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Ciudades inteligentes: definición, retos y realidades actuales

Dorota Sikora Fernández

07/06/2021 - 05:00

 

Ciudades inteligentes: definición, retos y realidades actuales
Foto: researchgate.net

 

Una ciudad contemporánea no es solamente su estructura física, también es una enorme red de ciberconexiones enfocadas a optimizar el consumo de recursos urbanos y procesos de prevención de efectos externos negativos, resultantes del funcionamiento de la ciudad, conforme con la idea de desarrollo sostenible. En la última década, han aparecido conceptos orientados al ahorro de recursos. Uno de estos conceptos es el de crecimiento inteligente (smart growth) que es un método de planificación especial y de planificación de redes de transporte, para evitar el incremento de costes resultantes de la expansión territorial de las ciudades. Cada vez con más frecuencia, se destaca a las ciudades avanzadas tecnológicamente, como ciudades inteligentes (intelligent cities) que se esfuerzan por ahorrar todo tipo de recursos (incluyendo recursos financieros), tiempo o energía.

El concepto de Smart city –o ciudad inteligente- parece estar muy de moda, en la arena política de la última década. En su aspecto básico debe suministrar a las autoridades públicas soluciones que permitan convertir la ciudad en un entorno acogedor y respetuoso, facilitando la vida a todos los usuarios. Las autoridades destacan la importancia de la infraestructura ICT en la vida y desarrollo de las ciudades. No obstante, subrayan también la importancia del capital humano y social, un entorno natural limpio y un transporte eficiente, como principales factores de desarrollo de las áreas urbanizadas.

Las ciudades son el cimiento del mundo civilizado. No son solamente el resultado de trabajo del hombre, fruto de una extraordinaria cooperación entre personas, sino también el lugar de concentración de actividades, incubadoras de nuevas ideas y fuerza propulsora del crecimiento económico. El proceso de urbanización es un rasgo de la civilización contemporánea. Su transcurso y carácter están ligados estrechamente con la globalización y el avance tecnológico. Durante décadas, la atención de los científicos y autoridades estaba centrada en responder a la pregunta de cuál es la fuente de desarrollo de las ciudades y áreas urbanas y también sobre cómo la calidad de sistemas de suministro de bienes y servicios urbanos afecta la calidad de vida. El capital social, el conocimiento y las tecnologías avanzadas que permiten ahorrar tiempo y energía, se incluyen cada vez con más frecuencia, entre los factores más importantes que sostienen el desarrollo de centros urbanos.

La literatura relativa al concepto de Smart city, recoge la discusión relativa a la función que desempeñan las tecnologías innovadoras en la vida urbana. En los últimos veinte años, los políticos de nivel nacional y local, en diferentes regiones del globo, intentaron definir las normas que promocionan el uso de tecnologías de información y comunicación (ICT), para estimar el desarrollo de las áreas urbanas. No obstante, aun faltan criterios uniformes que permiten diferenciar una ciudad inteligente de otra menos inteligente. La disponibilidad y calidad de tecnologías avanzadas son factores únicos para otorgar a una ciudad el atributo de “ciudad inteligente”. Algunos investigadores aplican a este concepto la relación entre la infraestructura teleinformática y el rendimiento económico. Otros resaltan que los problemas vinculados con el crecimiento de las aglomeraciones urbanas se solucionan frecuentemente con medios creativos, cooperación de partes interesadas, capital humano, ideas innovadoras –o sea, recurriendo a métodos “inteligentes”–. En consecuencia, las ciudades inteligentes deben centrarse en soluciones hábiles que permitan desarrollar las ciudades modernas, a través de una mejora cualitativa y cuantitativa de su productividad (Caragliu, Del Bo, Nijkamp 2011).

El concepto de smart city une varias ideas relativas al desarrollo de la ciudad. El enfoque europeo de la ciudad inteligente se basa en actuaciones vinculadas con la reducción de emisiones de dióxido de carbono y acciones cuyo objetivo sea el aprovechamiento eficaz de la energía, en cada área de actividad de la ciudad junto con la mejora simultánea de la calidad de vida de los habitantes. Siguiendo esta visión común europea, el funcionamiento de una ciudad inteligente se basa en la cooperación, para estimular el progreso en áreas en las que, la generación, distribución y aprovechamiento de la energía, la movilidad y transporte, las tecnologías modernas están estrechamente relacionadas y ofrecen una mejora en la calidad de servicios suministrados, con simultánea reducción de consumo de energía y recursos, junto a la reducción de gases de efecto invernadero. Se considera que las modernas tecnologías urbanas hacen un aporte relevante al desarrollo sostenible de las ciudades europeas. Precisamente, las ciudades europeas son precursoras del paso hacia una economía de emisiones reducidas gracias, sobre todo, a las actuaciones que favorecen las inversiones en tecnologías innovadoras e integradas.

En Estados Unidos, en el transcurso de los últimos 30 años, se desarrollaron diferentes conceptos relativos al aprovechamiento de innovaciones y tecnologías innovadoras, en diferentes áreas de funcionamiento de la ciudad. Las ciudades basadas en el conocimiento (knowledge-based cities) se centran, sobre todo, en la educación, el desarrollo del capital intelectual, aprendizaje permanente, la creatividad y el mantenimiento de un elevado nivel de innovación. Por otro lado, las tecnologías de comunicación e información son factores claves para el desarrollo de ciudades digitales (digital cities).

Las ecociudades recurren a fuentes renovables de energía y enfocan sus acciones en la protección del medio ambiente y sus recursos. No obstante, una smart city no es solamente tecnología. Hollands (2008) resalta la falta de una definición inequívoca de la ciudad inteligente destacando, también, que muchas ciudades aspiran a ser reconocidas como ciudades inteligentes. Richard Florida, que desarrolló el término “clase creativa” demostró que en las ciudades creativas se reúnen las personas más creativas y dinámicas a desarrollar de la manera más dinámica. Con el fin de mantener este alto dinamismo del desarrollo, tales ciudades tendrán que proporcionar a sus habitantes con alto nivel de vida, entretenimiento interesante y libertad para expresarse.

En realidad, una ciudad descrita como smart debe fundir todos los criterios mencionados. Debe cumplir también, determinados criterios económicos y, particularmente, debe contar con un elevado nivel de rentabilidad y competitividad con demás ciudades en una economía global basada en el conocimiento. El cumplimiento de todos estos criterios y el mantenimiento de un elevado nivel de rendimiento requieren un aprendizaje continuo, disponibilidad de una adecuada cultura de innovación, cooperación y asociación entre las autoridades locales y diferentes grupos de usuarios de la ciudad. También resulta imprescindible la capacidad para atraer y mantener grandes especialistas y empresas.

Los problemas resultantes de determinar los elementos que conforman las smart cities se trasladan también a las dificultades relacionadas con redactar una definición inequívoca del concepto. A pesar de que no hay una definición común de las ciudades inteligentes (smart cities) los investigadores coinciden en cuanto a la cantidad de dimensiones que incluye este concepto (Lombardi et al., 2012). Se admite que las ciudades pueden definirse como smart o ciudades inteligentes, si poseen los siguientes elementos:

1. Economía (smart economy). Las ciudades deben destacar por una elevada productividad, apoyada en el aprovechamiento y fusión de factores de producción, en base a los conocimientos, el clima de innovación y la flexibilidad del mercado laboral; la economía debe caracterizarse por el aprovechamiento de soluciones innovadoras y adaptación flexible a las condiciones cambiantes. En este aspecto, el concepto de se aplica también a industrias “inteligentes”, vinculadas con ICT, así como parques de negocios y parques tecnológicos.

2. Transporte y comunicación (smart mobility). Gracias al sector ICT, la ciudad es una gigantesca red de conexiones de alta velocidad, que une todos los recursos de la ciudad; se admite que tanto el transporte tradicional como la comunicación digital deben basarse en tecnologías avanzadas, utilizadas para racionalizar el aprovechamiento de la infraestructura existente.

3. Medioambiente (smart environment). Una ciudad inteligente optimiza el consumo de energía, recurriendo a fuentes renovables de energía, implementando acciones para reducir emisiones nocivas para el medio natural. Su gestión de recursos se basa en el concepto de desarrollo sostenible. Las actuaciones a favor del medio natural, requieren un elevado nivel de educación y concienciación medioambiental.

4. Personas (smart people). En una ciudad inteligente hay una sociedad que aprende; los cambios de la ciudad deben ser promovidos por sus habitantes que, contando con el apoyo técnico adecuado, pueden emprender acciones que previenen el consumo excesivo de energía, la contaminación de medio ambiente y contribuir a la mejora de la calidad de vida.

5. Calidad de vida (smart living). Un entorno respetuoso y amigable, con amplio acceso a servicios públicos, infraestructura técnica y social, elevado nivel de seguridad y adecuada oferta cultural y de ocio, así como, el cuidado por el medioambiente y los espacios verdes.

6. Gestión y administración inteligente (smart governance). El desarrollo requiere la creación de un adecuado sistema de gestión y administración de la ciudad, implementación de procedimientos que requieran la cooperación de las autoridades y demás usuarios de la ciudad, aprovechando las tecnologías más innovadoras en el funcionamiento de la ciudad. Este aspecto incluye una administración pública inteligente, capacidad de creación de conocimientos y su uso en la práctica.

Estas seis dimensiones de las smart cities se unen con teorías tradicionales y neoclásicas de crecimiento y desarrollo de áreas urbanas (Lombardi et al., 2012). Estas dimensiones se basan en la teoría de competitividad de ciudades y regiones, capital social, gobernabilidad y nueva gestión pública, inscribiendo el uso de tecnologías avanzadas, entre los diferentes elementos. En efecto, cabe aceptar que este concepto supera decididamente el uso de las tecnologías innovadoras para un aprovechamiento eficaz de los recursos energéticos y la reducción de emisiones de CO2, abarcando también otros aspectos de la vida urbana y funcionamiento de la administración pública.

 

Dorota Sikora Fernández

Investigador-docente, Universidad de Lodz, Polonia, Facultad de Gestión, Departamento de la Gestión de la Ciudad y de la Región.

Acerca de esta publicación: el artículo “ Ciudades inteligentes: definición, retos y realidades actuales ” de la profesora Dorota Sikora, corresponde a un extracto del ensayo académico publicado anteriormente bajo el título: “ Factores de desarrollo de las ciudades inteligentes ” por el mismo autor.

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