Opinión

Momentos de creación

Diógenes Armando Pino Ávila

30/10/2020 - 04:40

 

Momentos de creación

 

Desde los albores de la historia, el hombre ha comunicado sus ideas utilizando formas escritas (jeroglíficos, dibujos, tablas, petroglifos y otras formas inteligentes de comunicación), siempre tratando de que su mensaje permaneciera en el tiempo, y que sus congéneres lo percibieran, aún sin que su autor estuviera presente.

Desde esos albores hasta nuestros días, el hombre de todas partes, razas y pueblos ha sido constante en este propósito, por ello inventaron el alfabeto, los códices, el papiro, la imprenta, el libro y de ahí en adelante mil inventos más, que buscan el mismo fin, que el mensaje permanezca y pueda ser leído por otros hombres, en otros tiempos y en otros sitios.

Toda esta persistencia lleva aparejada el espíritu creador del emisor y la interpretación del receptor. Parece cosa fácil emitir el mensaje, pero no, ello requiere esfuerzo mental para saber qué decir, dónde decirlo, a través de qué medio y, decirlo de manera que el receptor al que va dirigido lo entienda. Por ello no es fácil dedicarse a crear para emitir ideas, tiene su importancia la forma en que se va a hacer, llámese canción, música, pintura, escultura, poema, cuento, novela, teatro, mimo, caricatura, cuento, novela, noticia, crónica, en fin, cual sea la forma en que quieras decirlo.

Debo decir que es un acto maravilloso el momento de la creación, cuando aflora la inspiración, la idea, la musa, el motivo, la circunstancia, ese momento íntimo entre el hombre y su mensaje, ahí se conjugan muchas fuerzas, ansias, emociones, sensaciones, alegrías, dolores, tristezas, pasado, presente y sobre todo se vislumbra un futuro. Pararse frente al lienzo pincel en mano, o ante el papel para dibujar un boceto que terminará siendo una obra de arte. Debe ser un momento de mucha concentración, de mucho esfuerzo mental, de mucha entrega, pararse frente a un bloque de mármol cincel en mano para darle forma y vida a una estatua o moldear el barro y así vaciar el metal fundido que será la estatua.

Imagínense a cualquier escritor, de la fama y el calibre que quieran, en un ambiente de hambre, de frío, de necesidades, metido en una buhardilla húmeda atestada de libros tratando de escribir su historia la que a través del tiempo se convirtió en poema, en novela, en clásico que todos quieren leer sin importar cuantos años hace que fue escrita. Imagínense al poeta, vagabundo, amante de los tragos, visitante de prostíbulos, antros de mala muerte y calles desoladas, deambulando por las noches en busca de inspiración para su poema o en aquel que, desde la mazmorra con olor a orines, se sentaba a escribir sus versos preñados de libertad, clamando por los que estaban fuera de la cárcel, pero no eran libres en las calles.

Las formas escriturales son las más propicias o las más utilizadas para hacer el ejercicio creativo de la imaginación, no debe ser fácil sentarse ante la computadora y escribir unos párrafos, unos versos, un cuento, un poema, una novela. Contar una historia que solo el escritor conoce o va conociendo según la va creando, es decir, contar una mentira y tratar de presentarla como si fuera una historia real, para un lector que sabe que esa historia es una mentira, pero que quiere leerla y cuando la está leyendo íntimamente quiere que sea una verdad y termina creyendo que lo es.

Piensen en el cronista que conoce, una historia, una anécdota, un personaje y comienza a escribir sobre ello enfrentando las dificultades propias del acto de crear, pues está consciente de que su anécdota, su historia su personaje es local y que sus lectores no lo conocen, por tanto, en la labor creativa tendrá que agudizar su ingenio para que esa historia, esa anécdota, ese personaje al ser contado, el lector sienta que lo conoce y, que, por asociación de ideas, le lleve a relacionarlo con algo de su pueblo, ciudad o entorno en tiempo presente o en su remoto pasado.

Definitivamente, la creación necesaria para producir mensajes, es fantástica, mágica es la palabra, pues el creador maestro de la alquimia mezcla los elementos necesarios para crear ese mensaje, sea en cuadros, estatuas, poemas, canciones, libros o crónicas. ¡Es de admirar ese momento creador, en que la idea hace eclosión para cobrar vida y alzar su vuelo hacia los otros hombres!

 

Diógenes Armando Pino Ávila

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Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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