Opinión
Los grillos

A mis 50 años he vuelto a escuchar los grillos de la noche en mi aposento. Se esconden en los orificios y su sonido que ensordece, tal vez lo hacen para conseguir parejas. Entonces, me toca levantarme. Son como las doce o una de la mañana, pero el sonido es tan fuerte que no me deja dormir. Infernales grillos, les lanzaré una de mis chancletas para ver si logro darles en la boca y que se callen. Pero creo que los chillidos vienen de sus traseros para que puedan soñar tan ruidosamente.
Prendo la luz del teléfono y los empiezo a buscar. Mi madre hacía igual bastante tiempo atrás. Recuerdo que se levantaba, tomaba una vela en su repisa vieja de noche. Luego de encenderla, empezaba a buscarlos casi a cuclillas, medió agachada con la chancleta en mano para evitar que escucharan sus pasos. Cuando los divisaba, los aplastaba dejándolos pegados a la rústica pared de color blanco. Al día siguiente se divisaban los aplastados grillos como dibujados en ella. Bien se lo merecían los malditos. Entonces, pienso que tal vez estos sean los parientes de aquellos grillos, que vienen a vengarse porque saben que yo estoy en las mismas condiciones que mi madre 50 años atrás.
Me levanto despacio, avanzo a cuclillas para que no me escuchen, pero los desgraciados grillos deben estar en el cuarto porque no los veo. Alumbro en los orificios y ellos se callan. Con mi chancleta en mano veo a una cucaracha que se queda inmóvil por la luz y la aplasto de una vez. Como conejillo encandilado le pego otro chancletazo porque veo que se mueve, y se queda pegada en la pared como pintura abstracta. La maté porque siento fastidio, estoy frustrado porque no he encontrado a los grillos. Se callan al instante que los alumbro. Se silencian como si supieran que estoy parado frente al orificio. Me alegro porque hay un silencio profundo, solo se escuchan a lo lejos, tal vez en el fondo del callejón de papel donde cubrí sus orificios con los periódicos. No tendrán donde ocultarse, pero reacciono al instante y pienso que debía hacer lo contrario. Ahora viven dentro de mi aposento porque tapé los huecos en el callejón.
Regreso a mi cama, feliz, porque han callado, seguramente se dieron cuenta de la suerte que corrió la cucaracha y callaron. A penas alcanzo a recostarme cuando vuelven a chillar, ahora por todos lados, algunos con sonidos más agudos que otros, más insoportables que otros… En fin, ensordecedor, fastidiante y diabólico sonido que se prolonga hasta cansarme. Tengo que imaginar que es algún nuevo tema musical, de esos que suenan en las estaciones y que los cantantes pagan para que se escuchen siempre hasta enloquecer el radio. Los grillos cantan sin parar y tal vez no me doy cuenta que lo hacen para relajarme. Y escuchando los diferentes sonidos que esos hijos de putas hacen casi me duermo, pero antes pienso en la pobre de mi madre...
Baldot
Sobre el autor

Baldot
Fintas literarias
Uvaldo Torres Rodríguez. “Baldot”. Artista que expresa su vida, su historia, sus sueños a través del lienzo, plasmando su raza, lo tribal, lo ancestral, y deformando la forma en la búsqueda de un nuevo concepto. Redacta su vida a través de la pintura, sus fintas literarias las escribe con guantes de boxeo. Con amor al arte y a la literatura desde niño.
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