Opinión

La careta del rodolfismo

Eddie José Dániels García

14/07/2022 - 05:15

 

La careta del rodolfismo
El candidato Rodolfo Hernández llegó a la segunda vuelta de las presidenciales en Colombia en junio 2022 / Foto: cortesía

 

En Colombia, no existe, nunca ha existido, ni existirá el rodolfismo. Éste fue un embeleco sensiblero que se vivió en el país, entre el 29 de mayo, cuando el tal Rodolfo Hernández, llamado el ingeniero, logró pasar a la segunda vuelta de la elección presidencial, hasta el 19 de junio, cuando fue derrotado por Gustavo Petro. Es decir, fue un sonajero de tres semanas. Y, si en realidad el rodolfismo existe, tendrá lugar en Bucaramanga y los municipios santandereanos, donde este pintoresco personaje tuvo o tiene su radio de acción. Aún no logro explicarme cómo este atrabiliario y fantoche empresario logró alcanzar la “Alcaldía de la ciudad de los parques” en el 2016. Esto sucedió, tal vez, porque en Colombia hay fauna electoral para todo: hay gente para aplaudir y venerar caudillos, hay gente para aplaudir y destacar personajes anónimos y hay gente para calumniar y detestar hombres públicos. Con toda objetividad, éste fue el ambiente que vivimos durante las dos contiendas electores que se realizaron recientemente, en las cuales resultó vencedor el candidato del “Pacto Histórico”, una corriente de unión política que surgió en el 2021.

El rodolfismo no tiene razón de ser porque éste es un personaje totalmente ignorado y desconocido en Colombia. Es un personaje acartonado, sin historia ni tradición política, que, según sus “cuentas alegres”, quiso aprovechar su despampanante fortuna para alcanzar el primer puesto de la nación. Y, para conquistar incautos, también hizo acopio de su lenguaje vulgar y descomedido, utilizando expresiones malsonantes, denigrantes e injuriosas contra los otros candidatos. Asimismo, se hizo célebre por el abuso constante de cuatro palabras en todas las intervenciones que hacía, bien por la radio, bien por la televisión, cuando quería referirse a los representantes de la administración pública: “corruptos”, “vergajos”, “ladrones” y “delincuentes”. Y para sazonar sus propuestas insustanciales, varias veces lo oí decir: “Para acabar la corrupción, solo tengo que quitarles la chequera a esos vergajos”. Es posible que ésta haya sido la expresión que más calaba en el populismo ignorante. Son muchos los ilusos que se atrevieron a comparar la osadía del viejo empresario con la hazaña política que realizó Donald Trump en los EE.UU.

Es obvio, que para generar una escuela o corriente política en cualquier parte del mundo, se necesita tener un principio y un desarrollo que acompañe y demuestre la fuerza ideológica y el liderazgo natural de las personas. Tal como lo hicieron en Colombia, antiguamente, Alfonso López Pumarejo, Jorge Eliécer Gaitán y Laureano Gómez Castro, y más recientemente, Julio César Turbay, Alfonso López Michelsen, Álvaro Gómez Hurtado, Luis Carlos Galán y Horacio Serpa Uribe. Existen otros personajes que, no obstante haber ocupado la Jefatura del Estado, no han generado una corriente política que haya trascendido históricamente en Colombia. La razón es evidente: han llegado a la presidencia, merced a una coyuntura momentánea, una estrategia traidora o una calamidad nacional. Los ejemplos son palmarios, con los nombres de Cesar Gaviria Trujillo, Ernesto Samper Pizano, Andrés Pastrana Arango, Juan Manuel Santos y el presidente actual, cuya permanencia en la Casa de Nariño no le ha alcanzado para generar el término “duquismo”. Se excluye, lógicamente, el “uribismo” que ha venido demostrando una firme tradición.

Para mi está bien claro, lo mismo que para miles de personas, que el “rodolfismo” no fue otra cosa que la “careta” que utilizaron los uribistas, por una parte, y los “antipetristas”, por otra, para dirigirse a los puestos de votación el 19 de junio. Con el término “antipetristas” quiero arropar a todas las corrientes y seudocorrientes que durante muchos años han machacado la expresión de que “jamás votarían por un guerrillero, extorsionista y asesino”. Además de utilizar otra cantidad de términos denigrantes y difamatorios contra el militante del extinguido movimiento M-19. Había una consigna generalizada, entre “los uribistas de corazón” y “los antipetristas de difamación”: derrotar a Petro como fuera. Por eso, hacían cálculos, sumaban y restaban cifras, y, al final, concluían sus cuentas con un resultado halagüeño: Petro será derrotado. Inclusive, el encono antipetrista estaba tan arraigado en los uribistas, que, si les hubiera tocado sufragar por un maniquí o un palo vestido, hubieran votado por él. “Hay que atajar la llegada de Petro a como dé lugar”, era el único pensamiento que alimentaba la esperanza de esta colectividad.

Y Rodolfo Hernández les cayó como anillo al dedo. Porque, apenas este charlatán pasó a la segunda vuelta, todos los uribistas y antipetristas se apoderaron de sus votos. Ni siquiera se dedicaron a pensar que si este personaje llegara a la presidencia, Colombia sería foco de burla por parte del mundo entero, hubiera sido el hazmerreír de todas las comunidades internacionales. No enjuiciaron ninguna de las barbaridades ni las groserías ni las chambonadas que este “señor” expresaba por doquier. Y la peor determinación fue la que expresó el tal “Fico” la misma noche de las elecciones del 29 de mayo, cuando resultó perdedor: “votaré en la segunda vuelta por Rodolfo, y espero que mis seguidores también lo hagan”, afirmó en su discurso de consolación. ¡Qué personaje tan ridículo! Todos los insultos que había vociferado Rodolfo sobre él, se los tragó entero. Esa misma noche comenzaron las redes sociales a difundir estos videos y sacarle punta a la decisión del “derrotado entreguista”. Este fue el consuelo para que los uribistas y antipetristas, se apoderaran ilusoriamente de los votos de “fico”, se los sumaran a Rodolfo, e hicieran sus conjeturas alegres: con estas dos votaciones, derrotamos a Petro.

Pero, les salió el tiro por la culata. Ellos no contaban que el triunfo de Gustavo Petro era la “crónica de un triunfo anunciado” y que la victoria de Petro venía cantada desde las elecciones de 2018 cuando ganó la segunda vuelta el actual presidente. Se necesitaba estar sordo y ciego para desconocer que desde el mismo día que Petro perdió la segunda vuelta, inició la conquista por la presidencia en el 2022. Fue una actitud similar a la que asumió Jorge Eliécer Gaitán en 1946, cuando perdió en las elecciones frente a Mariano Ospina Pérez: al día siguiente, comenzó a recorrer al país. En este sentido, Petro fue incansable e imbatible. En los muros y paredes del Senado de la República, quedaron grabados los candentes debates e intervenciones que pronunció en este recinto en contra de la corrupción. Y desde finales del año pasado hasta la antesala de las elecciones, pronunció más de ciento cincuenta discursos en el largo recorrido que realizó por las ciudades y grandes poblaciones del territorio nacional. Una hazaña que ninguno de los otros aspirantes, empezando por el ingeniero, fueron capaces de igualar. Y la base popular, atenta y sorprendida, iba tomando nota fidedigna y objetiva de esta campaña épica.

Y más risible aún: hace algunos días, uno de los hijos del ingeniero, muy orondo y jactancioso, expresó en un medio de comunicación: “El rodolfismo está listo para llegar al presidencia en el 2026. Tenemos diez y medio millones de votos que están que no se pueden despreciar”. A grandes rasgos se observa que, tanto el hijo como el padre, viven la misma ilusión, la misma dicha equivocada. Y detrás de ellos, hay muchos neófitos que piensan y afirman: “Si Rodolfo fue alcalde de Bucaramanga, también puede ser presidente de Colombia”. Un concepto totalmente absurdo, porque esta gente ignora la gran responsabilidad y la gran capacidad intelectual que se necesita para desempeñar este cargo. Sin embargo, parece que últimamente el ingeniero ha tenido un espacio de alguna reflexión, pues, hace días, expresó: “Yo no pienso posesionarme en el Senado. Yo de oposición no sé nada. Además, a mí nunca me han gustado las leyes”. Y está en lo cierto: porque si se decide a llegar al Senado, sería el hazmerreír del congreso. Para mí, lo mejor que puede hacer el ingeniero es quedarse en sus empresas y observar como los diez y medio millones de votos que tuvo, se van quitando, lentamente, la careta del “rodolfismo”.

 

Eddie José Daniels García

Sobre el autor

Eddie José Dániels García

Eddie José Dániels García

Reflejos cotidianos

Eddie José Daniels García, Talaigua, Bolívar. Licenciado en Español y Literatura, UPTC, Tunja, Docente del Simón Araújo, Sincelejo y Catedrático, ensayista e Investigador universitario. Cultiva y ejerce pedagogía en la poesía clásica española, la historia de Colombia y regional, la pureza del lenguaje; es columnista, prologuista, conferencista y habitual líder en debates y charlas didácticas sobre la Literatura en la prensa, revistas y encuentros literarios y culturales en toda la Costa del caribe colombiano. Los escritos de Dániels García llaman la atención por la abundancia de hechos y apuntes históricos, políticos y literarios que plantea, sin complejidades innecesarias en su lenguaje claro y didáctico bien reconocido por la crítica estilística costeña, por su esencialidad en la acción y en la descripción de una humanidad y ambiente que destaca la propia vida regional.

1 Comentarios


Ana maruna ponton 14-07-2022 12:23 PM

Mi genial amigo, en su fina palestra plasma la caricaturista vivencia de un politico sin fondo, totalmente deconocido y una colombia de bajos niveles culturales, pero que a peso de maltratos, su rebelion triunfó, con la esperanza de una nueva colombia educada, industrializada y equitativa, Su cronica es esquisita, siga haciendonos su fans dede los escritorios sofiticados de su vasta biblioteca. Un gran brazo

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