo y desde allá vele por cada uno de nosotros

Elberto Pumarejo Cotes 22-04-2020 05:57 PM

Excelente su escrito Dr Alberto, la verdad que nos trae con sus Gratos recuerdos los verdaderos hechos y sucesos con personajes que nunca se irán de nuestros recuerdos , ademas hace ud ver cómo eran nuestras costumbres y el el saber popular de los mayores de la época , donde hacían ver su sabiduría y buenos consejos para que la Juventud se formara con verdaderos principios y valores. Esperando nos siga deleitando con sus sabios saberes y conocimientos reales de nuestra región.

alvaro queruz 03-05-2020 08:40 AM

Esos esceitos casi personales, son para Vallenatos raizales, pues me quedé sin saber quien era Chemane; traté de confundirlo con otro homonimo, pero no, despues me di cuenta que no era el mismo.

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