Opinión

La época del totumo

Diógenes Armando Pino Ávila

26/01/2024 - 03:30

 

La época del totumo

 

Hay amigos que gozan de la intermitencia de las luces de los arbolitos de Navidad, aparecen y desaparecen, pero contrario a las luces, estos no tienen un ritmo de intermitencia sincrónico, los amigos a los que me refiero no tienen un tiempo medido y calculado, estos desaparecen por arte de magia y su reaparición se puede dar en meses, años e incluso, lustros; son de esas personas que sencillamente desaparecen de tu entorno y tus relaciones, le pierdes el rastro y a veces olvidas su existencia.

Estos amigos aparecen cuando les da la gana, no piden permiso para aparecer, se presentan y punto. Ellos deciden a su libre albedrío cuándo y cómo aparecen y cuándo y cómo dejan la escena, alejándose como fantasma de tu vida. Algunos lo hacen tristes, quejándose de cómo la vida los ha tratado, notas en sus gestos, en sus ojos en las arrugas que el tiempo cruel ha surcado en la piel de su rostro, en el cabello encanecido, lo ves de mayor edad a la que debería tener, pues es de tu propia edad y entras a cuestionar esa visión de por qué está más viejo que tú o, mirándote al espejo, tomas conciencia de tu verdadera edad.

Otros de estos amigos aparecen llenos de una vitalidad inusual, cargados de una energía arrolladora, portando una alegría desbordante y contagiosa, su tez es lozana, todavía no hay arrugas en su rostro y su cabello luce ennegrecido y sin una sola cana, lo que, igual al anterior, te lleva a comparar tu edad con la del amigo aparecido, y tal vez, ante el espejo te lleve a tomar conciencia de tu edad real y anotes que el tiempo pasado y tus excesos te están pasando factura.

Hace dos semanas, apareció uno de mis amigos, este lo hizo mediante una video llamada, hacía casi treinta años que no sabía nada de él. Éste apareció a través en la pantalla de mi celular, con el desparpajo de siempre, con la mamadera de gallo que siempre le acompaña, con unas carcajadas francas y contagiosas, de esas que, sin haber un chiste ni nada jocoso hacen reír. Me llamó por el apodo con que me llamaba en el bachillerato, me preguntó por los compañeros del colegio, siempre por apodos se refería a ellos para indagar por sus vidas, le respondía dándole detalles y él, desternillado de la risa, me contaba anécdotas del ayer.

Me preguntaba por sus novias de juventud, casadas y con nietos en el momento, pareciera que el tiempo se hubiera detenido en su memoria, pues, recordaba con detalles minuciosos momentos del pretérito, paisajes, paseos, riñas, infidelidades, anécdotas y algunos detalles que yo había olvidado. Cada pregunta, cada respuesta, cada dato era festejado con su carcajada ruidosa y franca, a veces acompañadas de palmadas como si aplaudiera sus anécdotas y sus propios recuerdos.

Hablamos largo y tendido, me dolía el estómago de tanto reír, perdí la noción del tiempo embebido por tan agradable conversación. Hizo un mutis y me soltó la pregunta: «¿Cómo va la nueva administración municipal? ¿Qué expectativas tienes de ella? », extrañé las preguntas sobre el tema, pues apenas llevaban dos semanas de posesionados en el cargo y se lo dije, entonces él con su burlona risa me dijo: «Es que en los municipios del Caribe colombiano, las comisiones de empalme en  aras de agradar al nuevo mandatario y con la intensión de ocupar un cargo dentro de la municipalidad, cuando están en el empalme sufren el “síndrome del búho”, saben de todo, fustigan, acosan y descalifican al funcionario saliente, nada les parece bien, para ellos todo son errores y horrores y tratan de hacer una especie de auditoria fiscal y judicial pidiendo documentos, contratos, carpetas y que se yo, cualquier otra pendejada, tratando de encontrar el punto de quiebre para enredar al funcionario saliente». Le dije que sí, que era verdad, en casi todos los municipios pequeños ocurría algo parecido.

Con una carcajada más estridente que las primeras me dijo: «Ya es enero, las nuevas administraciones, ya nombraron algunos de esos “búhos”, entraron en la “época del totumo”». No entendí esta alusión y le pedí que me explicara, y mi amigo muerto de la risa me contestó: «Los alcaldes con el fin de rodearse de sus colaboradores cercanos, y eso está bien, sacaron a todos los funcionarios de la administración anterior, esos funcionarios conocías sus funciones, bien o mal tenían un saber, considero debieron estar para hacer una transición con los entrantes, un pequeño entrenamiento, pero no, los alcaldes entrantes confiaron en el saber de sus amigos y estos amigos en la mayoría de los casos, entran ciegos, llenos de confusiones, pues sus ínfulas de sabihondos no les permitió preguntar al saliente para aprender de ellos».

Le dije: «Ajá, y ¿qué tiene que ver eso con “El Totumo”?» a lo que me contestó con su tono burlón y mamagallista de siempre: «Que están “entotumados”, no saben cómo entrarle a al toro que tienen en la corraleja». Se despidió entre carcajadas y se esfumó de nuevo, no sé cuándo volverá a aparecer.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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