Opinión

"Ñero, yo no soy escaparate de nadie"

Diógenes Armando Pino Ávila

25/08/2023 - 00:15

 

El rio Magdalena, visto desde Tamalameque / Foto: archivo PanoramaCultural.com.co

 

En todos los pueblos de la Costa Caribe hay uno o varios personajes que alegran las parrandas de los amigos y sus dichos, cuentos, chistes, expresiones coloquiales y relatos son festejados con carcajada general de los oyentes y luego repetidos tantas veces en otras o en cada parranda que terminan haciendo parte del folclor local. Hoy quiero referirme a uno de estos personajes de mi pueblo, al que ya le he dedicado otros textos.

De risa franca, robusto corpachón de estatura media, paticojo y burlón, este personaje de mi pueblo del que ya he escrito algunas de sus singulares y jocosas anécdotas, me ronda en la cabeza hace varios días y este reciente fin de semana, lo estuve recordando en una conversación que tuve con su dilecto amigo, el doctor Jorge Rizo. Mis paisanos ya habrán adivinado que me refiero a Kennedy Vargas Saballé, o El Doctor Vargas como le llamábamos los amigos, este personaje hacía gala de una jocosidad sinigual y de una franqueza rayana en el desparpajo, pues se atrevía a decir frente al que fuera su pensamiento, con la particularidad que nadie al escucharlo se ofendía, pues cuando hablaba de alguien, ante ese alguien lo hacía, emitiendo sus palabras entre risas contagiando a sus oyentes de esa hilaridad y gracia, que al final todos terminaban riendo y festejando el gracejo de nuestro querido Doctor Vargas.

De sus anécdotas más festejadas es una que el solía contar: Se había lanzado como candidato a la alcaldía de Tamalameque un abogado amigo y el Doctor Vargas solidario y tal vez viendo la oportunidad de trabajo en caso de que hubiera triunfo electoral de su amigo, se embarcó de lleno en la campaña, salían de madrigada a recorrer los corregimientos y la población veredal dispersa de nuestro municipio tratando de cautivar simpatizantes que adhirieran a la causa. Nuestro personaje animaba las reuniones dialogando y contando cuentos para que los asistentes no desertaran antes de comenzar el acto político, nuestros campesinos lo seguían y festejaban cada una de sus ocurrencias, luego comenzaban los discursos y él participaba de telonero antes que el candidato, siempre con un discurso entretenido donde matizaba la problemática veredal o corregimental con una que otra charada que sacaba aplausos de los asistentes, luego hablaba el candidato y se despedían.

Ya en el vehículo, de regreso evaluaban la reunión analizando las posibilidades electorales y la cauda electoral posible que habían cautivado. Las cosas no iban bien en la campaña, el numero de simpatizantes no aumentaba. El Doctor Vargas, en el acostumbrado cotilleo local, había escuchado el rumor de un amorío de su candidato con una hermana en Cristo como el candidato llamaba a su amiga. El Doctor Vargas con un poco de malicia y sarcasmo aconsejó a su amigo buscar el acompañamiento y las oraciones de esa amiga para salvar la campaña.

Vincularon a la Hermana en Cristo a la actividad proselitista y cada reunión se iniciaba con una oración de la que comenzaron a llamar la Pastora, en verdad aumentó el número de simpatizantes ya que algunos miembros de las iglesias cristianas se vincularon. Pero Vargas, malicioso, observaba mucha cercanía entre el candidato y su guía espiritual, es más después confesaría que su malicia nació al ver que cuando el se ausentaba la cercanía entre candidato y su asesora espiritual aumentaba y que cuando iban en el carro, el desde la banca de atrás observaba los toques de piernas que se daba el candidato que conducía el vehículo y su asesora en la banca del copiloto.

En un momento en que él quedó solo con su amigo, en uno de sus actos de franqueza y desparpajo le preguntó con hilaridad ¿Ñero, a qué sabe el polvo de pastora? Y soltó sonora carcajada. El candidato se molestó o aparentó molestia y le aclaró que él no tenía relación sentimental con esa señora, la que respetaba y quería ya que profesaba su mismo credo. La cosa no pasó de ahí —pensó nuestro amigo— pero no, el candidato se lo comentó a su guía espiritual.

Un medio día el candidato lo invitó a un almuerzo y ya estando en manteles, la Guía Espiritual comenzó una oración de agradecimiento, —oración extraña comentaba Vargas—, ya que en ella, la señora hermana en Cristo reprendía las lenguas viperinas que calumniaban y levantaban infundios contra las otras personas y aseveraban sin pruebas, supuestas relaciones sexuales, pues no comprendían el amor y la hermandad que Jesús aconsejó al decir Amaos los unos a los otros. El Doctor Vargas sintiéndose eludido, interrumpió la pastora diciendo ¡Esta es una oración o un reclamo! 

Al terminar su relato, como siempre, después de una infidencia, daba a entender que el no guardaba secretos y lo decía con su frase que aún después de su muerte recordamos y repetimos: “¡Ñero, yo no soy escaparate de nadie!”

 

Diógenes Armando Pino Ávila

 

Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

@AvilaDiogenes

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