Otras expresiones

Ministro que dice misa

Arnoldo Mestre Arzuaga

19/07/2013 - 11:00

 

Escribir sobre este personaje se convirtió en una obsesión. A las personas a quien acudimos buscando información les notamos un cierto hermetismo y recelo.

Resolví entonces viajar a varias poblaciones del vecino departamento de la Guajira, donde también encontramos la misma situación. Gracias a unos amigos molineros residenciados en esta ciudad, logramos hacer contacto con ancianos de esa localidad.

Por tratarse de un sacerdote de la región, quiero aclarar a sus familiares que mi único talante es resaltar a un personaje que, en su paso por la vida terrenal, engalanó una página más de nuestra historia, al igual que enriqueció a la tradición oral con sus actos. De modo que nadie debe darse por aludido.

Pedro Simón Serrano (el Padre serrano) nació en Riohacha a comienzos del primer lustro de 1860, ofició su primera misa en  la población de El Molino en 1895, ganándose desde entonces el respeto y admiración de todos sus habitantes, convirtiéndose así, en líder espiritual y Cacique liberal. Gozaba de una portentosa voz que le permitía predicar sin necesidad de altavoces, también tocaba el armonio y cantaba con una voz tan melodiosa que enloquecía de amor a muchas damas que asistían a la iglesia.

Este siervo  de Dios era un hombre común y corriente: sentía sed, hambre y, desde luego, deseos por una hermosa mujer, así que su único pecado fue romper el celibato que le impuso  su iglesia y tomarse sus traguitos cuando la ocasión lo ameritaba.

Heroína Araujo fue la primera mujer que se le conoció, con ella no tubo descendencia a pesar de que vivieron públicamente por muchos años. Eladia Vence, quien era una mujer casada, si le dio cuatro hijos, tres varones y una hembra, logramos en nuestra investigación sólo conocer el nombre de tres: Pedro Simón, Luis Antonio y Luisa. Al igual que su padre, Luis Antonio tocaba muy bien el armonio, de modo que ir a misa era un espectáculo. Mientras Luís Antonio tocaba el armonio con una maestría heredada de su progenitor, el padre predicaba y sus mujeres cantaban en coro.

El padre Serrano tuvo catorce hijos en El Molino, y uno en La Paz, cuando fue trasladado por sus superiores, por quejas de algunos maridos despechados, anteriormente sus superiores le habían ordenado quitarse la sotana, a lo que respondió, que no se la quitaba, porque  él la compró  con su plata.

En asocio con su hijo mayor Pedro Simón, tuvo un alambique donde destilaba chirrinchi (alcohol) para el comercio y para su consumo personal, en una ocasión el resguardo de Riohacha, llegó de sorpresa y le decomisó los utensilios, fue así que el monstruo del acordeón de entonces, Chico Bolaños, le compuso el famoso merengue  “El Padre Serrano”, donde una de sus estrofas dice:

“Lo dice el Padre Serrano

Ministro que dice misa

Bastante palo en el monte

Para reponer las pipas”.

Ya viejo, enfermo y añorando sus amores prohibidos, pide que lo trasladen de nuevo a El Molino, donde muere en 1940. Cuentan que el día anterior de su muerte, en las afueras del pueblo, el guacaó cantó largo y triste, y por la noche la palomita de la muerte no cesó de cantar. El ambiente húmedo y sombrío atisbaba una gran tormenta, de tal manera que, cuando llegó el momento final, Luis Suarez, el loco del pueblo, comenzó a gritar y a tocar de puerta en puerta: “Se murió el Padre Serrano, se murió el padre serrano…” y comenzó a caer el aguacero más grande que se haya conocido en la región. Los caños y los ríos crecieron tanto que, todavía en algunos árboles viejos, se nota la zona por donde llegó el agua.

A su sepelio llegó gente de toda la provincia de Padilla, y el cortejo fúnebre fue acompañado por la banda del profesor CILIÉ, procedente de Riohacha.

Después de la muerte del padre Serrano, el obispo de santa Marta castigó al pueblo de El Molino, dejándolo sin sacerdote por más de diez años, por haber accedido sus mujeres a las pretensiones prohibidas para un clérigo. Solamente en casos especiales, iba el padre Dávila de San Juan del Cesar, hasta que Monseñor Roy y Villalba nombró como párroco al padre Rafael Antonio Sierra.

El día de su llegada,  el ramal del camino fue arreglado de lado y lado con matas y flores, y se designó al profesor Ricardo Gonzales (Q. e. p .d.) para abrir el evento con un discurso de recibimiento. Sus palabras se refirieron a la parte espiritual: “Reverendo Padre Sierra, los Molineros esperamos que continuéis con la magna obra del padre Serrano”. Entre el público se encontraba Chayo Núñez acompañada de dos nietas adolecentes, e inmediatamente exclamó “¿Qué está diciendo ese hombre?”. Luego, dirigiéndose a sus nietas, les dijo: “Lo que es, a ustedes me las llevo de aquí, porque yo sé lo que va a pasar de aquí pa´lante”


Arnoldo Mestre Arzuaga

Sobre el autor

Arnoldo Mestre Arzuaga

Arnoldo Mestre Arzuaga

La narrativa de Nondo

Arnoldo Mestre Arzuaga (Valledupar) es un abogado apasionado por la agricultura y la ganadería, pero también y sobre todo, un contador de historias que reflejan las costumbres, las tradiciones y los sucesos que muchos han olvidado y que otros ni siquiera conocieron. Ha publicado varias obras entre las que destacamos “Cuentos y Leyendas de mi valle”, “El hombre de las cachacas”, “El sastre innovador” y “Gracias a Cupertino”.

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