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La casa de bahareque Zuleta, testimonio de una cultura ancestral

Redacción

30/04/2013 - 11:07

 

En el centro histórico de Valledupar, y especialmente en el barrio del Cañaguate, se encuentran tesoros patrimoniales de un valor incalculable que, poco a poco, se están rescatando del olvido.

En este contexto, debemos resaltar la noticia positiva confirmada por La Fundación AVIVA –dedicada a la conservación del patrimonio cultural del viejo Valledupar–, que informó de un reciente acuerdo con la familia Zuleta para convertir en centro de memoria su casa en el barrio San Joaquín (Carrera 14 A No. 9-50) y así ofrecer al público una muestra auténtica del estilo de vida en la época más antiguade Valledupar (antes de que en los años 50 empezaran las remodelaciones y consecuentes derivaciones).

Con el cambio urbanístico de mediados del siglo XX, desaparecieron gran parte de las casas de bahareque, pero también las auténticas casas coloniales, y otros monumentos más representativos, como el convento de Santo Domingo, la Cárcel del Mamón, edificaciones del siglo XVII y muchas obras del Patrimonio Cultural de la ciudad.

La casa de bahareque construida por José Benito Jiménez, vallenato nacido el 19 de marzo de 1915, y su esposa Bernarda Zuleta, de La Paz, nacida el 20 de agosto de 1920, tiene su historia. Estas personas ya fallecidas, formaron un hogar para criar a sus 8 hijos, trabajando él como jornalero en la finca El Cerrito de la familia Pupo, y ella vendiendo arepuelas, buñuelos y pastelitos que fueron las delicias gastronómicas de toda una generación, cuando el maíz se pilaba, se cocía y se molía. Las harinas comerciales no habían hecho todavía su aparición en esta región.

José Benito era un hombre del campo que iniciaba sus labores a las 4 de la mañana sembrando y atendiendo sus cultivos de yuca, frutas y verduras que después vendían en la casa. Así, trabajando honradamente, logró comprar un lote de terreno al señor Joaquín Martínez Zuleta, en donde construyó la casa de bahareque que él denominó “el cuartico”.

Con tesón y disciplina logró ahorrar para construir una casa y albergar en ella a sus 8 hijos: Carlos, Nelly, Carmen, Luz Marina, Fanny, Mariela y Marlene Jiménez Zuleta.

La casa fue terminada el 27 de abril de 1966 e inaugurada el mismo año por el gobernador. Allí encontramos la muestra de la arquitectura vernácula: el bahareque a la vista con sus horcones de madera y latas de caña amarga. Su techo no es de palma sino de tejas de cemento como se usaron en la época de los 50. El piso es de barro pisado y todo destila frescor, orden y limpieza que se irradia en los tres cuartos que hacen de alcoba, sala y cocina.

La casa guarda en su interior todo el mobiliario y los utensilios que se usaban en el viejo Valledupar: asientos de cuero, tinajero, cama de hierro, baúl de madera, mesas, pupitre de escuela y todos los elementos que tenían en su cocina de antaño.

La creación del centro de memoria implica un exhaustivo inventario para catalogar cada objeto con su uso y su antigüedad. Una fotógrafa profesional y una diseñadora ya están trabajando para perpetuar la esencia de este lugar simbólico del viejo Valledupar. El material será traducido al inglés para que los visitantes extranjeros puedan contextualizar mejor lo que están viendo.

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