Opinión
El memorial de agravios

Esta historia comienza desde el instante en que se nombra a Carlos Huertas y, por consiguiente, su extensa obra en favor de la Guajira como estandarte indeleble de la música del caribe. Debo reconocer que escribo estas líneas a partir de una letra cuyo nombre desconozco, pero que a pocas luces representa la bifurcación de la música vallenata y la postrera demarcación de sus estilos con distinciones particulares de acuerdo con la región que se señale, enmarcado en la defensa del criterio de los guajiros cuando de vallenatos hay lugar de hablar. Carlos Huertas en esta misiva de tono altivo y desafiante, con criterio y pundonor musical, denota uno a uno los grandes exponentes de las letras y melodías vallenatas, situándolos perfectamente en sus patrias chicas desde Varas blancas hasta Riohacha.
“borde de la frontera/ de allá de varas blancas/ se pudiera censar con nombre y apellido/ cuánta gente que toca, que compone, que canta/ que recita, que versa y todos son guajiros” es así como empieza este memorial de agravios que significa la exaltación del talento de la región Guajira, arengando y reclamando así su existencia, haciéndole saber al mundo que Valledupar no es la única piedra angular del arte vallenato en el universo musical colombiano. Magníficamente “el cantor de Fonseca” defiende su zona. Como es característico en sus letras, sazona la melodía con una letra picara y a la vez retadora, como si pelear quisiera, como engreída, como altanera, a la forma acertada de definir a la Guajira.
“si sobran las proporciones/entonces que es lo que pasa/ vamos a hacer en Riohacha/ un festival sin pasiones. Con los nativos juglares/ que a diario brota mi pueblo/ no hay pa´ que volver al valle/ a molestar a Consuelo”. Siendo esta una critica expresa a la apropiación histórica del folklore por parte de los valduparenses, ha de tener un destinatario, un nombre que engloba una identidad cultural. Luego entonces Carlos Huertas no enseña que es también la Guajira epicentro cultural y participe notable en los orígenes de la música de acordeón caribeña, al margen del conocido Valledupar.
En conclusión, este memorial de agravios constituye la rebeldía de una época distintiva del folklore que exhorta a la formación de conceptos basados en cualesquiera que sean las fuentes que versen sobre la música vallenata. Y se hizo su voluntad. Tal como lo vaticinara Huertas en esta composición, “emergió de la sombra/ el puerto donde llegara/ el acordeón a Colombia” con el festival Francisco “el hombre” como un símbolo de enajenación, pero a la vez de unión de dos entornos alrededor de la música vallenata.
“y ese festival se hace/ cuando se le ponga nombre/ el que haga honor a la clase/ del grande Francisco “el hombre”.
Hernán de la Ossa
Sobre el autor
Hernán De La Ossa Benítez
La bitácora del naufrago
Hernán Duley De La Ossa Benítez, nacido en Sincé, departamento de Sucre el 7 de agosto del 2000. Actual estudiante de la facultad de Ciencias jurídicas de la Universidad del Sinú, sede Montería. Escritor por vocación desde sus primeros años. Autor del libro “¿A dónde van las gaviotas?”, publicado por la editorial Torcaza en 2021. Asiduo lector de prensa, literatura contemporánea y amante de la poesía clásica. Poeta y columnista, refiere en sus líneas inquietudes sociales y exalta la cultura de la región sabanera con un ambiente raizal y espontáneo, sencillo y atrapante para el lector. Cursó bachillerato en el Liceo Panamericano campestre de la ciudad de Sincelejo, donde reafirmó su vocación de escritor.
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Esa canción se titula "Documental Guajiro" la grabó el maestro Alfredo Gutiérrez Vital en el año 1979 en un trabajo discográfico titulado "El Conquistador"
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