Opinión

Tres oráculos para Colombia

Álvaro Yaguna Nuñez

19/10/2020 - 04:35

 

Tres oráculos para Colombia
Delfos, el oráculo del dios Apolo / Foto: National Geographic

Somos completamente conscientes que quizá en esta época moderna, maravillada y alelada ante el profuso desarrollo tecnológico, la expresión Oráculo es inexpresiva, desactualizada y desapercibida para los difusores de las grandes noticias en los poderosos medios y protagonistas excelsos de las connotadas redes sociales. Pienso que, por alguna razón de respeto y consideración histórica, aún no ha sido extinguida de las nuevas ediciones de diccionarios, especialmente el de La Real Academia Española. El legado que nos quedó, desde el esplendoroso periodo de la mitología griega se resume en la escueta definición de contestación o respuesta dada a los sacerdotes o pitonisas buscadores de las incertidumbres futuras.

En la antigua Grecia existió Delfos, el Oráculo de Apolo, santuario localizado en el valle de Pleisto, junto al Monte Parnaso; en esencia, dicho escenario espiritual y religioso fue un centro de peregrinación al cual acudían poblaciones, soberanos y particulares, con el objeto de que la personificación del dios les aconsejara a la hora de tomar decisiones de importancia y les ayudara a esclarecer las verdades trascendentales. Es la crónica del Oráculo de Delfos toda una reseña de documentos antiquísimos en el envolvente mundo Helénico, fuente y origen, por ejemplo, del drama de Edipo, que, según la leyenda, mató al rey Layo, su padre.

El cordón umbilical, relación o analogía entre las narraciones griegas, por una extraña trasposición, muchos personajes y situaciones, se parecen y, curiosamente, han sido aceptadas y asimiladas en los dominios y escenarios de la vida real, la cotidianidad de la contemporaneidad nacional, la de Colombia, sin ser redundantes, con la gran diferencia de que en el escenario mitológico la preocupación más ostensible era horadar y escudriñar el futuro; en la realidad colombiana, nos inquieta sobre manera el lastre de un pasado plagado de guerras civiles, conflictos armados, gobiernos controvertidos, procesos de paz fallidos, tomas de embajadas, magnicidios, asesinatos de lesa humanidad, violación flagrante a los derechos humanos, política corrupta, al igual que lo discutido e inverosímil del presente y las dudas endémicas articuladas con los pensamientos pesimistas y escépticos sobre unas proyecciones futuras sin asidero real, en una fase anterior.

La evolución y desarrollo trascendental de los procesos que dirimen la constitucionalidad en la nación, no son muy claros, en detrimento de una paz esquiva, bastante trajinada, pero, según mi parecer, lejos aún de una verdadera Reconciliación Nacional; en el proceso del perdón, la búsqueda de la verdad , la redención y rehabilitación de víctimas, los caminos se cierran porque no existe la confianza y nadie cree en nadie; en el acontecer cotidiano, cada caso o situación se controvierte, se estigmatiza, se debate encarnizadamente, matizándose con la polarización política, con la característica de que existen las verdades a medias, el subterfugio y muchas verdades, y la ley, inexplicablemente interpretada de diferentes ópticas y escenarios disimiles. Pienso, que de no tenerse una verdad “verdadera”, cualquier proceso, indefectiblemente fracasa.

Mi análisis se torna  preocupante cuando pienso en el futuro del país, concluyendo que el panorama es sombrío, sin pecar de derrotista y pesimista, convalidado lo anterior por la no visualización de un sólido liderazgo en el interior de la clase política, y peor aún, la carencia, por lo menos hasta la fecha de un verdadero adalid, estadista sobrio, conocedor en esencia de los principios democráticos, garantes de  una república integra, progresista, con una óptima gobernanza, muy diferente a la realidad actual, estáticamente análoga a lo arrastrado desde los albores de la primera República, desde 1819.

En resumen, pienso que es hora de orientar el país hacia senderos claros, sin los resquemores del pasado, sin las prevenciones, mezquindades y evasiones a la verdad que se viven en el presente, que se diluyan las dudas que nublan el horizonte futuro; creemos que definitivamente y en aras por lo menos de obtener una verdadera Reconciliación Nacional, es menester tener tres (3) oráculos enfocados respectivamente hacia los escenarios del pasado que en el país cuenta, en el presente, para aclarar tanto enredo jurídico sin instancias adicionales, y el más importante, para observar como en el Monte Parnaso de Delfos, un país diferente, con expectativas de redención , desarrollo, bienestar social y sostenibilidad permanente. Concluyo que el país bueno, ávido de una sola verdad sabe dónde están esos tres (3) oráculos.

 

Álvaro Yaguna

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