Opinión

Urbanizaciones con nombres de artistas vallenatos

José Atuesta Mindiola

30/10/2012 - 10:40

 

Lorenzo Morales y Leandro Díaz / Foto: TerraEl alcalde de Valledupar, el doctor Fredys Socarrás Reales, en este  mes del Artista Nacional, tuvo razones suficientes para bautizar a dos urbanizaciones, que pronto se van a construir en la ciudad, con los nombres de "Lorenzo Morales" y "Nando Marín".

Los amantes del folclor, periodistas, el gremio de compositores,  artistas de otras disciplinas y el pueblo en general  están de plácemes porque en buena hora se les rinde este tipo de homenajes a dos Juglares de la música vallenata.

Ya no sólo perdurarán en la memoria colectiva por sus aportes musicales; sino que, siempre que se escuche el nombre de estos barrios, será  una oportunidad para que se les explique a las nuevas generaciones: quiénes fueron ellos y qué hicieron para enriquecer  la historia musical de la región.

La decisión del señor alcalde de escoger estos nombres no puede ser mejor antecedente, a fin de que en próximas construcciones de viviendas,  avenidas, parques, casas de cultura u otras instituciones,  se honre a  otros artistas que hayan escrito páginas de gloria en la cultura vallenata. Para mencionar sólo algunos ejemplos:

Colacho Mendoza, un artista que puso su talento al servicio de nuestra tradición musical, y ya desde los años de la década de 1950 se convirtió en el difusor incansable de las canciones de Rafael Escalona.

Es el máximo heredero del talante musical de Lorenzo Morales, pero con su talento y su disciplina logró crear su personal estilo de auténtico vallenato, y es uno de los maestros reconocidos por Emilianito Zuleta Díaz. El barrio “Los Músicos”, de Valledupar,  debería llamarse “Colacho Mendoza”.

Otro, que casi nunca se menciona, es Alberto Fernández Mindiola, la primera voz estelar que abrió puertas y fronteras para que las canciones de Escalona conquistaran a Colombia y a otros países. No hay que esperar que se muera.

Emiliano Zuleta Baquero, el famoso “Viejo Mile”, su epopeya musical  en el vallenato lo hacen hombre universal. A Calixto Ochoa Campo,  coloso cantautor y acordeonero de la música del Caribe colombiano,  sus paisanos piden que se le haga una estatua en  su pueblo natal, Valencia de Jesús.

La avenida de la entrada principal de Valledupar podría llamarse “Avenida de los tres cantores”, en homenaje a los más grandes cantantes en la historia de la música vallenata: Poncho Zuleta, Jorge Oñate y Diomedes Díaz;  y la escultura que está ubicada en el parque Los Poporos, sitio poco transitado por los visitantes, debería instalarse en la entrada a la ciudad.

 

Décimas a Gustavo Gutiérrez

 

I

Noche de largo sendero,

titila el amor perdido,

para vencer el olvido

va caminando el trovero;

un racimo de luceros

mensaje de un nuevo amor,

vuelve al alma el esplendor

la musa deja su sello:

Tavo Gutiérrez Cabello

el romántico cantor

 

II

Entre nostalgia y penas,

pinta el paisaje de sol,

en la  luz  del  arrebol

una gaviota en la arena,

el Hombre de piel morena

con la noche entre sus manos

y se aleja del verano

el sendero florecido,

porque del patio se ha ido

el hijo que ahora es hermano.

 

III

Un suspiro de rocío

hace espumas en el alma,

como la brisa a la palma

en las riberas del río.

La penumbra del estío

de caminos solitarios

con ecos campanarios

en las noches de bohemia,

un amor nuevo lo premia

y olvida los calendarios.

Sobre el autor

José Atuesta Mindiola

José Atuesta Mindiola

El tinajero

José Atuesta Mindiola (Mariangola, Cesar). Poeta y profesor de biología. Ganó en el año 2003 el Premio Nacional Casa de Poesía Silva y es autor de libros como “Dulce arena del musengue” (1991), “Estación de los cuerpos” (1996), “Décimas Vallenatas” (2006), “La décima es como el río” (2008) y “Sonetos Vallenatos” (2011).

Su columna “El Tinajero” aborda los capítulos más variados de la actualidad y la cultura del Cesar.

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