Opinión

Editorial: Balance de un año de Cultura en el Cesar

Redacción

24/12/2012 - 12:00

 

El 2012 se termina y, como lo requiere el fin de un ciclo, es preciso entender cuáles han sido los avances, retos,  oportunidades y tropiezos cometidos a lo largo de este tiempo para que el camino sea más fructífero y que el 2013 permita concretar lo que no se pudo anteriormente.

Con este Editorial, no queremos adjudicar una nota a los principales gestores e instituciones culturales de la región –que en todo momento tratan de hacer lo mejor posible–, pero sí aportar una dosis de reflexión e ideas para que cada uno de los proyectos encuentren su público y logren sus objetivos de concientización o entretenimiento.

El Cesar ha vivido un año de gran actividad cultural desde que un gran número de municipios organizaron sus mesas participativas con el fin de constituir sus planes de desarrollo. Fue el inicio de un camino en el que los actores del sector aportaron sus ideas e inquietudes.

En una primera etapa, la Coordinación gubernamental de Cultura –junto con el Ministerio de Cultura– se enfocó en el fortalecimiento del Emprendimiento Cultural: un elemento esencial para que la Cultura se revigorice y no dependa exclusivamente de la ayuda de las instituciones públicas.

Los encuentros organizados fueron gratamente recibidos ya que reunieron a un gran número de gestores en diversas ciudades del departamento (Valledupar, Curumaní, Codazzi…) y permitieron abordar temas tan sensibles como la necesidad de comunicar para exponer su trabajo, la elaboración de planes de acción o propuestas estructuradas para ganarse el apoyo de distintas organizaciones.

Las citas fueron productivas y permitieron suministrar herramientas interesantes para que proyectos  destacados como el Centro de Memoria de Becerril o San Diego, o incluso ciertas bandas municipales, pudieran arrancar su actividad.

La ausencia de ciertos representantes departamentales impidió que el mensaje llegara a todas partes, quizás por cuestiones geográficas, pero el esfuerzo de la coordinación gubernamental fue notable.

A este esfuerzo de fondo (que tiene que ver con la actitud y el deseo de organizar un evento), se sumaron las acciones de organizaciones como el Banco de la República que permitió presentar en Valledupar a bandas musicales de Canadá y otras de Colombia, con un claro fin de diálogo universal.

La Alianza Francesa también colaboró notablemente en ese sentido con el aporte de distinguidos artistas (y no solamente francófonos) en la ciudad de Valledupar y otras ciudades del departamento (como Aguachica).

Y justamente ahí está uno de los grandes retos del año 2013, porque si comprobamos que la actividad cultural se ha incrementado en muchos puntos de la capital cesarense para este año 2012, también es cierto que las otras ciudades del departamento padecen todavía de un notable aislamiento.

Más allá de sus respectivos festivales musicales, pocos proyectos llegan desde afuera para brindar nuevas fuentes de entretenimiento y conocimiento. El centralismo departamental debe, por lo tanto, remediarse con sistemas de circulación de exposiciones gráficas, conciertos o espectáculos teatrales.

La Casa de la Cultura de Valledupar ha puesto un claro énfasis en salir fuera de su recinto, logrando llevar la música y el cine a barrios desafectados, o espacios céntricos como la Plaza Alfonso López o el Parque de las Madres. Sin embargo, todavía queda pendiente la estructuración de una agenda sólida y conocida de todos dentro de su recinto para que la Casa de la Cultura vuelva a considerarse un espacio destacado de encuentro y diálogo.

Otras Casas de la Cultura como en el municipio de La Paz o Mariangola se han concentrado en organizar foros para rescatar la memoria de ciertos artistas e instaurar un diálogo entre distintas generaciones. Esas iniciativas –todas muy meritorias– han ido ganándose un público importante, pero deben fortalecerse para que el efecto perdure en la conciencia colectiva.

Desde la Cámara de Comercio de Valledupar, el Clúster de la Música Vallenata –constituido en Corporación este año– ha iniciado un laborioso e imprescindible camino para la salvaguardia del Vallenato tradicional.

Los primeros encuentros han desvelado el número de problemáticas abiertas y la necesidad de la concertación, pero también han dejado claro que el progreso se hará con la inclusión de todos los actores (incluida la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, exponente principal del folclor regional).

Colectivos independientes también han organizado eventos mayores este año. Lolita Acosta y la Fundación Reyes y Juglares han logrado en su cuarta edición un Encuentro único de músicas de Acordeón donde la música es un factor de diálogo universal. No obstante, este evento que bien podría convertirse en un evento de tamaño internacional –y que podría reafirmar la posición de Valledupar como lugar de encuentro musical– todavía carece de un apoyo sólido por parte de las instituciones locales.

La Fundación AVIVA, junto con el Banco de la República, inauguraron este año –dentro del Mes del Patrimonio– un Festival Gastronómico sin precedentes que abre las puertas a nuevos estudios y exploraciones.

Este evento, que tuvo una acogida ejemplar y atrajo a conferenciantes de distintos horizontes, debe implantarse de manera durable en el horizonte vallenato y, por qué no, establecer un discurso con otras ciudades del Cesar (y emprender un itinerario por dos o tres ciudades del departamento).

Por su lado, la Corporación Centro de Memoria inauguró un Centro histórico del conflicto que profundiza el esfuerzo regional por la Paz y rescata las vivencias de centenares de cesarenses.

Este proyecto –todavía en sus inicios– se presenta como una gran esperanza para la reconciliación y la visibilización de un trabajo inmenso en el Cesar. Deseamos que ese nuevo espacio se convierta en un lugar de diálogo donde se cultive la palabra y se pueda escuchar o reflexionar de primera mano sobre los testimonios de personas afectadas por la violencia.

La Fundación del Festival de la Leyenda Vallenata no puede faltar en estas líneas, no solamente por la organización del Festival Vallenato que representa al departamento a nivel internacional, sino porque también se ha involucrado en la formación de jóvenes músicos en barrios marginados de Valledupar. Una labor que esperamos duplique el valor musical de esta región y sea la fuente de grandes representantes a nivel Nacional.

Finalmente, debemos subrayar la honorable causa de la Fundación Carboandes y la Fundación Batuta al presentar oficialmente este año la Primera Orquesta Sinfónica de Valledupar: un acontecimiento sin precedentes que aportará, sin lugar a dudas, vientos de universalidad a Valledupar y, sobre todo, nuevas herramientas en la formación de artistas integrales.

Entre los momentos más decepcionantes de este año 2012, no podemos ignorar el cierre y desmantelamiento de la Sala de Exposiciones en la Biblioteca Rafael Carrillo (que advino justo después de un loable evento: el XIV Salón Regional de Artistas del Caribe).

Es evidente que el colectivo de artistas plásticos quedó severamente afectado y que la necesidad de un lugar de exposición y de divulgación para el gran público se ha visto centuplicada. Los artistas plásticos –sus familias y todo los que desean disfrutar de un momento libre– esperan ahora con ansias ese nuevo espacio.

Por lo demás, hemos de reconocer que el camino emprendido para que la Cultura ocupe el espacio que se merece en el Cesar es largo y se enfrenta, además, al legado de diversas gestiones públicas contraproducentes. Pero es innegable que este año ha sido un año de grandes logros y que la Cultura está encontrando en Valledupar un espacio para florecer y brillar. Hagamos pues que el 2013 sea un año que confirme esta tendencia.

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