Patrimonio
La Gigantona, patrimonio cultural de Pedraza

La Gigantona es patrimonio cultural de Pedraza; sin embargo, ese proceso no fue de la noche a la mañana, es producto de una construcción que ha requerido de la constancia de los artesanos que la han fabricado, del entusiasmo de las personas que la incorporaron a las fiestas patronales y de quienes han continuado con la tradición.
La irrupción de La Gigantona en las fiestas patronales se produjo en los primeros años de la década del setenta. Su fabricante fue el artesano Pedro Ruiz Santander, quien, como músico de la banda de viento que dirigían Eladio Ruiz y Virgilio Santander, observó en Magangué los muñecos que ponen en escena cada once de noviembre.
Él, como buen artesano, calladamente comenzó la fabricación de la primera muñeco y, una vez terminó de hacerla, la depositó en el cuarto de la vivienda que ocupaba con su compañera, Benilda Zabaleta, dos de sus hijas y dos nietos. "Esa noche los pelaos no durmieron porque le tenían miedo, más cuando papá la ocultó con una sábana", recuerda Lourdes Ruiz.
Yo también le tuve miedo cuando la vi en la calle por primera vez. Ella, La Gigantona, iba acompañada de pocas personas y sin la presencia de la banda de viento. Esto porque aún no hacía parte de la programación oficial de las fiestas. Entonces lucía un vestido confeccionado con retazos de tela por Petronila Mendoza y maquillada como Julia Mendoza lo dispuso así como los aretes que ella le colgó en sus orejas.
Desde esa primera ocasión la ruta de La Gigantona ha sido la misma de la procesión de San Pablo, yendo por la segunda calle, la misma donde está la iglesia, con rumbo hacia el barrio Arriba, para luego tomar, por la calle tercera, hacia el barrio Abajo y volver a su punto de partida, la mitad del pueblo.
Al año siguiente, volvió a salir La Gigantona, esta vez acompañada de un muñeco al que Pedro le dio el nombre de “Pirulo”, quien por su peso fue descartado para posteriores fiestas.
Pedro Ruiz debió esperar tres años para que su invento fuera incorporado a la programación de la fiesta; además, fue la primera vez que recibió un estímulo económico: la Junta le pagó ochenta mil pesos por fabricarlo. Desde entonces, su puesta en escena ha estado acompañada por la banda de música. Y fue cuando creció el número de participantes en su recorrido por las calles, personas que le dieron la característica de un jolgorio carnavalero.
Sin embargo, después hubo un proceso de decaimiento en cuanto a la participación en su baile; sin embargo, Libia, Ornella, Lourdes, Delia, “La Lindo”, Rochi, Elvita, todas de la familia Ruiz, así como Sofía Meneses, las hermanas Valencia Bolaño, Aleida Santander, entre otras y otros, se convirtieron en sostén de lo que iba camino a desaparecer como tradición. En efecto, se echaron al hombro la existencia de La Gigantona.
Fue cuando, como crítico y presidente de la Junta Profiesta, producto de la poca afluencia de personas para acompañarla, limité los días para bailarla. La protesta de los bailadores no se hizo esperar y casi se toman la casa donde yo vivía. Lo hicieron gritando: ¡Abajo el mal gobierno!
Pero hubo un hecho providencial que permitió que La Gigantona se consolidara como representante de la cultura nuestra: la participación en su puesta en escena de jóvenes, mujeres y hombres, habitantes del barrio Arriba. Hasta entonces la negativa de ellos a participar obedeció a la división de la juventud entre los de ese barrio y los de Abajo.
Para cuando la banda de viento 20 de julio de Repelón comenzó a animar las fiestas, ya La Gigantona era uno de los eventos más importantes de las patronales, tanto que Daudet Cantillo, director de esta agrupación, le compuso una canción. Y ya su figura había sido replicada en algunos pueblos circunvecinos donde también adquirió la característica de identidad cultural.
Cuando Pedro Ruiz se convirtió al cristianismo, abandonó la fabricación de La Gigantona y cedió la parte superior de ella a Petronila Mendoza. Para entonces, Lourdes Ruiz ya había aprendido a fabricarla, constituyéndose en su principal fabricante, sin olvidar a Rocío Ruiz. Lourdes es resistente a modificar la estructura que ideó su padre, que está conformada en su parte inferior por madera y bejucos.
Hoy La Gigantona pertenece a los pedraceros y sin lugar a dudas, es de los bienes colectivos más preciados. Niños y niñas, adolescentes, jóvenes y algunos mayores invaden las calles bailándola al compás de la música.
Uno de esos adultos es El Cachi Lozano, de quien se cuenta una historia que lo relaciona con su compañera permanente y su negocio de panadería. Angustiado porque ella no iba a reemplazarlo en el negocio y La Gigantona ya casi salía a las calles, le expresó su molestia a Emil Lozano Acosta:
"Estoy esperando a la Negra, y como sabe que voy a acompañar La Gigantona, no viene. Por eso le dije que yo sí la reemplazaba cuando le correspondía ir a Barranquilla para tratamientos médicos. Y ella me respondió: "¿Cómo vas a comparar a la Gigantona con un médico?". Y yo le contesté: ¡Para mí ella es más importante que un especialista!
Álvaro Rojano Osorio
Sobre el autor
Álvaro Rojano Osorio
El telégrafo del río
Autor de los libros “Municipio de Pedraza, aproximaciones historicas" (Barranquilla, 2002), “La Tambora viva, música de la depresion momposina” (Barranquilla, 2013), “La música del Bajo Magdalena, subregión río” (Barranquilla, 2017), libro ganador de la beca del Ministerio de Cultura para la publicación de autores colombianos en el portafolio de estímulos 2017, “El río Magdalena y el Canal del Dique: poblamiento y desarrollo en el Bajo Magdalena” (Santa Marta, 2019), “Bandas de viento, fiestas, porros y orquestas en Bajo Magdalena” (Barranquilla, 2019), “Pedraza: fundación, poblamiento y vida cultural” (Santa Marta, 2021).
Coautor de los libros: “Cuentos de la Bahía dos” (Santa Marta, 2017). “Magdalena, territorio de paz” (Santa Marta 2018). Investigador y escritor del libro “El travestismo en el Caribe colombiano, danzas, disfraces y expresiones religiosas”, puiblicado por la editorial La Iguana Ciega de Barranquilla. Ganador de la beca del Ministerio de Cultura para la publicación de autores colombianos en el Portafolio de Estímulos 2020 con la obra “Abel Antonio Villa, el padre del acordeón” (Santa Marta, 2021).
Ganador en 2021 del estímulo “Narraciones sobre el río Magdalena”, otorgado por el Ministerio de Cultura.
1 Comentarios
Muy buen artículo. Me estoy enterando que esta expresión folklórica carnavalera es de tradición relativamente reciente, pero es así como surgen las costumbres. Gracias por permitirme acercarme un poquito al pueblo de Pedraza y sus tradiciones.
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