Opinión

La Llorona no estaba loca

Yarime Lobo Baute

01/11/2022 - 05:00

 

La Llorona no estaba loca
Obra de la artista Yarime Lobo Baute

 

El Sol provee día a día su maravillosa luz que, al contacto con la Tierra, genera en su fusión un poderoso resplandecer y florecer de vida y abundancia, conexión que genera frutos que se visten de flora, andan como fauna a lo largo y ancho de esta nave planetaria esférica. Un ciclo de continuo que gira que gira, rueda que rueda en rotativo y transversal haciéndose día y volviéndose noche, trayendo la luz y arropando en las noches con un cielo oscuro plagado de estrellas

En la comarca de Macondo, en uno de los costados de la pirámide natural bautizada Sierra Nevada y adjudicada con el "de" a una Santa, hay un costado que llaman Cesar, nombre que equivale a un sustantivo  que proviene de los ancestros chimila Zazare, que significa, mansedumbre, tranquilidad, sosiego; así bautizaron nuestros aborígenes al majestuoso río, que les proporcionaba en su momento transporte y alimentos en su recorrido desde la Sierra Nevada hasta El Banco, Magdalena.

El panorama ha cambiado mucho a tiempo presente, hoy aquel río manso, tranquilo y sosegado sigue siendo un medio de transporte, pero ya no es vida lo que transporta, en su reemplazo corren cuerpos sin vida de la fauna, desechos y despojos de las transformaciones y explotaciones inmisericordes que hacen con la flora, la pobredumbre del ser humano inconsciente dirige la danza mortuoria que día a día, noche a noche conduce al cadalso el uso y el abuso que se suele hacer con la poderosa y mágica provisión que de forma constante nos brinda los amores del sol con la tierra.

Hay gemidos que llevan eternidades en el contador de las manecillas del tiempo, llantos, crujir de dientes, vidas que se prenden y apagan violentamente, un espectáculo dantesco que no sólo ocurre en este río, ocurre en todos los ríos que corren de manera vertical y transversal por ese territorio de figura alargada y heterogénea en sus culturas, que en Otrora estuvo llena de verdes, abrazada por valles y montañas dónde nacen y circulan esos maravillosos ríos que fluyen por arriba y por abajo como torrentes sanguíneos que llevan vida, oxigenan y revitalizan a su paso todo lo que bañan con sus aguas claras, dando fuerzas y aliento para continuar.

Se escuchan cuentos, también llantos y a lo lejos la muchedumbre gritándole sin piedad a la esencia de la Madre con rostro de Mujer: ¡Está loca! ¡Está loca! ¡La Llorona está loca! Ella no lo puede creer y su rostro se hace espanto, ella corre por aquí y corre por allá, su cuerpo se hace fosas, en ellas arrojan a sus hijitos muertos, que, aunque se quisiera, nunca se podrán contar así. 

Su vientre es socavado de día, triturado de noche, en una violación de continuo que desangra la savia que nutre sus entrañas, ni llorar puede, porque si llora le dicen loca, en un mundo donde expresar las emociones está prohibido, la Madre calla y contiene un diluvio de pesares, su cuerpo es el manifiesto del uso y el abuso, se seca su ser... Lo que otrora era su torrente de oxígeno y vida de apariencia cristalina, ahora es un puré viscoso que se mueve como serpiente, lento y denso, otras veces con furia arrastrando el sedimento de aquellos seres sin alma vestidos de dueños y  patronos que, de día y noche, hacen llorar a la Madre con sus vejámenes y perversión propia de la lujuria, gula y avaricia.

El sol observa, en su poderosa esencia omnisciente, omnipresente y omnipotente, el carnaval de matices negros y blancos, piezas etiquetadas de bien y otras del mal en el tablero de ajedrez, unas a la izquierda, otras a la derecha y viceversa en su vertiginosa carrera de poder, el poder de continuar violando a la Madre  y usando como carne de cañón a sus hijos en ese negocio cíclico que factura a favor de un puñado y se cimenta en la máxima maquiavélica de dividir para reinar, de mentir y mentir hasta que se crea es una verdad.

La luz del sol todo lo revela, el llanto acumulado gota a gota con los calores y el sofoco se evaporaron a los cielos, cargando de pesares y dolores sus nubes, el peso del acumulado se hizo insostenible y aquellos llantos reprimidos de esa madre que no quiere seguir siendo tratada como loca no se hicieron esperar. Las nubes soltaron lo que ya no podían seguir llevando a cuestas: el llanto de la madre llegó a los cielos y bajo la mirada triste de su amante sol se precipitó sobre esa esfera planetaria flagelada y moribunda, ese cuerpo femenino instrumentalizado, ese al que suelen decirle Pachamama, otros Madre, otros Tierra, esa, esa nave planetaria en la que vamos todos, está llorando... Y sépase en toda la comarca de Macondo que: ¡la llorona nunca ha estado local!

 

Yarime Lobo Baute

@YarimeLobo

Sobre el autor

Yarime Lobo Baute

Yarime Lobo Baute

Obras son amores

Soy la que soy: Mujer, Artista desde mi esencia, Arquitecta de profesión, Fotógrafa aficionada, Escritora desde el corazón y Emprendedora por convicción. Una convencida de que la OBRA está más allá de los cementos, son cimientos que se estructuran desde el SER, se traducen en el HACER y traen como consecuencia un mejor TENER.

Las OBRAS son esos AMORES intangibles y tangibles que están por encima de las mil y una razones.

@YarimeLobo

3 Comentarios


Luz Nidia Chaparro 03-11-2022 06:36 AM

Excelente, hermosa lectura y muy cierta la llorona no esta loca, los locos somos nosotros que la destruimos

Martha Fuentes Baute 03-11-2022 10:22 PM

Me encanto tu artículo, la forma como conjugaste esa ficción con la realidad. Así es!!!

Anny Camargo Hernández 10-11-2022 09:47 AM

Acertada metáfora, una mezcla hermosa, reflexiva, de una triste realidad y un cuento o leyenda que nos asustó y alegró la infancia en las noches oscuras a la luz de una vela, o en la puerta de la calle, en el sardinel, bajo la luz de la luna, con toda la muchachera entre hermanos y vecinos, cuando por causa de la lluvia o cualquier otro motivo muy frecuente se suspendía el servicio de energía.

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