Opinión

La atracción de las redes

Diógenes Armando Pino Ávila

22/05/2020 - 04:25

 

La atracción de las redes

 

Atraído por la corriente de las redes, llegué a Facebook, fue consecuencia de una invitación de una joven que intercambiaba comunicaciones conmigo a través de un correo electrónico en boga por esas fechas, ella quería, según sus propias palabras, reescribir un cuento mío para aplicar las técnicas que le había aprendido a sus maestros españoles. Me llamó curiosamente la atención el pedido y le dije que sí, que procediera y que me enviara una copia. Ya había sufrido experiencia de similar pedido que me hiciera un reconocido escritor de Valledupar con mi cuento “Más vale llegar a tiempo” que había publicado en mi libro “Agua de tinaja”, por tanto, no me preocupó el que pudiera perder mi propiedad intelectual. La verdad leí las dos versiones de los cuentos reescritos y siendo sincero no me gustaron, tal vez ese prurito de escritor aficionado no me permitió ver mejoras en ellos.

En fin, esa muchacha me insinuó que abriera una página en Facebook, le dije que no sabía cómo se hacía, ella amablemente me dijo que, si se lo permitía, me la creaba. Le dije que sí y, en efecto, creó el perfil que, desde hace más de 10 años, utilizo. Lo fui mejorando y adaptando a mis aficiones, abriendo páginas anexas a mi perfil, les confieso, le cogí el gusto a ello y ahora lo utilizo asiduamente, mucho más que el Twitter, el Instagram o el Whatsap, a tal punto que, cuando miro en la configuración de Face, encuentro que lo he utilizado hasta dos horas diarias y algunos días hasta más.

En Face publico mis notas, mis poemas, algunos memes y por supuesto, algunas críticas al gobierno de turno. Como todo comienzo en las redes, lo inicié con mucha timidez y prevenciones, luego fui tomando poco a poco destreza en ello y comencé primero a solicitar que me aceptaran como contacto en las cuentas de los amigos, algunos me aceptaban inmediatamente, mientras que otros se daban largas para hacerlos, en cambio otros ignoraban mi solicitud al punto de no aceptarme nunca. Por estas circunstancias tuve momentos de frustración y desencanto, los cuales superé cuando comencé a recibir invitación de amigos y no conocidos, las que aceptaba rápidamente en el entendido, que era hombre de mente abierta e incluyente que creía en la democracia de los medios.

Mi vida en las redes continuó suave, intercambiando opiniones con los amigos, enviando y recibiendo artículos de prensa interesantes, temas sobre crítica literaria, cuentos cortos, videos sobre la misma temática y otros temas diferentes, hasta ahí la cosa anduvo bien, hasta que se me dio por hacer criticas puntuales a los alcaldes de mi pueblo, aclaro criticas al mandatario, entendiendo que el alcalde como figura electa por el pueblo, eran públicos sus actos de gobierno. Ahí fue Troya, se encresparon los ánimos de los seguidores de ellos y comenzaron una serie de insultos, ataques, diatribas y hasta amenazas, a tal punto que mi familia me pedía que abandonara la crítica, yo persistía tercamente en el entendido que era mi deber como hijo de mi pueblo y que era mi derecho como ciudadano. En las campañas políticas agitaba las redes haciendo activismo en favor del candidato de mis preferencias y esto fue peor, más ataques, más insultos y más amenazas, por ello decidí bloquear a muchas personas y grupos que servían de medios para la difamación y el insulto.

Ahora tomo las cosas con mucha calma, me preocupa lo local y lo nacional, pero decidí hacer un pare sobre esa actividad y desde que comenzó el problema de la pandemia me he dedicado a promover, no el miedo, sino el cuidado y la prevención que hay que tener y sobre todo la responsabilidad como miembro de una familia y una comunidad de cuidarse como persona para cuidar a todos. Como una manera de ayudar a paliar el estrés del confinamiento por cuarentena decretado por el gobierno, me comprometí con mis contactos y seguidores a leer cada día de estos, uno de mis poemas, lo que he cumplido sin fallar en estos cincuenta y un días hasta hoy. En esto de leer mis poemas he encontrado con grata sorpresa que mis videos de lectura reciben 300 y 600 reproducciones por poema de acuerdo al gusto del contacto. Esto me lleva a pensar y repensar que de publicarlos en un libro me vería en calzas prietas para vender 300 o 600 libros, mientras que en las redes obtengo lecturas diarias y comentarios que me indican el impacto que tienen mis poemas en el público receptor, por tanto, debo decir que es un excelente medio para promocionar a escritores aficionado como yo, que no tenemos ínfulas de consagración ni aureola de ungidos. 

El número permitido de cinco mil contactos lo copé hace dos años y he tenido con mucha pena que decirles a los amigos que me solicitan como contacto que no tengo cupo y que, si gustan, se vayan como seguidores. Hoy cuento con cinco mil contactos y el número de seguidores va en 10.550 seguidores y día a día llegan 100 o 200 más. Sin quererlo me estoy convirtiendo, gracias a Facebook, en una figura pública.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

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Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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