Otras expresiones

El poder de convocatoria del Ecce Homo

Johari Gautier Carmona

26/03/2013 - 13:26

 

El santo Ecce Homo en las calles de ValleduparSon las 4 y media en la Plaza Alfonso López. Un lunes 25 de marzo, caluroso y festivo. Desde hace varios días, el nombre del Ecce Homo resuena en el aire como un episodio clave de la Semana Santa y en este momento se cristaliza la impaciencia de tantos seguidores.

Él está ahí. Sentado en lo alto de la tarima Francisco El Hombre, enclaustrado en una caja de vidrio para protegerle de cualquier eventualidad, y ante él, miles de personas procedentes de Valledupar y de muchos otros pueblos aledaños, esperan pacientemente las palabras del Monseñor.

Familias enteras, jóvenes y ancianos, acuden juiciosamente al encuentro. No siempre tienen la oportunidad de toparse con el patrono de la capital del Cesar. En sus miradas brillantes se entremezclan distintos sentimientos. Por un lado la admiración, la devoción y el encanto. Y por otro, el deseo y la necesidad de ver resuelto algún problema en sus vidas o en casa.

Olga es una de esas personas que sigue al Santo con una fe descomunal. Una mujer que nunca se pierde la cita. La miro y me responde con una sonrisa afable, tratando de no perder al Ecce Homo, como si éste, en una cuestión de segundos, pudiera abandonar la caja en la que se encuentra.

“Está bien bonito”, comenta ella con ternura. Y no puedo evitar de mirarlo, él, el Santo Ecce Homo, impávido detrás de su cortina de cristal, mirando al mundo con unos ojos inexpresivos, quizás un poco acongojados, pero aparentemente irresistible para el pueblo que lo encara.

“Hace cuatro años, el Ecce Homo me hizo un milagro –añade la señora Olga alegre–, y desde entonces, vuelvo siempre a saludarlo. Lo quiero mucho”.

Las palabras de la señora me indican el grado de su gratitud. Aunque no me atrevo a preguntarle los detalles del milagro, es evidente que el Ecce Homo es para ella el mayor de los Santos. La luz que ha vuelto a irradiar su mundo.

En ese instante, los truenos parecen acentuarse. El tiempo, ya nublado, se oscurece exageradamente para anunciar lo que no suele llegar con frecuencia en estas fechas: la lluvia. Y de repente, el agua cae con la extravagancia que caracteriza esta tierra caribeña.

Un aguacero refrescante, así como un diluvio de corta duración, pone a prueba las creencias de la multitud barriéndolo todo a su paso: calor, miradas, risas, rezos, ruegos… Una gran parte de la masa se dispersa buscando amparo en alguna esquina, y otra sigue pegada a la tarima, contemplando el Santo que no se ha movido.

Las sombrillas se abren.  El movimiento de los pañuelos blancos agitados en el aire se intensifica en la plaza. Los más fervientes seguidores del Santo –es decir la mayoría– expresan su fidelidad. No se han ido y no se irán. Seguirán acompañando el Ecce Homo aunque las calles de la ciudad se conviertan en auténticos torrentes.

El cura anima la procesión con un tono alborozado. Saluda al pueblo Vallenato, se alegra por el milagro de la lluvia tras meses de sequía, agradece la fortaleza de los seguidores y los felicita por seguir acompañando la tradición. “¡Viva el Santo Ecce Homo!”, clama él antes de anunciar la intervención del Monseñor Oscar José Vélez. Y el pueblo responde al unísono: ¡Viva!

El poder de convocatoria del Santo Ecce Homo se hace más palpable al ser bajado de la tarima y al iniciar su recorrido por las calles del centro histórico. Enseguida, miles de personas se arremolinan, se acercan y se entrechocan con el sólo fin de verlo y tocarlo con sus pañuelos blancos. El miedo a la lluvia se ha difuminado de repente y la devoción se ha vuelto más intensa.

A mi lado, una mujer busca un espacio para observarlo. “El Santo Ecce Homo es como los políticos –dice ella con un tono admirativo y algo irónico–. Cuanto más seguidores tiene, más deseos concede”.

Es una comparación interesante. En ella me quedo pensando, y viendo cómo el patrono se pasea en dirección de la Catedral, escoltado de centenares de personas que cumplen su promesa y lo persiguen en silencio, me pregunto: ¿Cuántos políticos quisieran tener el poder de convocatoria del Santo Ecce Homo?

 

Johari Gautier Carmona

Para PanoramaCultural.com.co

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