Opinión
Amigos de amigos

(A la memoria de mi hermano José Ivan Guerra Avila)
"He peleado hasta el fin el buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe".
(2 Timoteo 4,7)
Cuando el recuerdo ilumina mi mente y se acumulan destellos fugaces de nostalgia, no puedo dejar de escribir, pues, sólo la redacción de las historias hace que me nutra de los acontecimientos que voy relatando y se conviertan en un cuento o una crónica (que, al final, llegan a la retina de un lector).
Tiempos de amores, de conquistas y andanzas con los amigos, amigos que el tiempo va direccionando y va colocando en algún portal de la vida, de la existencia, pero, sí, fue mi hermano, “El Chilo”, el protagonista de esta anécdota en tiempos de juventud.
No había mucha diversión en el pueblo, pero nos la gozábamos, cuando llegaba un circo al frente de “El Vergel de la Esperanza”, nombre del cementerio, donde reposan nuestros ancestros, y en donde, por las noches, la romería de muchachos se hacía notar en busca de un romance o una cita clandestina, otros, acompañando al amigo, en aquella furtiva aventura.
Y es que, en esa época, se frecuentaba también la Iglesia, después de misa, los jóvenes buscaban como impresionar a la chica, o la forma de hacerse notar, mandando un papelito o una razón, era frecuente escuchar y reunirse en las puertas del teatro Tiyico o en grandes tertulias al frente de la alcaldía o en el parque, hasta entradas horas de la noche.
Pero existía un lugar muy especial, que marca el comienzo de esta historia y era la puerta de la entrada del Colegio de las Monjas. Allí los muchachos, más puntuales que reloj suizo, llegaban en busca de conquistar a las bellas jóvenes de la época, y fue ahí, justamente ahí, en donde se encontraba mi hermano “Chilo”, rodeado de sus amigos El tony, Luis Miguel y mi primo Gabrielito.
Su enamorada, ese día le daría el sí, y sólo faltaba que ella saliera, se encontraran e iniciara aquel romance tan esperado por sus amigos y especialmente por él. Lo que mi hermano Chilo nunca imaginó fue que el destino le tenía otro momento preparado para tan anhelado encuentro, pues, las cosas tuvieron otro desenlace.
Viniendo de la esquina del cementerio, las muchachas que ya habían salido del colegio, se devolvían espantadas y dando gritos. ¿Qué pasaba?, se preguntaban. “El chilo” alzó la cabeza, se asomó y vio a dos chivos que corrían espantados hacia ellos. Luego, salieron muchos más, y se perfilaban en veloz carrera, hacia las jóvenes que, en ese momento, retornaban a sus casas. Más atrás venia un señor corriendo, que gritaba: “Cójanlos”. Sus amigos, confundidos, sin saber qué hacer, se dieron cuenta de la situación y gritaron: “¡Chilo, es tu papá!”.
El Chilo quedó estático. Le tocaba correr detrás de los chivos y delante de su enamorada, sus amigos, al verlo sudando frio, le dijeron: “Hazte el loco... ¡corre!”.
Cuentan que mi hermano paró el carrerón en la casa de Chepita, por la 17. Los amigos del Chilo, lograron controlar a los chivos y mi papá nunca se enteró que su hijo no le ayudó por pena a que lo viera su enamorada.
Luis Carlos Guerra Ávila
Tachi Guerra
Sobre el autor
Luis Carlos Guerra Ávila
Magiriaimo Literario
Luis Carlos "El tachi" Guerra Avila nació en Codazzi, Cesar, un 09-04-62. Escritor, compositor y poeta. Entre sus obras tiene dos producciones musicales: "Auténtico", comercial, y "Misa vallenata", cristiana. Un poemario: "Nadie sabe que soy poeta". Varios ensayos y crónicas: "Origen de la música de acordeón”, “El ultimo juglar”, y análisis literarios de Juancho Polo Valencia, Doña Petra, Hijo de José Camilo, Hígado encebollado, entre otros. Actualmente se dedica a defender el río Magiriamo en Codazzi, como presidente de la Fundación Somos Codazzi y reside en Valledupar (Cesar).
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