Opinión
Barrabalandia

Barrabalandia. Acuño este término para referirme a varios asuntos de la vida política nacional e internacional, acaecidos en estos turbulentos días, donde parece que imperan más los insultos y los agravios personales, que los argumentos y la necesaria pedagogía, que permitan alcanzar puntos de discusión decentes, con argumentos y altura filosófica, para tratar de avanzar en este mundo tan convulsionado, que demanda con urgencia, la inteligencia y la sensibilidad humana.
Lo primero es manifestar sorpresa ante el discurso del presidente-candidato norteamericano Donald Trump, quien recurre a la estrategia del "castrochavismo-socialismo” para enfrentar a su adversario electoral, Joe Biden, señalando el peligro que corre la potencia mundial, según él, si el gobierno llega a quedar en manos del partido demócrata, en las elecciones de noviembre próximo. Es bien sabido que, en EEUU, hay dos fuerzas electorales hegemónicas: los Republicanos (considerados de derecha) y los Demócratas (considerados de izquierda) es normal que las fuerzas en contienda se intriguen, se acusen o se descalifiquen, dentro de las dinámicas proselitistas, y no sería la primera vez que se acuda al "demonio" del socialismo-castrochavismo, en la nación del norte ¿será que es hora, por fin, de una buena explicación? ¿O es cierto que la política y la sensatez no son compatibles?
Se creería que esa estratagema solo podría dar resultados en los países donde hay muy poca formación política o muy poca conciencia sobre la importancia de identificar con claridad el sentido argumentativo, que usan los políticos para alcanzar o mantenerse en el poder. Resulta insólito, no menos inverosímil que se use el temor como fundamento proselitista en la potencia del norte, donde sus dirigentes se ufanan de tener una democracia estable y un modelo económico sólido. Veremos entonces, si la madurez y el nivel educativo de los norteamericanos son realmente coherentes con su estatus o, si por el contrario, aceptan sumisamente esa estratagema burda, como pasa frecuentemente en los países del cono sur de América Latina. Mientras tanto, en el congreso de la república colombiana se vota a favor del ministro de defensa Nacional, citado a moción de censura por la creciente violencia oficial, bajo su cartera; encargada de garantizar los derechos humanos y las libertades, entre ellas, la protesta social.
Queda para la historia el censurable discurso del representante a la cámara por el Cesar, Cuello Baute, quien usa un lenguaje vulgar y hostil para referirse a la oposición y a los grupos alternativos, señalando a éstos, que es una "pechugoneria" los que estos hacen al promover la moción de censura; olvida el congresista que es éste el mecanismo legal, con que los congresistas pueden ejercer sus funciones de control político, hacia los funcionarios del Estado, amparados en la Constitución y la ley; además de insistir el representante, en que la movilización social, es terrorismo. Como si no fuera suficiente la violencia reinante que sufre el país. Hasta el gobierno nacional debe respetar y garantizar la protesta social. ¿Por qué no hacerlo usted, señor congresista?
Así vamos, sin argumentar, sin proponer soluciones pacíficas. Sigue imperando el insulto, el miedo y el desprecio absoluto por la vida y la dignidad de la gente. ¡Lástima! Pero, ¿qué es lo que sucede en realidad? ¿Por qué la política cae tan bajo? ¿Por qué son tan flojos los discursos políticos? ¿Por qué poco a poco se asesina la ilusión de construir un mejor futuro para el mundo entero? Ah, porque solo les importa el poder…
Leonardy Pérez Aguilar






