Opinión

A Trumpadas se tomaron el Capitolio

Diógenes Armando Pino Ávila

08/01/2021 - 05:30

 

A Trumpadas se tomaron el Capitolio
Seguidores de Trump en el asalto del capitolio en Washington / Foto: 20 minutos

 

La propaganda gringa desde siempre ha puesto en la cúspide la «democracia de Estados Unidos» y como cosa ridícula la imitación de la «democracia» en los países socialistas, peor aún, hay burla de la democracia en las «Banana Rebublic» como peyorativamente llaman a los países tercermundistas como el nuestro y donde ellos manejan a su antojo las relaciones comerciales y políticas, amén de dictar normas de cómo tratar al pueblo.

La verdad, nunca me ha convencido esa excelencia democrática de los gringos, a no ser por lo rara, por lo compleja y por la manera como manejan sus asuntos internos, cosa muy diferente a como tratan a las naciones vecinas y a las que ponen bajo su mira por el deseo de apropiación de sus recursos naturales. Es decir, los norteamericanos tienen dos conceptos de democracia: La de excelencia para ellos y un desdibujado modelo para el resto del mundo.

Para ellos todo iba bien, hasta que llegó un hombre prepotente —mucho más que el gringo promedio—, pues los gringos son prepotentes y violentos por naturaleza, pero Trump rompió el molde, un hombre agrandado por el poder del dinero y de la fama y magnificado por el voto de los norteamericanos que le hicieron presidente, exacerbando su delirio de grandeza y sus ínfulas imperiales. Un hombre que se acostumbró a mirar por encima del hombro al resto de mortales y que gozaba viendo de rodillas ante él a presidentes como el nuestro; era apenas previsible que esa aureola de poder terminaría expulsando de su mente el poco recato y decoro, que de pronto tenía, y la soberbia y el ansia de poder entrarían a llenar el espacio de esos rasgos expulsados.

Manejó como un tirano los hilos del poder descalificando a la oposición y apoyándose en las mentes débiles y resentidas de los latinos que, huyendo de las dictaduras de sus países de origen, sentaron reales en el país americano. A esos latinos no les importaba para nada el trato despectivo que le daba a sus pueblos, solo les interesaba derramar la hiel del rencor sobre sus naciones en una actitud delirante contra el tirano de sus países, sin importar el sufrimiento de sus propios pueblos que sufren el oprobioso cerco económico y de hambre que impone el poderío americano con el apoyo de gobiernos vergonzantes de la región encabezados por el de Duque.

Se apegó al poder, y en su delirio de grandeza se aferra a él a cualquier precio, tanto así que hace que la democracia americana tambalee ante la asonada e intento de golpe de Estado promovido, quien lo dijera, por el mismo presidente de Estados Unidos. La turba de descerebrados supremacistas blancos y otra caterva de facciones vandálicas, mescla toxica de religión, oscurantismo, ignorancia y drogas, se toman el Capitolio e interrumpen el protocolo de conteo de votos que la Constitución Americana dispone para oficializar al nuevo presidente. Esta violencia rompe con la tradición de transmisión pacifica del poder e inaugura un hecho inédito de violencia dirigida desde la misma Casa Blanca contra la Constitución y contra una de la Instituciones sagradas de los gringos como es el Congreso.

¿Qué hay que rescatar de esto? Primero el manejo adecuado que la fuerza pública le dio al caso, a pesar de la violencia que uno ve en los medios contra los afrodescendientes por parte de la policía, en esta oportunidad obraron con prudencia, dejaron que la turba sobrepasara las barreras y se tomara las instalaciones del Capitolio. El Servicio Secreto evacuó al vicepresidente y la policía del Congreso puso a salvo a senadores y representantes y luego después, dos horas después se encargaron del desalojo de los manifestantes.

Los medios transmitían en vivo los bochornosos hechos y referían la muerte de una mujer, sin más datos. El 07 de enero según BBC NEWS en su sección digital registra que la alcaldesa de Washington DC, Muriel Bowser, anunciaba la muerte de cuatro personas en la asonada ocurrida el miércoles 06 y que al menos 14 agentes de la policía resultaron heridos. La policía registra 52 arrestos, 47 de ellos por violar el toque de queda

En CNN decían que la policía del Capitolio había sido permisiva, que hubo errores en el acordonamiento del área para brindar seguridad al Congreso, que se debió actuar con más contundencia. Contrario a esto, yo creo que actuaron bien, que manejaron la situación con tacto y que redujeron a mínimas proporciones las pérdidas en vida que pudo ocurrir. Es más, pienso que Trump tuvo un error de cálculo, no me refiero a que las cosas se le salieron de las manos, no, me refiero a que, lo que él buscaba era una masacre para declarar algún estado excepcional que le diera el argumento de permanecer en el poder, falló, todo por el tacto que le dieron los grupos de policía y Servicio Secreto al problema suscitado por su incendiaria arenga que empujaba a la turba al descontrol y al crimen.

Un aspecto admirable es el de los senadores y representantes, quienes, a pesar de la gravedad de los hechos, horas después deciden cumplir con la Constitución y reinician la interrumpida sesión dando cumplimiento a su obligación emanada del documento fundacional sagrado para los gringos.

No quiero ni imaginarme una sesión en Colombia, los discursos incendiarios de Paloma, La Cabal, El Bachiller Macías y otros de los que prenden empujados y se alimentan del carbón que les proporcional el ex senador del Ubérrimo, de seguro se desgañitarían explicando la alianza macabra de la Farc con los Elenos y los grupos disidentes y que bajo la dirección de un ciego, en contubernio entre Petro y Cepeda dirigieron la asonada y que gracias al patriótico ejército de Colombia no triunfaron y por eso es que hay los 150 muertos para que aprendan a respetar las instituciones.

Las comparaciones son odiosas, pero hay que hacerlas. ¿Cuál hubiera sido el saldo de muertos y heridos si los progresistas hubieran reclamado el triunfo de Petro? ¿Cuál hubiera sido la reacción, si por el contrario hubiera ganado Petro y no Duque?

 

Diógenes Armando Pino Ávila

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Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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1 Comentarios


Alfonso Beleño Díaz 08-01-2021 09:01 AM

De acuerdo totalmente, mi apreciado amigo y paisano.

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