Opinión

El hombrecito de la emulsión de Scott

Álvaro Yaguna Nuñez

25/08/2020 - 04:15

 

El hombrecito de la emulsión de Scott

 

De ninguna manera quiero referirme peyorativamente a un personaje conocido por muchas generaciones en la edad infantil. La Emulsión de Scott es un excelente medicamento prescrito siempre como complemento dietario, constituido principalmente por elementos como el fósforo, calcio y vitaminas A y D; así como efectivo y apreciado, también es de ingrata recordación por su olor y sabor repugnante a aceite de hígado de bacalao, factor adverso que paulatina y tecnológicamente ha sido superado, gozando los pacientes contemporáneos de una variada gama de sabores a naranja, cereza y frutos tropicales.

El producto en mención fue lanzado comercialmente por Alfred B. Scott en 1873, fecha desde la cual ha sido reconocido como gran reconstituyente, especialmente para niños en edad de formación orgánica integral. De la misma manera que su capacidad terapeutica efectiva, igualmente lo ha sido el llamativo personaje impreso en el fármaco, representado en un pescador enigmático, nativo de alguna lejana localización, alrededor de los mares árticos.

En mi vivencia infantil, en Manaure de la Serranía, en el gran establecimiento comercial de mis padres, por primera vez conocí al hombrecito de la Emulsión de Scott en una forma inusual e inopinada. Con mis hermanos y vecinos del sector nos divertíamos grandemente observando los llamativos avisos publicitarios y los nombres impresos en los incontables productos acomodados rigurosamente en los altos estantes y armarios de madera; el juego recurrente consistía en elegir individualmente el nombre de un artículo, guardarlo en la memoria y, luego, preguntarle a los interlocutores activos: “Dónde dice…”.

Fue éste, sin propuesta previa, un sistema práctico, didáctico, para consolidar los conceptos básicos de lectura y escritura, asignaturas iniciadas recientemente en las escuelas de la población. De esa inolvidable época y debido al juego descrito, recuerdo nombres de medicamentos prodigiosos, milagrosos, solicitados permanentemente por una fiel  clientela proveniente de La Sierra Montaña, El Placer, El Plan, Cascarillal, La Jagua del Pilar y veredas circunvecinas, principalmente ; no es fácil entender las razones por las cuales fueron suprimidos del escenario comercial, el jarabe Forzan, la Nevroseda, el Conmel, el Pipelom, el Limolax, la leche de magnesia Philips, las píldoras rosadas del Doctor Ross, la Cafiaspirina, las pastillas de Penetro, el tricofero de Barry, el agua de florida de Murray y Lamman, la sal de Epson, el Numotizine y las vitaminas de JGB, el del tarrito rojo, entre fármacos y alimentos de consumo básico. De todo ese variado inventario, para mí siempre fueron de grata recordación, por alguna razón afectiva y conceptual, la Avena Quaker, representada por el rostro siempre sonriente de George Fox, miembro fundador  de una secta religiosa de origen anglicano, extendida por Norteamérica y el individuo impreso en la referida Emulsión de Scott, con su pesado bacalao a sus espaldas, una carga indómita, perenne e incomprensible, denotando en su rostro impredecible, La angustia, la tensión, la desesperación coexistente de algo calamitoso.

El establecimiento comercial en horas nocturnas presentaba un ambiente diferente, enmarcado por un frio glacial acompañante inexorable de los asiduos contertulios que escuchaban  El Reporte Esso (“El primero con las ultimas “), pregonado por Marcos Pérez Caicedo, El Noticiero Contrapunto, El Show de Ebert Castro y La Hora Phillips; muchas veces la programación se modificaba, dando paso a interminables discusiones en el tema político, aspecto que enfocaba la mayoría de las veces los controvertidos lineamientos y derroteros trazados por el mandatario de la época, Guillermo León Valencia (1962-1966), el tutelaje del Frente Nacional, constituido aparentemente para balancear la refriega partidista originada con el asesinato del líder liberal, Jorge Eliecer Gaitán. En uno de esos encarnizados y coloquiales debates, de algún contertulio escuché dos (2) aspectos que jamás olvidé: la primera fue “la situación actual del país es análoga, muy parecida al aspecto inequívoco del hombrecito de la Emulsión de Scott “. La segunda: “El país lo que realmente necesita es una verdadera reconciliación nacional “. Aquella incidencia tuvo lugar por allá en las calendas de 1963/1964.

Estos dos hitos o referencias, las tomo en este periodo coincidente, con el objeto de trazar un gran periplo por la historia política nacional, determinando en forma lamentable y concluyente que su realidad inocultable es el de un territorio controvertido, irregular, desigual y tal vez inviable; desde los acercamientos para entronizar el Frente Nacional, Colombia ha experimentado una gran variedad de sucesos inimaginables, desde las leyes agrarias, elecciones controvertidas, Estado de Sitio, Estatuto de Seguridad, las caballerizas de Usaquén, La vía al Llano, La Apertura Económica, El Racionamiento Energético Nacional, La Toma de La Embajada de Republica Dominicana, la aparición de las milicias urbanas, el conflicto armado, magnicidios, la Extradición, la Descertificación, El proceso 8000, el Narcotráfico, los secuestros, retenciones, pescas milagrosas, el holocausto del palacio de justicia, los diálogos del Caguan, los falsos positivos, la corrupción rampante, masacres, desapariciones forzosas, desplazamientos, asesinatos de líderes campesinos, comunitarios, los despropósitos en el  Congreso, por denominar algunos, destacándose, pero positivamente la constituyente del 91, los acercamientos con los grupos irregulares, los dos premios Nobel para la nación y el proceso de Paz consolidado en la Habana, es sin duda, lo más rescatable en un periodo cruento, de ingrata recordación para el país.

Es pertinente aclarar que el verdadero propósito de esta exposición no es el de resaltar la notoria negatividad incluyente en la mayoría de sucesos acaecidos históricamente, no, es considerar un peregrinaje real por los caminos ásperos de la política nacional, para encontrarnos, reiteramos, que la autenticidad nuestra, o mejor, la característica preponderante ha sido una sola, indefectiblemente no muy ortodoxa. En esta coyuntura retomamos uno de los aspectos mencionados al inicio, indicando que todavía, después de más de medio siglo, Colombia no ha conseguido una verdadera reconciliación nacional. Se continúa, inexplicablemente en la prevalencia de las refriegas políticas, tendencias ideológicas muy desiguales, polarizaciones extremas y lo más grave, una dirigencia política desentendida de los verdaderos problemas que aquejan a la nación y quizá mucho peor, la ausencia de verdaderos líderes, capaces de orientar a una comunidad nacional, por los senderos de una república diferente, libre independiente, con verdadera democracia, un país impoluto con oportunidades y bienestar para todos.

No es difícil, después de esbozar estos planteamientos y alinderándonos en los análisis de expertos y politólogos, comprobar que no se han modificado mucho las cosas, después de aquel intento fallido del advenimiento del Frente Nacional, para apaciguar las ansias de poder de una clase política, que siempre ha tenido claro ese concepto; yo, particularmente que he visto ese aspecto con mesura,  prudencia y escepticismo, me atrevo a decir que Colombia mantiene todavía aquella imagen preocupante e incierta, semejante al rostro del hombrecito de la Emulsión de Scott; valioso y reconfortante seria que adquiriese por lo menos el parecido con el hombrecito de la Avena Quaker, sonriente, con visos de optimismo. Pienso que no todo está perdido. Mientras haya vida, existen esperanzas. Por qué no aspirar a obtener en el futuro inmediato una carita feliz, como las calificaciones modernas en escuelas y parvularios. Ésa es la pregunta concluyente.

 

Álvaro Yaguna Nuñez

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