Opinión
Tamalameque merece vivir sabroso

Señor presidente Petro, desde su campaña a la presidencia propuso un cambio por la vida, acceso a la educación pública, gratuita y de calidad, asimismo un sistema de salud para la vida y no para el negocio donde se garantice el derecho fundamental a la salud, y los colombianos aprobaron esas propuestas y depositaron un voto de confianza para que rigiera los destinos de la nación y la llevará a buen puerto.
Tamalameque no fue la excepción, revisando los guarismos electorales encuentro que fue el municipio del sur del departamento del Cesar donde ganó con una votación de 2.285 (48.14%) en primera vuelta y de 2.992 (52.30%) en segunda vuelta.
Este municipio, como muchos otros en Colombia, ha padecido la desidia, el abandono y desinterés de la nación, lo que ha hecho caer su servicio de salud en un estado paupérrimo, la educación sin los estándares mínimos que garanticen servicio de calidad, déficit habitacional que generan hacinamiento y no permiten vivienda digna a sus habitantes y muchas necesidades básicas insatisfechas.
Después de 478 años de lucha, padecimientos y necesidades la Gobernación del Cesar posa sus ojos en nuestro territorio, inicia la inversión de recursos y obras que permiten soñar que un mejor futuro es posible, mejorando las condiciones de vida y brindando bienestar a nuestra gente.
Es por ello, que se da inicio a la construcción de la sede de la institución Educativa Ernestina Pantoja, que contará con 2 módulos de 16 aulas, donde la comunidad educativa podrá de forma digna y bajo los estándares mínimos de calidad iniciar su proceso de enseñanza y aprendizaje, logrando con esto un gran avance para responder a las necesidades de una infraestructura educativa adecuada y una educación de calidad.
Asimismo, garantizó recursos por el valor de 4.272 millones de pesos para avalar el saneamiento fiscal y financiero de la ESE Hospital Tamalameque, la cual se encuentra en un nivel de riesgo alto, lo que afecta ostensiblemente en la prestación del servicio de salud de los Tamalamequeros, vulnerando de forma inminente su derecho fundamental a la salud y a la vida.
Pero para que el sueño de la comunidad educativa de la Institución Educativa Ernestina Pantoja se concrete y se haga realidad se hace necesario una inversión para la dotación de la nueva sede, el municipio de Tamalameque debe asumir su dotación y obras complementarias, lo que requiere una inversión de aproximadamente 1.000 millones de pesos.
De la misma manera, para lograr el saneamiento del Hospital Tamalameque y recuperarlo para que brinde un servicio eficiente, se requiere la inversión de 1700 millones de pesos por parte del ente municipal y de la ESE de 600 millones aproximadamente.
Infortunadamente, nuestro municipio no cuenta con la disponibilidad de recursos para esta inversión, toda vez que el ente se encuentra sumido en una grave crisis financiera que lo llevó a acogerse a la Ley 550 y sus recursos propios son irrisorios, dificultando con ello la inversión que se requiere para que dos servicios públicos como la educación y la salud sean prestados y brindados de manera idónea, adecuada y de calidad.
Por lo anterior, hacemos un llamado al gobierno del cambio, para que ayude al municipio de Tamalameque con recursos que permitan cumplir con el sueño de vivir sabroso y contar con una sede de la Institución Educativa Ernestina Pantoja con excelente infraestructura y dotada de un hospital saneado, fiscal y financieramente.
Diógenes Armando Pino Sanjur
Sobre el autor
Diógenes Armando Pino Sanjur
Tamalamequeando
Diógenes Armando Pino Sanjur, más conocido como May Francisco, nació el 24 de junio de 1976 en un pueblo mágico lleno de historia, cultura y leyendas situado en la margen derecha del Río Magdalena llamado Tamalameque. Hijo de los docentes Diógenes Armando Pino Ávila y Petrona Sanjur De Pino, tiene 2 hijos, May Francisco y Diógenes Miguel, los cuales son su gran amor, alegría, motor y mayor orgullo. Abogado de Profesión, despertó su interés con la escritura de su padre quien es escritor e historiador, se declara un enamorado de su pueblo, de su cultura (la tambora) y apasionado por la política como arte de servir.
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