Opinión

Agobio

Luis Carlos Guerra Ávila

27/01/2023 - 05:05

 

Agobio

 

Toda dificultad trae como consecuencia un desequilibrio emocional que, a veces, nos encierra en una tormenta de dudas e imprecisiones al momento de tomar una decisión determinante, en consecuencia, tomamos el riesgo de perder un ser querido, un negocio, un trabajo, un amigo, o, en su defecto, la vida misma.

Las tribulaciones van acompañadas de una baja autoestima, se encierra la mente y aparecemos sumergidos en un laberinto, tratamos de salir, pero las soluciones no están al final del túnel; por lo tanto, desaparecen todas las alternativas de solución, y parece que no tuviéramos quien nos resuelva nuestro problema.

El abismo se acerca más y quedamos al borde del precipicio y, cuando nos asomamos, observamos con letras mayúsculas: “Aquí está tu problema” y absolutamente nadie nos va a recibir, no hay colchones inflables, ni una red de circo para que aguante nuestra caída, la suerte está echada, me tiro o respiro profundo. Hago una pausa y miro hacia el cielo, a veces las soluciones no se encuentran en la tierra, este es un mundo que nos invita diariamente al fracaso, al odio, a la incertidumbre y nos involucramos sin darnos cuenta en esa indecisión, buscamos culpables sin haberlos, el aliciente de la bebida o muchas veces drogas, la alternativa del universitario que se encierra en su mundo oscuro por temor a fallarle a sus padres y toma una decisión fatal, el empresario que se siente incapaz de superar sus pérdidas, el profesional o el obrero a quienes le cancelan el contrato y no halla cómo pagar sus obligaciones.

La mujer que siente el abandono de su pareja y piensa que todo se le derrumba y camina sola por las calles atrapada por la incertidumbre, o el enfermo que postrado en una cama pierde las esperanzas de vivir. Es un cúmulo de situaciones que no respeta raza ni estado social, allí, en una de esas tribulaciones, nos encontramos haciendo parte, tratando de buscar soluciones o suicidio.

Cada individuo vive su propia historia y sería trivial tratar de persuadirlos para que no tomen una decisión equivocada, pero sí existen esperanzas, cuando se reemplaza la luz del túnel, con la luz divina, cuando se camina hacia el abismo a divisar el paisaje y dejarse caer en los brazos de Dios, y si ya todo está perdido y no encontramos soluciones, de qué sirve lamentarnos y buscar culpas, quitemos el retrovisor no miremos hacia atrás, comencemos a desenvolver la madeja o el hilo de la cometa enredada, abrámosle un espacio de esperanza a nuestros seres queridos que tanto nos necesitan. A veces somos nosotros el motivo de la existencia de otras personas viviendo y luchando por sobrevivir en este mundo.

Mateo 6:34 nos invita a reflexionar: “Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas.”. Dios nos da una voz de aliento, dice presente, ¡Aquí estoy yo!

Y Juan 14:1 nos enseña que esa voz de aliento se fortifica con un mensaje sublime y certero: “No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí.

Y mientras tanto, el Salmo 94:19 va desenredando las tribulaciones: “Cuando en mí la angustia iba en aumento, tu consuelo llenaba mi alma de alegría”. Saber que estamos protegidos nos da sensación de júbilo.

Seguimos escudriñando la palabra y encontramos que 1 Pedro 5:7 nos da una palmada de confianza y protección. “Depositen en Él, toda ansiedad, porque Él, cuida de ustedes”. Sacudirnos del agobio nos da tranquilidad y seguridad.

Y entonces, las cosas materiales y las necesidades del cuerpo se convierten o pasan a un segundo plano, vamos encontrando que hemos sido presos y cautivos de un mundo lleno de iniquidades y que la vida es más preciosa y tiene valor. Nos lo dice Mateo 6:25: “Por eso les digo: No se preocupen por su vida, qué comerán o beberán; ni por su cuerpo, cómo se vestirán. ¿No tiene la vida, más valor que la comida y el cuerpo, más que la ropa?”. Nos está ilustrando, diciendo que toda situación tiene solución, no te atormentes. ¡Sánate!

Qué debemos hacer para acabar de desenredar la madeja, muy sencillo. Filipenses 4:6-7 nos lo enseña. “No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. ¡Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús!”. Oh, Señor, ¡qué grande eres! Hacerte cargo de mis problemas mediante la oración y mis súplicas. ¡Tu misericordia es infinita, ten piedad de nosotros, Padre Santo!

Bueno, no podría faltar la palmadita en el hombro que Dios nos da antes de acostarnos para enfrentar los retos del nuevo día, ya mis temores desaparecieron, hay un nuevo amanecer, el Padre celestial está conmigo, no le temo a nada. Isaías 41:10: “Así que no temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré y te sostendré con mi diestra victoriosa”. Mensaje sublime de confianza y esperanza, certero para llegar al borde del abismo… Asomarnos, mirar al cielo, abrir los brazos y decirle: “¡Señor, deposito en ti, mi agobio!”.

 

Luis Carlos Guerra Avila

“Tachi Guerra”

Sobre el autor

Luis Carlos Guerra Ávila

Luis Carlos Guerra Ávila

Magiriaimo Literario

Luis Carlos "El tachi" Guerra Avila nació en Codazzi, Cesar, un 09-04-62. Escritor, compositor y poeta. Entre sus obras tiene dos producciones musicales: "Auténtico", comercial, y "Misa vallenata", cristiana. Un poemario: "Nadie sabe que soy poeta". Varios ensayos y crónicas: "Origen de la música de acordeón”, “El ultimo juglar”, y análisis literarios de Juancho Polo Valencia, Doña Petra, Hijo de José Camilo, Hígado encebollado, entre otros. Actualmente se dedica a defender el río Magiriamo en Codazzi, como presidente de la Fundación Somos Codazzi y reside en Valledupar (Cesar).

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