Patrimonio
Los imagineros de los pasos guamaleros

Cada año, cuando inicia el tiempo de Cuaresma, empiezan a activarse en Guamal los talleres comunitarios improvisados y los de oficio: se ponen en movimiento manos que lijan, cosen, ensamblan, retocan, iluminan y decoran, poniendo a punto los elementos centrales de las procesiones antes de que las marchas rompan el silencio nocturno y antes de que las andas crucen las calles.
La teatralidad procesional —esa escenografía efímera que convierte el espacio urbano en escenario sagrado— no es producto exclusivo de la devoción, sino de un sistema de oficios que sostienen materialmente la experiencia ritual.
En el ejercicio historiográfico que se ha venido desarrollando en torno a la Semana Santa guamalera, hasta ahora, el foco se ha sostenido en la memoria musical y la figura de los compositores de las marchas procesionales. Sin embargo, junto a esa dimensión sonora existe otra, igualmente decisiva y menos documentada: la de los imagineros, ebanistas, costureras y ornamentadores que hacen posible la materialización anual de la Pasión. Sin sus saberes técnicos y estéticos, la procesión sería apenas intención; con ellos, se convierte en acontecimiento visible, táctil y compartido.
Los oficios artesanales vinculados a la celebración constituyen un entramado complejo que combina permanencia y adaptación. La imaginería religiosa, la ebanistería estructural de las andas, la confección textil y la ornamentación efímera conforman un sistema que no se limita a la producción de objetos, sino que participa de una lógica devocional en la cual los bienes muebles adquieren sentido pleno únicamente durante el tiempo ritual. Se trata de un arte que se activa en la calle y que, aunque posee soporte material, pertenece en esencia al ámbito de lo efímero.
La imaginería guamalera, inscrita en un circuito regional de circulación de formas devocionales con fuerte vínculo histórico con Mompox, no reproduce mecánicamente modelos externos. Más bien, los apropia y los reinterpreta desde una sensibilidad local que la crítica ha asociado con el arte popular o ingenuo: simplificación de formas, gestos esquemáticos, proporciones no naturalistas y una expresividad directa que privilegia el reconocimiento comunitario sobre el virtuosismo académico. Su fuerza no reside en la mímesis barroca, sino en la capacidad de convertir lo sagrado en signo cercano.
No obstante, a pesar de su centralidad simbólica, los nombres y trayectorias de quienes han tallado, restaurado y transformado estas imágenes, apenas han sido sistematizados. Las biografías de los imagineros —muchas veces transmitidas oralmente, fragmentadas o dispersas en la memoria familiar— forman parte de un patrimonio que aún no ha recibido la atención que merece. Documentarlas no responde solo a un ejercicio de reconocimiento individual, sino a la necesidad de comprender cómo se ha construido, generación tras generación, el universo visual de la Semana Santa guamalera.
En tiempos en que la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial exige identificar no solo las prácticas sino los saberes que las hacen posibles, resulta urgente volver la mirada hacia estos artesanos. Sus manos han modelado no solo madera, sino también la manera en que la comunidad imagina, representa y actualiza su fe. Las páginas que siguen buscan, precisamente, presentar la biografía y la obra de esos imagineros que, desde el anonimato relativo del taller, han dado forma visible a la memoria devocional de Guamal.
Este recorrido se organiza en orden cronológico, con el propósito de mostrar la continuidad y las transformaciones de la tradición imaginera guamalera a lo largo de más de un siglo.
Felipe Peredo Molina
Imaginero y tallador nacido en 1861, según consta en el registro parroquial de su defunción (Parroquia de Santa Cruz de Mompox, 1937), hijo de Martín Peredo y Victoria Molina. Integró, junto con sus hermanos Juanito y Manuel Marcelino, una familia dedicada a la imaginería religiosa en la región (Domínguez, 2019).
Los Peredo introdujeron en algunos de sus pasos un personaje no bíblico conocido como el Perenchico, cuya denominación aludiría a “los chicos Peredo”. Esta figura aparece en pasos de Guamal, Mompox y Tenerife, lo que evidencia la circulación regional de modelos iconográficos y soluciones plásticas asociadas al taller familiar.
En Guamal, Felipe Peredo ocupa un lugar fundacional dentro de la tradición imaginera. A él se atribuye la construcción de los primeros pasos utilizados en las procesiones locales —Jesús ante Pilato, La penitencia o El paso grande y el primer Santo sepulcro—, obras que marcaron el inicio de un lenguaje plástico propio en la Semana Santa guamalera. Falleció el 13/07/1937 en Mompox, donde fue sepultado.
Con él se inaugura, en términos documentales y materiales, la tradición imaginera guamalera. Su obra marca el punto de partida de un lenguaje plástico que, con variaciones y actualizaciones, sería retomado por las generaciones posteriores.
Félix Maximiano Guerra Rodríguez
Aserrador y carpintero nacido en Pijiño del Carmen el 21/02/1895, según testimonio de su nieto Alejandro Guerra, y fallecido en Guamal el 10/06/1953, de acuerdo con la inscripción en su lápida. Como muchos artesanos de la región, migró y se estableció definitivamente en Guamal, donde formó familia y dejó descendencia vinculada a diversos ámbitos de la vida cultural y educativa del municipio.
Su formación en oficios madereros le permitió vincularse a la elaboración de pasos procesionales en la Semana Santa local. Se le atribuye la construcción del paso Cruz de Caravaca, realizado por encargo del sacerdote Marco Rojo, en 1949, así como del paso La negación, cuya fecha de construcción no se ha podido corroborar aún.
Su trayectoria ilustra los procesos de movilidad artesanal que caracterizaron al bajo Magdalena, mediante los cuales saberes técnicos y estéticos circularon entre poblaciones vecinas y se integraron a las tradiciones locales.
Su figura representa la integración de saberes foráneos al tejido artesanal local, evidenciando cómo la tradición guamalera se consolidó no solo por continuidad interna, sino también por procesos de migración y adaptación regional.
Juan Bautista Pérez Florián
Zapatero, carpintero, dibujante y director de danzas y comedias, nacido en Guamal el 03/02/1906. Según testimonios de su hijo, Adinson Pérez Montero, organizó durante varios años una Semanasantica en Guataquita, corregimiento de Margarita (Bolívar), lo que evidencia su participación activa en la difusión de prácticas devocionales y festivas en distintos puntos de la región.
En 1935 construyó el paso conocido como El arbolito o La oración en el huerto de los olivos, obra realizada en el taller de ebanistería donde laboraba en Mompox. Este dato sugiere su inserción en los circuitos artesanales momposinos de la época, caracterizados por la producción y circulación regional de imaginería religiosa. El paso permanece actualmente bajo custodia de su hijo Adinson, desde el fallecimiento de su autor el 06/02/1977 en Guamal.
Aunque no se cuenta con documentación que permita identificar con certeza el taller en el que se elaboró este paso, resulta plausible que Juan Bautista Pérez Florián hubiese trabajado en alguno de los talleres momposinos activos en la década de 1930, entre ellos el asociado a la familia Peredo, dado que esta última realizó versiones del mismo pasaje iconográfico en fechas cercanas. Esta hipótesis, no obstante, requiere verificación documental adicional.
Su trayectoria articula oficios manuales, prácticas escénicas y elaboración de imaginería, configurando un perfil polivalente que dialoga con la tradición artesanal y festiva del bajo Magdalena.
Su perfil polivalente confirma que, en el bajo Magdalena, la imaginería no fue un oficio aislado, sino parte de un universo creativo más amplio donde artes manuales, escenificación y pedagogía popular se entrelazaban.
Músico, albañil y carpintero nacido en Mompox el 13/09/1913. Participó en la realización de la primera Semanasantica momposina en 1945, hecho que le acarreó, junto a otros participantes, la excomunión por parte del obispo de Cartagena (Domínguez, 2019). Su posterior traslado y arraigo en Guamal lo convirtieron en una figura clave de la vida cultural del municipio, donde residió hasta su fallecimiento el 13/01/2013.
En el ámbito de la Semana Santa guamalera, se le atribuye la traída a Guamal del paso de la Cruz de Caravaca desde Mompox y su introducción en el municipio. También construyó el paso Jesús caído entre 1995 y 1996 y realizó múltiples labores de restauración a lo largo de su vida de acuerdo a los testimonios de su hijo Rosbel. Hizo parte de la primera junta organizadora de la Semana Santa, junto a Pepe Rodríguez, Juan Cervantes y Rudecindo Rodríguez, contribuyendo a sentar las bases de una organización laica articulada con la parroquia. La continuidad de su legado artesanal se manifiesta en la labor de su hijo, Huber Ponce Angarita, quien elaboró en 2002 la cruz actualmente utilizada en el paso La Penitencia, originalmente construido por Felipe Peredo.
Paralelamente a su trabajo como artesano, desarrolló una activa trayectoria musical. En Mompox integró el grupo El Tresillo, como baterista, entre 1945 y 1950. Ya en Guamal fue miembro del Cuarteto Aires de Guamal durante las décadas de 1970 y 1980, como guitarrista, junto a Luis Zambrano Cadena (dirección y saxofón), Alfredo Arteaga Alemán (flautín), Manuel López (flauta) y, ocasionalmente, Pedro Antonio Arias o Electo Alfaro (Pedrozo, 2006, p. 174).
Su participación en la vida comunitaria trascendió los ámbitos religioso y musical. Construyó el obelisco ubicado en el parque centenario de Guamal y, junto a su esposa, Carmen Angarita, organizó durante muchos años casetas para la temporada carnavalera. Estas actividades evidencian una figura profundamente vinculada a la construcción material y simbólica del espacio público, cuyo legado articula artesanía, música y organización festiva dentro de una misma trayectoria vital.
En su trayectoria convergen tres dimensiones fundamentales de la cultura local —imaginería, música y organización festiva—, lo que lo convierte en una figura bisagra entre tradición artesanal y dinamización comunitaria del espacio público.
Luis Rafael Ávila Estrada
Imaginero, pintor, ebanista y tallador guamalero, nacido en Mompox el 17 de agosto de 1917 y fallecido en Guamal el 7 de agosto de 1969. Hijo de Germán Ávila y Dolores Estrada.
Se destacó como uno de los principales constructores de pasos de la Semana Santa guamalera en la primera mitad del siglo XX. Entre las obras que la tradición local le atribuye se encuentran: La Samaritana, El beso de Judas, La flagelación, La última cena, Jesús ante Caifás, La Coronación y El Resucitado. Estas piezas contribuyeron a consolidar el repertorio iconográfico procesional del municipio y marcaron un momento de ampliación escenográfica en la teatralidad de las procesiones.
Además de su labor en imaginería, desarrolló una actividad constante en las artes plásticas, particularmente en la pintura de retratos de figuras de la política nacional, entre ellos Jorge Eliécer Gaitán, Alfonso López Michelsen, Laureano Gómez y Uribe Ruedas (Zambrano, 1997, p. 156).
Su legado artístico tuvo continuidad familiar. Varios de sus hijos se vincularon a la talla, la pintura y la ebanistería, entre ellos Aldo Ávila —constructor de varios pasos— y Jorge Eliécer Ávila —autor del actual Santo Sepulcro de Guamal—, lo que permite hablar de una tradición artesanal transmitida intergeneracionalmente.
Testimonios familiares señalan que antes de consolidarse como constructor de pasos mayores, habría realizado una “Semana Santica” y una gigantona, lo que sugiere un proceso formativo previo en formatos menores de representación ritual.
Con Ávila Estrada la Semana Santa guamalera experimenta una expansión iconográfica y escenográfica que consolida el repertorio procesional y fortalece una tradición familiar que marcaría varias décadas posteriores.
Aldo José Ávila Martínez
Pintor, ebanista y tallador guamalero, nacido el 09/12/1950 y fallecido el 25/10/2024 en Guamal. Hijo de Luis Rafael Ávila Estrada, continuó y reactivó la tradición imaginera y festiva iniciada por su padre, consolidándose como una de las figuras centrales de la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI en la Semana Santa guamalera.
Retomó la elaboración de Doña Gigantona y su comitiva, así como la realización de la Semanasantica, prácticas previamente impulsadas por su padre, contribuyendo a su permanencia dentro del calendario festivo local.
En la celebración principal de la Semana Mayor construyó los pasos Jesús y las mujeres, La Piedad y Jesús ante Herodes. Asimismo, realizó la reconstrucción integral de los pasos El Huerto de los Olivos, Jesús caído, La última cena y La Samaritana, intervenciones que permitieron la actualización material y estética del repertorio procesional.
Desarrolló también una faceta de dramaturgia popular, escribiendo letanías y libretos satíricos para la comedia del Año Viejo, en la cual se hacía un balance jocoso de los acontecimientos más relevantes del municipio (A. Ávila, comunicación personal, 3 de septiembre de 2025). Su trayectoria articula imaginería, escenificación y crítica festiva, reafirmando la estrecha relación entre arte religioso y cultura popular en Guamal.
Su labor puede entenderse como un proceso de reactivación y actualización de la tradición, en el que restaurar, reconstruir y reinterpretar se convierten en estrategias de continuidad patrimonial.
Jorge Eliécer Ávila Martínez
Pintor, ebanista, escultor, publicista y tallador guamalero, nacido el 16/04/1946, integrante de la familia Ávila Estrada y continuador de la tradición artística iniciada por su padre, Luis Rafael Ávila Estrada. Su trayectoria se caracteriza por la articulación entre arte religioso, escultura pública y diseño arquitectónico.
En el ámbito civil realizó los bustos de Federico Zambrano De la Hoz y Bienvenido Rodríguez, ubicados en los colegios que llevan sus nombres. Asimismo, diseñó y dirigió la construcción de la primera Aula Máxima de la I.E.D. Bienvenido Rodríguez (J. Ávila, comunicación personal, 30 de agosto de 2025).
En el campo del arte religioso diseñó y dirigió la construcción de la capilla del corregimiento de Bellavista y elaboró las nuevas versiones de dos de los pasos más emblemáticos de la Semana Santa guamalera: el Santo Sepulcro (1977) y el Resucitado (1980). Estas obras consolidaron una renovación estética del repertorio procesional en la segunda mitad del siglo XX.
Su obra evidencia el tránsito de la imaginería estrictamente procesional hacia una práctica artística que dialoga con el espacio civil, ampliando el campo de acción del imaginero más allá del calendario litúrgico.
Fernando Herrera Turizo
Ebanista y tallador momposino nacido el 23/11/1958, según los registros de la Parroquia de Santa Cruz de Mompox (1985). Hijo del imaginero Ángel María «Totón» Herrera Angarita, se formó en el entorno de la tradición artesanal familiar y ha desarrollado una trayectoria vinculada estrechamente a la Semana Santa guamalera.
En Guamal ha desempeñado un papel decisivo en la renovación reciente del repertorio procesional al construir los pasos La crucifixión (2014), El descendimiento, La Verónica (2023) y María Magdalena (2025). Asimismo, ha realizado trabajos de restauración en los pasos La coronación (2016) y La última cena (2019). Su obra lo consolida como una figura clave en la continuidad contemporánea de la tradición imaginera local.
En él se materializa la fase contemporánea de la tradición imaginera guamalera: renovación formal, restauración técnica y consolidación de un relevo generacional que mantiene activo el circuito regional de saberes.
Además de estos artesanos principales, se debe reconocer la labor de los señores Federico Vanegas, Wenceslao Herrera, José Anaxímenes Pedrozo, Luis Rafael Ávila Martínez, Huber Ponce y Eveiro Gómez, quienes, entre otros, han contribuido en la construcción y/o reparación de los pasos.
Las trayectorias aquí reunidas permiten comprender que la Semana Santa guamalera no es el resultado de gestos aislados, sino de una cadena ininterrumpida de aprendizajes, intercambios y reinterpretaciones. Cada paso procesional constituye, más que un objeto devocional, un archivo de madera y pigmento donde se inscriben historias familiares, redes regionales y modos locales de entender lo sagrado. La tradición imaginera no se preserva únicamente conservando imágenes antiguas; se mantiene viva en la transmisión de técnicas, en la actualización de formas y en la decisión colectiva de seguir tallando la fe año tras año. En esa persistencia artesanal se cifra una de las expresiones más profundas del patrimonio cultural guamalero.
Luis Carlos Ramírez Lascarro
Sobre el autor
Luis Carlos Ramirez Lascarro
A tres tabacos
Luis Carlos Ramírez Lascarro (Guamal, Magdalena, Colombia, 1984). Historiador y gestor patrimonial, egresado de la Universidad del Magdalena y Maestrante en Escrituras audiovisuales en la misma universidad.
Autor de los libros: Confidencia: Cantos de dolor y de muerte (2025); Evolución y tensiones de las marchas procesionales de los pueblos de la Depresión Momposina: Guamal y Mompox (en coautoría con Xavier Ávila, 2024), La cumbia en Guamal, Magdalena (en coautoría con David Ramírez, 2023), El acordeón de Juancho (2020) y Semana Santa de Guamal, Magdalena, una reseña histórica (en coautoría con Alberto Ávila Bagarozza, 2020).
Ha escrito las obras teatrales Flores de María (2020), montada por el colectivo Maderos Teatro de Valledupar, y Cruselfa (2020), monólogo coescrito con Luis Mario Jiménez, quien también lo representa. Su trabajo poético ha sido incluido en antologías como: Quemarlo todo (2021), Contagio poesía (2020), Antología Nacional de Relata (2013), Tocando el viento (2012), Con otra voz y Poemas inolvidables (2011), Polen para fecundar manantiales (2008) y Poesía social sin banderas (2005), y en narrativa, figura en Elipsis internacional y Diez años no son tanto (2021).
Como articulista y editor ha colaborado con las revistas Hojalata, María mulata (2020), Heterotopías (2022) y Atarraya cultural (2023), y ha participado en todos los números de la revista La gota fría (No. 1, 2018; No. 2, 2020; No. 3, 2021; No. 4, 2022; No. 5, 2023; No. 6, 2024 y No.7, 2025).
Entre los eventos en los que ha sido conferencista invitado se destacan: Ciclo de conferencias “Hablando del Magdalena” de Cajamag (2024), con el conversatorio Conversando nuestra historia guamalera; Conversatorio Aproximaciones históricas a las marchas procesionales de los pueblos de la Depresión Momposina: Guamal y Mompox (2024); Primer Congreso de Historia y Patrimonio Universidad del Magdalena (2023), con la ponencia: La instrumentalización de las fuentes históricas en la construcción del discurso hegemónico de la vallenatología; el VI Encuentro Nacional de Investigadores de la Música Vallenata (2017), con Julio Erazo Cuevas, el juglar guamalero; y el Foro Vallenato Clásico (2016), en el marco del 49º Festival de la Leyenda Vallenata, con Zuletazos clásicos.
Ha ejercido como corrector estilístico y ortotipográfico en El vallenato en Bogotá, su redención y popularidad (2021) y Poesía romántica en el canto vallenato: Rosendo Romero Ospino, el poeta del camino (2020), donde además participó como prologuista.
Realizó la postulación del maestro cañamillero Aurelio Fernández Guerrero a la convocatoria Trayectorias 2024 del Ministerio de Cultura, en la cual resultó ganador; participó como Asesor externo en la elaboración del PES de la Cumbia tradicional del Caribe colombiano (2023) y lideró la postulación de las Procesiones de semana santa de Guamal, Magdalena a la LRPCI del ámbito departamental (2021), obteniendo la aprobación para la realización del PES en 2023, el cual está en proceso.
Sus artículos han sido citados en estudios académicos como la tesis Rafael Manjarrez: el vínculo entre la tradición y la modernidad (2021); el libro Poesía romántica en el canto vallenato: Rosendo Romero Ospino, el poeta del camino (2020) y la tesis El vallenato de “protesta”: La obra musical de Máximo Jiménez (2017).
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