Opinión
La amistad, divino tesoro

"Cada amigo representa un mundo dentro de nosotros, un mundo que tal vez no habría nacido si no lo hubiéramos conocido" (Anaïs Nin Culmell, escritora francesa).
"La palabra 'Amistad' proviene del latín amicitas, derivado de amicus ("amigos"), palabra compuesta por el verbo amare ("querer", "amar") y el sufijo - icus, que otorga cualidades, por lo que se puede entender como 'aquel que es querido'". Es decir, que la amistad es una relación afectiva que se da entre dos o más personas a las que une algún tipo de afinidad. Es una conexión cimentada por valores como la lealtad, el apoyo y la sinceridad.
A lo largo del desarrollo de una amistad, las personas se presentan como realmente son: sin pena ni miedo de ser juzgadas. Ser amigo implica respeto, aceptación, comprensión y confidencialidad. Entre amigos debemos mostrarnos tal como somos, sin caretas que oculten nuestro verdadero ser.
Después de este tormentoso tiempo vivido por la pandemia producida por el Covid-19, empecé a darle más valor a la verdadera amistad. Esos meses de encerramiento que me sirvieron para meditar, abrir y despejar mi mente, darle más importancia a los verdaderos amigos (independientemente de la distancia o el tiempo compartido), y saber que gracias a la tecnología virtual tenemos la oportunidad de acercarnos e interactuar más seguido y sacar más provecho de esos bellos espacios.
La verdadera amistad es conexión, es un vínculo fuerte que nos junta. Es irrompible, como un lazo de hermandad y sangre que nos vuelve familia donde prevalece la empatía; un verdadero amigo es el que ríe con nuestra alegría y también llora con nuestro sufrimiento.
Llegar a mi pueblo Planeta Rica (Córdoba), en mis vacaciones y reencontrame con los amigos de la infancia y adolescencia, de la escuela y colegio, de barrio, esos con los que jugué, reí, lloré, discutí, hice travesuras, testigos de nuestros primeros romances, esas experiencias sanas que, de una u otra manera, nos fueron formando, es algo que no tiene precio. Ver esos niños reflejados en los hombres de hoy en día, cada quien dedicado a distintas profesiones, pero que, en este momento, pasan a ser secundarias, porque esa sincera amistad que nos ha unido a través de los años y a pesar de la distancia se solidifica con el paso del tiempo. No en vano algunos definen a los amigos como "la familia que podemos elegir".
Para demostrar a esos seres incondicionales que han estado con nosotros en las duras y las maduras he querido plasmar estas sinceras y bonitas letras que salen de lo más profundo de mi corazón, en las que les muestro el inmenso cariño, admiración, afecto que les tengo y que quede impreso para siempre con tinta indeleble en el libro de los recuerdos.
Estas personas maravillosas con las que he tenido la oportunidad de crecer desde nuestra etapa infantil y que, debido a nuestras ocupaciones, no tenemos la oportunidad de compartir muy a menudo y aunque el tiempo compartido muchas veces nos parece corto, pero tengo claro que el divino tesoro de la amistad no siempre radica en la cantidad de horas que compartamos juntos, sino en la capacidad de estar separados sin que nada cambie.
Los humanos somos seres sociales desde el momento en que llegamos a este mundo porque necesitamos el cuidado, apoyo y el afecto de otros para sobrevivir. A medida que crecemos y nos desarrollamos vamos perteneciendo a distintos grupos y teniendo la libertad de elegir con quienes queremos pasar el tiempo libre.
Conservar nuestras amistades pasa por recordar que son un tesoro, aunque a lo largo de nuestra existencia vamos perdiendo algunas por distintos motivos (algo que es natural); sin embargo, las recordamos con cariño porque muchas de ellas nos enseñaron lecciones valiosas que no olvidamos nunca.
Siempre tenemos la posibilidad de cultivar y recuperar nuestras amistades antiguas, cuidarlas y mantenerlas. Los verdaderos amigos influyen en nuestro bienestar. El refrán: "quien tiene un amigo tiene un tesoro", las personas que han perdido a uno lo comprueban tarde o temprano.
En definitiva, la amistad duplica nuestras alegrías y divide nuestras tristezas. Después de conocer el verdadero valor de la amistad con esos seres maravillosos de colegio con los que tengo la oportunidad de interactuar a diario en grupos de WhatsApp, debo confesar que la cercanía con ellos me llevó a concluir que “primero fuimos amigos y nos queríamos, ahora somos hermanos y nos amamos”.
Definitivamente, uno de los mayores secretos de la felicidad en la vida es la Amistad. Mantener y cuidar a los amigos es uno de los ejercicios más interesantes y loables que podemos llevar a cabo, porque nos ayudarán a tener una existencia más rica, feliz e interesante.
Si realmente hemos experimentado lo que es la verdadera y sincera amistad, lo más seguro es que hayan perdido el corazón y se lo hayan entregado a los demás.
"La amistad es un alma que habita en dos cuerpos, un corazón que habita en dos almas" (Aristóteles).
Ramiro Elías Álvarez Mercado





