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Los herederos de Benkos

Carolina Mila

06/05/2016 - 06:00

 

Estatua de Benkos Bioho / Foto: El universal San Basilio de Palenque es una población de descendientes de cimarrones, que se extiende a los pies de los Montes de María —en el departamento de Bolívar en la Costa Norte—, donde se han mantenido vivas, y bastante puras, tradiciones y costumbres de los negros esclavizados que llegaron a América del África durante la Colonia y se rebelaron en el siglo XVII. De todos los palenques que surgieron en el continente San Basilio es el único que aún pervive hasta nuestros días, con unos 3500 habitantes permanentes.

A esta población se llega desde Cartagena a través de una carretera mitad pavimentada, mitad destapada —que se desprende de una autopista principal— desde la que pueden verse los sembrados y algunas vacas flacas que constituyen la ganadería de los habitantes. El pueblo se alza en una cuadrícula de casas sencillas puestas una junto a la otra alrededor de una plaza central y una iglesia modesta, en la que actualmente también hay un par de kioscos, y panaderías, donde la gente se reúne por las noches a oír champeta, tomarse un fresco y jugar dominó.

A más de 30 grados centígrados no suele haber aire acondicionado en ninguna parte —la electricidad no fue introducida en el pueblo sino hasta los años 70, por Kid Pambelé, el ex campeón mundial de boxeo de Palenque— ni tampoco hay agua corriente. Por las calles destapadas, que en realidad son más caminos que calles, corren libres los niños y la gente, algunas motos y muchos animales como cerdos, perros y gatos. Todos se conocen y en la noche saben volver solos a sus respectivas casas y corrales.

Entre semana, hacia las 8 de la mañana, cuando el día apenas despierta y el sol comienza a salir, es usual ver a algunas mujeres con dulces y víveres en la cabeza atravesando la plaza, y grupos de niños en uniforme que van a la escuela como un enjambre de abejas, jugueteando alrededor de una estatua de bronce en el centro de la plaza.

El torso magro del líder cimarrón Benkos Bioho fundador del pueblo, se erige por encima de una torre blanca de cemento, inclinado hacia adelante con un brazo extendido y la boca abierta en un gesto de esfuerzo. Manuel Pérez Salinas joven historiador y gestor cultural de Palenque, explica que la estatua se colocó a propósito mirando hacia el oriente, para honrar la salida del sol, que todos los días les recuerda a los palenqueros que están vivos y libres.

Aunque han pasado cinco siglos, la gente tiene muy fresca en su memoria la historia del líder cimarrón. Hace parte de la tradición oral del pueblo, de las relatos que se le cuentan a los niños, de muchas canciones y del himno de San Basilio. Las guerras civiles del siglo XIX relativas a la conformación de la República, en cambio no, ni tampoco la abolición formal de la esclavitud en 1821. Para entonces, este palenque llevaba más de cien años de libertad, y de libre gobierno.

Benkos Bioho fue un príncipe africano, capturado por portugueses en Guinea Bissau, traído al puerto de Cartagena en un barco negrero en 1596. Como era un guerrero, nunca se sometió a la Corona Española, ni aceptó ser privado de una condición que se le había otorgado por derecho propio: la libertad. Durante 16 años lideró el movimiento cimarrón en Cartagena, hasta que los españoles lo capturaron y ejecutaron en 1621. En ese corto tiempo logró ser temido y respetado por las autoridades, y reconocido y seguido por los demás africanos esclavizados del continente.

Los palenqueros debieron ser muy organizados y obstinados en su resistencia. Los españoles los buscaron, persiguieron, enfrentaron y disminuyeron durante años, aunque ellos nunca cedieron. La Corona siempre se vio a manos llenas con ellos, y harta del problema, en 1721 decide acordar un pacto de paz con los palenqueros, un entente cordiale o cédula real, en la que se les reconoce por fin formalmente la libertad, el territorio, y la autonomía para gobernarse. Por eso, no es de extrañar que San Basilio sea conocido popularmente como el primer pueblo libre de América, ni que la canción Rebelión del Joe, una de las más representativas de la cultura popular del Caribe colombiano, le cante a la hazaña del negro Bioho.

La estatua de Benkos que vigila al pueblo desde la plaza, fue donada a San Basilio por una ONG, gracias a la gestión que realizó la comunidad hace más de 15 años. Como pesaba tanto, debieron ingresar a Palenque una grúa para colocarla. Para esculpirla, los escultores se basaron en la fisonomía de dos jóvenes palenqueros que idealmente encarnaban el prototipo que se le atribuye al líder: Sebastián Salgado y José Salinas. Cuerpo atlético y musculoso, cabeza redonda y labios gruesos, y un gesto de guerra como si aún estuviera haciendo resistencia.

A lo largo de los siglos, Palenque nunca ha dejado de hacer resistencia. En el 2005, San Basilio de Palenque es declarado Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, gracias a un grupo de jóvenes que en el 2003, inicia el proceso de candidatura ante la Unesco, preocupados por el fortalecimiento y reconocimiento de sus tradiciones, y seguros de su singularidad en el mundo.

Hoy en día en Palenque, los grupos de danzas folclóricas y músicas tradicionales proliferan por todas partes. Muchos de ellos honran el nombre del príncipe africano −“Hijos de Benkos”, “Benkos Ku Soto”, “Grupo de danza Benkos Bioho”, “Fundación Benkos Bioho de Galapa”, “Colegio Domingo Benkos Bioho” y “Corporación sociocultural Benkos Bioho”−. Hasta la escuela oficial de Palenque recuerda que todos son herederos de Bioho: “Institución Educativa Técnica Agropecuaria Benkos Bioho”, a donde asisten unos 800 estudiantes.

La estatua de Benkos, originalmente tenía una larga cadena que amarraba sus brazos pero la gente un día decidió romperla. Los palenqueros aún discuten si deben dejársela o retirarla por completo y aún no se ponen de acuerdo. Por un lado, las cadenas rotas les recuerdan que ya son libres, pero, por otro lado, no los deja olvidar que alguna vez fueron esclavos.

Cuando hay noche de tambores la comunidad se reúne en la plaza alrededor de la estatua para ver tocar a grupos como el Sexteto Tabalá, del legendario músico Rafael Cassiani, la agrupación de hip hop Moná ku talento de jovencitos que rapean en palenquero, o Mamonacita, un grupo de niñas cantaoras que coordinan algunos jóvenes, para no perder la tradición de las viejas.

Luego, se presentan los grupos folclóricos de danza, con hombres y mujeres que agitan sus cuerpos al ritmo de mapalés y bullerengues, como los agitaban sus ancestros de la costa atlántica africana, donde se han perdido muchas de estas manifestaciones tradicionales, que en Palenque se conservan intactas.

 

Carolina Mila

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