Opinión
Corran, naden, vuelen, sálvense

Ahí vas caballito que cabalgas con tu carreta llena de ramas del árbol que fue cortado, y tú, caballito que corres porque el animal que te lleva te arrea sin saber dónde está tu corazón, tu libertad. Dale, caballito, toma fuerza. Defeca lo que quieras en la acera, para que lo sepan los animales que caminan erguidos, para que puedan oler el campo que te alimenta, verde como el verde poema del poeta que su cuerpo sigue desaparecido.
Ahí van los pollitos mojados con el frío de la lluvia que les cae, todos van junticos al “despecuezadero”. Los esperarán para devorarlos esos animales que, como yo, que caminamos erguidos, nos los devoraremos todo, hasta sus mierdas fritas, pero, yo, que voy dentro de unas latas en movimiento, alcanzo a ver que en la carretera uno de esos pollitos está afuera de su celda, se ha escapado él solito y yo grito: “Bravo, pollito, tírate, sálvate, tú solito”, y el pollito, que sigue quieto viendo los demás carros que van por todas las vías sin parar, me dice con sus ojos: “No puedo, escritor-pintor. Si me tiro, me mataré solito”, y yo sigo insistiendo “Lánzate, no importa, aunque tú te salves, solito vivirás y podrás contar la historia de los demás pollos que van al despecuezadero para que los devoradores hombres como yo nos comamos hasta las uñas, huesos, mierdas y más mierdas”, y siento pena de ser un humano, corre, corran huyan vacas, cerdos, iguanas, lo que vuele y nade, y todo lo que tenga sangre y alma, que mis hermanos los humanos se los comerán aunque no tengan ganas.
Baldot






