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Galileo Galilei, el hombre detrás de los descubrimientos

J.L. Alvarez García

15/02/2021 - 05:00

 

Galileo Galilei, el hombre detrás de los descubrimientos
El científico y descubridor Galileo Galilei / Foto: wikipedia

 

Los historiadores y los filósofos de la ciencia han ido elaborando y descubriendo imágenes de Galileo cada vez más variadas y complejas. Sin embargo, al margen de las imágenes formales que se tienen del gran pensador italiano, un aspecto sumamente interesante lo constituye su propia personalidad.

Desde luego que no se trata de disminuir en lo absoluto su estatura de genio y su papel como uno de los personajes que han conformado el espíritu humano. No obstante, considerar su dimensión como persona de carne y hueso nos proporciona elementos que permiten explicar (¿o complicar?) algunas de las actitudes y problemas que tuvo a lo largo de toda su vida. En Galileo encontramos al personaje que se rebela contra la autoridad de los académicos aristotélicos y proclama la libertad de pensamiento, pero también al mezquino que muestra un celo desmesurado para defender la prioridad de sus descubrimientos o inventos. También encontramos al escritor que utilizaba un lenguaje soez y vulgar para atacar a sus enemigos, y al mismo tiempo al dueño de un estilo literario, mordaz y sarcástico, que manejaba con singular maestría y cuya prosa magistral lo llevó a ser considerado por muchos como el mejor escritor italiano del siglo XVII. También está, por un lado, el Galileo que cultiva afectos compartiendo el gusto por la buena mesa y los vinos de su tierra y estableciendo con sus amistades una divertida, saludable y desinhibida correspondencia, y, por el otro, está el Galileo que cultiva odios entre miembros importantes de la Compañía de Jesús; enemistades que a la postre serán determinantes en su juicio ante la Inquisición. Así mismo, está el Galileo que trató con desdén a Kepler y solo se dignó contestarle cuando necesitó de su apoyo. Y qué decir del Galileo que poco después que le aumentaron el salario, lo colmaron de honores y le otorgaron el puesto de profesor vitalicio en la Universidad de Padua, abandonó la República de Venecia y se trasladó a trabajar a Florencia bajo la protección del duque Cosme II.

Galileo Galilei nació el 15 de febrero de 1564 en la ciudad de Pisa, presentó desde muy pronto “esa fría y sarcástica presunción que siempre tuvo a mano para crearse dificultades durante toda su vida”. Su primer trabajo como profesor universitario fue en la Universidad de Pisa; en el verano de 1589 le contrataron por tres años. Galileo no tardó mucho en sentir desprecio por los tradicionales y presuntuosos profesores de la universidad. No tenía la menor preocupación por disimular el desdén que sus viejos colegas le inspiraban. Vestía de manera desaliñada en vez de utilizar la obligatoria toga de profesor. Declaró que esta era el disfraz de los cabezas-huecas. Les decía a sus alumnos: “Si usas toga, tienes que cumplir ciertas normas. Por ejemplo, no puedes ir a un prostíbulo porque la dignidad del traje de profesor te lo impide”.

Esta conducta de ninguna manera agradaba a sus colegas, que consideraban aquel comportamiento grosero e inaceptable y buscaron la forma de deshacerse de é. Galileo continuaba riéndose de ellos, tenía veinticinco años y era más seguro y pagado de sí mismo de lo que eran sus colegas profesores. Llegó a exagerar en su desprecio y expuso sus opiniones ante un auditorio lleno de bulliciosos estudiantes:

Los hombres son como botellas de vino -dijo-. Id a una taberna. Mirad las botellas antes de beber vino tinto. Algunas no tienen muchos adornos. Están cubiertas de polvo, sin etiquetas... pero contienen un vino de tal calidad que la gente lo pone por las nubes extasiada, proclamándolo glorioso y divino. Mirad luego las botellas que tienen etiquetas preciosas. Cuando probáis su contenido, veis que están llenas de aire, de perfume o de colorete. ¡Solo sirven para ´ mear en ellas!”.

Fue entonces totalmente explicable la respuesta de las autoridades de la universidad, quienes no le renovaron el contrato de tres años.

Otro rasgo de su personalidad fue que siempre mostró tener un excesivo celo a la hora de defender la prioridad de algún invento o descubrimiento, aun cuando no le correspondiera tal mérito. Por ejemplo, publicó un folleto con instrucciones para el uso del compás militar o de proporcióon. Este ya había sido inventado en Alemania aproximadamente cincuenta años antes, Galileo lo mejoró como había hecho con otros aparatos, pues también era un hábil constructor.

El problema empezó cuando un matemático llamado Baldassare Capra publicó en Padua, un año después que Galileo, otro folleto de instrucciones para el uso del mencionado compás. Capra reclamaba la prioridad sobre la invención del aparato y Galileo se vio acusado de plagio. Éste era un delito grave y Galileo tuvo que organizar su defensa de manera efectiva, para lo cual se presentaron las declaraciones de Sagredo, Mazzoleni y la de Paolo Sarpi, personaje éste último muy cercano al Senado veneciano. Todos ellos afirmaron que en 1597 habían sido instruidos por Galileo en el uso del instrumento. También se descubrió que entre los asistentes a las sesiones de instrucción estaba el acusador Capra, que en aquel entonces contaba con solo diecisiete años de edad.

Cuando los encargados de investigar el asunto encontraron que el libro de Capra era esencialmente una traducción al latín del libro de Galileo (escrito en italiano), el acusador se convirtió en acusado, fue expulsado de Padua y los ejemplares de su libro fueron requisados.

No obstante lo obvio del plagio de Capra y la decisión de las autoridades venecianas a favor de Galileo, este fue incapaz de alzarse por encima del penoso incidente. Las autoridades deshonraron a Capra, sin embargo, no satisfecho con esto, Galileo se sintió obligado a publicar un folleto sobre el asunto, con el pretexto de que treinta ejemplares del libro de Capra no habían aparecido. El folleto llevó por título Defensa contra las calumnias e imposturas de Baldassare Capra, y en el Capra y su maestro, Simón Mario, fueron tratados de “malévolos enemigos del honor y de todo el género humano”, de “basiliscos que escupen veneno”, de “un educador que cría al joven fruto de su alma envenenada con hedionda basura”, de “un voraz buitre que se precipita sobre la cría aun no nacida para desgarrarle sus tiernos miembros”, etc.

Años más tarde, cuando Galileo ya era muy famoso y prestigiado, y Capra yacía en el olvido, volvió a recordar el desagradable episodio al inicio de su libro Il Saggiatore:

“Pero lo que no quiero es callar más sobre el segundo robo, que con gran audacia ha querido hacerme, el mismo que hace ya muchos años me hizo el primero, al apropiarse de la invención de mi compás geométrico, dado que yo, muchos años antes, había ya mostrado y enseñado su uso a un gran número de señores, y finalmente lo había dado a la estampa, séame perdonado esta vez el que contra mi manera de ser, contra mis normas y costumbres, y tal vez con demasiada actitud, me resienta y proteste de algo que durante tantos años he silenciado. Hablo de Simón Mario Guntzehusano, que fue quien, ya en Padua, donde entonces yo me hallaba, tradujo al latín el uso del ya mencionado compás mío, y atribuyéndoselo, lo hizo publicar con el nombre de un discípulo suyo, para, a continuacion, tal vez para huir del castigo volverse a su país; dejando a su escolar, como se suele decir, hundido en el fango; contra este hube de proceder, ausente Simón Mario, del modo manifiesto que por entonces publiqué en la Defensa”.

Aquí Galileo mostraba un tono fuerte y pertinaz, no obstante la reconocida estatura intelectual que ya poseía en esos años, y del tiempo transcurrido.

Otro episodio que muestra la soberbia verdaderamente desmedida que llegó a manifestar Galileo fue cuando se vio envuelto en la controversia sobre las manchas solares, que más tarde tendría serias consecuencias para él.

En 1612, en Ingoldstadt, Baviera, un astrónomo jesuita muy competente, el padre Christopher Scheiner, y su joven ayudante Cyzat, aprovechando una neblina particularmente densa orientaron su telescopio hacia el Sol. Primero miró Cyzat, quien descubrió maravillado “unas manchas negras” en la superficie solar. El ayudante exclamó: “El Sol derrama lágrimas o esta afeado por manchas”. Al cabo de algunas observaciones Scheiner informó a Marcos Welser, de Augsburg, sobre su sensacional descubrimiento. Éste era un mecenas que también protegía a Kepler y de inmediato procedió a imprimir las notas enviadas por Scheiner bajo el seudónimo de “Apeles”, tal y como lo había pedido el propio jesuita. Welser envió el libro a Kepler y a Galileo pidiéndoles su opinión.

Kepler contestó enseguida y señaló que había observado una mancha solar en 1607, “de las dimensiones de una menuda pulga”, y que había pensado que se trataba de Mercurio en su tránsito frente al Sol. Luego citó observaciones similares que se remontaban a la época de Carlomagno e interpretó las manchas como zonas de enfriamiento del Sol.

Galileo tardó más de tres meses en dar su respuesta y pretendió ser el primero en realizar tales descubrimientos. Señaló que había observado manchas solares durante dieciocho meses, y que un año atrás las había mostrado a “muchos prelados y gentiles hombres de Roma”; pero no nombraba a ninguno de dichos testigos. En marzo de 1613, Galileo publicó las “Cartas sobre las manchas solares”. En la introducción´, él mismo se declaraba primer observador de las manchas del Sol. Un año después de la publicación de las Cartas se conoció la identidad de Apeles. El sacerdote había publicado con ese seudónimo debido a todos los obstáculos que puso su ordentemerosos de estar cometiendo un error, pero ahora el padre exigía su crédito. Scheiner no retrocedió en sus reclamos sobre la prioridad en el descubrimiento, así que Galileo se vio envuelto en esta polémica y la lucha se haría más encarnizada en los años siguientes y desempeñaría un importante papel en el juicio que se siguió contra Galileo dieciocho años después. Como siempre, Galileo se consideró o la parte agraviada y escribiría ocho años más tarde en Il Saggiatore:

“Las Cartas sobre las Manchas Solares, por ¿cuantos y de qué modos no fueron combatidas?; una materia que ofrecía tanto campo para abrir los intelectos hacia reflexiones admirables, o no creída o poco estimada, fue completamente vilipendiada por muchos. Otros, por no querer asentir con mis ideas, han presentado contra mí opiniones ridículas e imposibles, y otros, en fin convencidos y doblegados por mis razonamientos, han intentado despojarme de una gloria que era mía, y fingiendo no haber leído mis escritos, intentaron, presentarse como descubridores de maravillas tan extraordinarias”.

 

J.L. Alvarez García

Departamento de Física, Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México

Acerca de esta publicación: El artículo titulado “ Galileo Galilei, el hombre detrás de los descubrimientos ”, de J.L Álvarez García, corresponde a un extracto del ensayo académico “ Luz y sombra de Galileo Galilei ” del mismo autor.

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