Opinión

El balcón de Vásquez

Arnoldo Mestre Arzuaga

19/07/2022 - 04:45

 

El balcón de Vásquez
Imágenes del Viejo Valle de Upar / Foto: archivo PanoramaCultural.com.co

 

Tal vez fueron las historias de brujas volantonas que conoció en su pueblo, Los venados, lo que animó a nuestro personaje a construir un balcón de dos pisos. Eran pocas las construcciones de ese tipo en Valledupar, a comienzos de los años 40.

Las narraciones de las brujas describían que, en sus largos vuelos nocturnos, visitaban grandes ciudades iluminadas y de casas montadas unas sobre otras, esto intrigó a Esteban Luis y se prometió para sí mismo construir una casa sobre otra como lo describían las brujas.

Su madre se había desposado con su padre siendo muy jovencita, se enamoró locamente de ella, siendo ya un hombre mayor, se podría afirmar que, prácticamente, la triplicaba en edad, pero eso no sería impedimento alguno para realizar la boda.

Esteban Vázquez era un hombre sesentón, pero su riqueza lo hacía ver joven y apuesto. Su altura y corpulencia la heredó de los negros carabalí traídos por Don Juan Bautista De Miér y la Torre a su hacienda Santa Bárbara de las Cabezas en 1767. Era un fiel retrato de los pobres infelices que un día fueron comprados en los puertos de Cartagena, en un remate de black friday (viernes negro).

Ahora libre y favorecido por la libertad que adquirieron sus abuelos desde 1852, se ufanaba de su riqueza y se consideraba un soltero favorito para satisfacer los caprichos de cualquier mujer de la región, había enviudado años atrás y ahora quería reorganizar su vida con una hermosa mujer.

El matrimonio fue un suceso regional, llegaron invitados de muchas partes y los festejos amenizados por la música de viento, duraron cinco días. Un año después nació Esteban Luis, para aumentar la felicidad de la pareja.

En la finca 'Carrera larga' de propiedad de Don Esteban, empezaron a suceder hechos jamás vistos en finca alguna: las vacas parían mellos y a veces trillizos, las gallinas ponían dos y tres veces al día y hasta una mula parió mellizos, de modo que todo era felicidad en la nueva familia. 

Algo, sin embargo, sucedió que interrumpió aquella cadena de éxitos y felicidad: Don Esteban murió de repente. La viuda joven, con su pequeño hijo, ahora se encontraba sola al frente del patrimonio dejado por su difunto esposo.

El tiempo fue transcurriendo y el pequeño Esteban Luis, se convirtió en un apuesto jovencito con todas las características corporales de su padre.

Ahora rico y consentido por su madre, decidió llevar a cabo su sueño: vendió parte de la finca “Carrera larga” y viajó a la ciudad de Valledupar, allí buscó la asesoría de los mejores maestros de obras constructores, escuchó a Hermes Cuell, un reconocido Italo-alemán, que le mostró algunos planos que no llenaron su satisfacción.

Para esa época se construía la casa episcopal al lado de una plaza de toros, Esteban Luis habló con el constructor, era un señor de apellido Zárate, éste le presentó un proyecto que llenó de gozo a nuestro hombre en comento. Después de llegar a un acuerdo sobre los costos de la construcción, Zárate le aconsejó traer todos los materiales de la ciudad de Fundación, así que en poco tiempo se empezó y, para felicidad de Esteban Luis, también se terminó la obra.

El día de la inauguración, el inspector Cayetano Fernández decretó por bando un día cívico en el pueblo. El padre Vicente de Valencia, como invitado de honor, bendijo la construcción y resaltó la imaginación creativa del maestro Zárate.

La obra fue tan famosa, que de otras poblaciones como Chiriguanà, El Banco, El Paso y Chimichagua, permanentemente acudían numerosos viajeros a conocer el balcón de Vásquez, hasta el diario El informador de la ciudad de Santa Marta, registró la noticia como un avance de los pueblos de la provincia.

De este modo el joven Esteban Luis, superó con lo real, al comentario de las brujas volantonas, que muchos ponían en duda, ahora él era propietario de una casa que tenía otra arriba.

 

Arnoldo Orlando Mestre Arzuaga

Sobre el autor

Arnoldo Mestre Arzuaga

Arnoldo Mestre Arzuaga

La narrativa de Nondo

Arnoldo Mestre Arzuaga (Valledupar) es un abogado apasionado por la agricultura y la ganadería, pero también y sobre todo, un contador de historias que reflejan las costumbres, las tradiciones y los sucesos que muchos han olvidado y que otros ni siquiera conocieron. Ha publicado varias obras entre las que destacamos “Cuentos y Leyendas de mi valle”, “El hombre de las cachacas”, “El sastre innovador” y “Gracias a Cupertino”.

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