Opinión
La escuela negroide del vallenato

Hace muy pocos meses tuve el honor de ser nominado por parte del periódico El Espectador y la Fundación Color de Colombia a los premios Afrocolombianos del año 2020 en la categoría medios y periodismo, por mi trabajo como columnista musical de varios medios, en especial por mis 16 años ininterrumpidos escribiendo semanalmente una columna sobre el folclor vallenato y recientemente la creación del programa en redes sociales llamado La Parranda de Nain.
A muchos les pareció extraño que a un zambo como yo, se le reconociera como afrocolombiano, sin embargo, manifesté y lo sostengo, que llevaré con orgullo a la tumba el pertenecer a esa hermosa raza de origen afro, que llegó a la región de El Paso del adelantado en el centro del Magdalena grande, Gobernación de Santa Marta, a criar ganado en el primer hato a gran escala que hubo en las Américas.
Allí nace la que los historiadores llaman escuela negroide o negra del vallenato, que ha dado tanto de que hablar y que especialmente encabezan las dos dinastías emblemáticas de los Duran y de los Granados, los primeros de El Paso y los segundos de Mariangola.
Del ritual de música y poesía en que se convertía el transporte de ganado hizo parte el abuelo de Alejo Durán, Juan Bautista Durán Pretelt y, luego, el sinnúmero de acordeoneros que descubrieron en este instrumento el modus vivendi que reemplazaría a la ganadería y la agricultura.
Cuando hablo de El Paso como región negroide del vallenato incluyo a Chiriguaná, Rincón Hondo, La Jagua, Becerril y buena parte del sur del municipio de Valledupar. Quienes le dan relevancia y ponen en primer lugar en la música vallenata a esta región, dicen que uno de los precursores del vallenato fue Goyo Muñoz nacido por 1825, según Tomas Darío Gutiérrez, pero allí también podemos hablar de Sebastián Guerra, Sebastián Sarmiento, Luis Felipe Durán, Tiberio Serna, Pedro Nolazco Martínez, Octavio Mendoza, Víctor Silva, José Antonio Serna, Andrés Montufar, Samuel Martínez Muñoz y Nafer Duran Díaz, entre otros.
Tengo la absoluta seguridad que hay mas cercanía y familiaridad cuando se encuentra el maestro Ovidio Granados Duran con Nafer Durán Díaz que cuando el viejo “Villo” se reúne con algunos vallenatos, porque sin duda está más cerca Mariangola de El Vallito que del mismo Valledupar y cuando uno ve la estampa física de Almes Granados terciarse el acordeón, no le queda más remedio que recordar al negro Alejo.
La escuela negra del vallenato tiene una obra para enmarcar, escrita por el doctor Ciro Quiroz Otero, se llama Vallenato Hombre y Canto, no se porque no ha querido hablar más de los cantos de vaquería, lo estamos esperando.
Colofón: Los directivos de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata tuvieron la gentileza de invitarme al lanzamiento acostumbrado en Bogotá del Festival Vallenato versión 54 que se efectuó el sábado pasado, este evento que se hace todos los años en el Teatro Mayor Julio Mario Santodomingo, sigue siendo para quienes residimos en la capital, un aliciente y un bálsamo por estos tiempos de pandemia y de tanto frio en esta nevera. Felicitaciones a los organizadores, como siempre, se lucieron y especialmente los artistas, quienes corroboraron porque se coronaron en Valledupar.
Jorge Nain Ruiz
@jorgenainruiz
Sobre el autor
Jorge Nain Ruiz
Vallenateando
Jorge Nain Ruíz. Abogado. Especializado en derecho Administrativo, enamorado del folclor Vallenato, cantautor del mismo. Esta columna busca acercarnos a una visión didáctica sobre la cultura, el folclore y especialmente la música vallenata. Ponemos un granito de arena para que la música más hermosa del mundo pueda ser analizada, estudiada y comprendida.
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