Patrimonio

Valor de las fiestas patronales

Diógenes Armando Pino Ávila

05/02/2020 - 05:25

 

Valor de las fiestas patronales
Fiestas patronales en Cartagena de Indias / foto: archivo Panoramacultural.com.co

 

Las fiestas patronales son una tradición hispánica heredada en tiempos coloniales, el español iba siempre acompañado de un capellán buscando riquezas y propagando la fe católica.

Cuando se hacía una fundación ésta era oficiada por el jefe de la expedición en nombre del rey y por el capellán en nombre de la iglesia. No era raro que tomaran del santoral católico el santo del día y le pusieran al poblado ese nombre o asociaran la población con dicho santo erigiéndolo como su patrono, y cada año en su fecha se le festejaba con solemnidades.

En otros casos, el santo patrono obedece a una costumbre individual de cualquier parroquiano, que en su fe le agradecía la intercesión o milagro recibido, y a partir de su costumbre individual se extendía a los miembros de la familia y luego a sus vecinos, hasta cobijar a todo el poblado, pasando de ser una costumbre individual a una costumbre colectiva y finalmente convertirse en tradición.

Las solemnidades con que se honra el santo patrono se acompaña con festejos seculares como bailes y cantos, comparsas y otras manifestaciones del acervo cultural de los pueblos. Como herencia española aparecen las corralejas donde se dan corridas de toros y se improvisan toreros, generalmente humildes trabajadores del campo que se desempeñan en labores de ordeño y vaquería.

Las festividades comienzan nueve días antes de la fiesta en sí recibiendo el nombre de «novenas» en las que los barrios, sectores de la población o gremios se encargan de financiar. En los pueblos de la costa, sobre todo los de cultura «riana», a medio día presentan los llamados «números», que no es otra cosa que la presentación de personas que soportan un caparazón que caracteriza, entre otras a La Gigantona, El caimán, La galápaga, Los enanos, y otros personajes festivos con que recorren el sector al que le corresponde la novena, siendo acompañados por una «banda papayera» y un enjambre de muchachos que curiosean y festejan las ocurrencias de estos personajes.

El recorrido termina en cualquier esquina y ahí se hacen otros «números» como «carrera de encostalados» donde un grupo de jóvenes corren metidos hasta la cintura dentro de un costal.  La «carrera de huevo» es otro número donde un grupo de muchachas trasportan un huevo de gallina en una cuchara sopera que sostienen entre los dientes por el mango y deben recorrer una cuadra sin dejar caer el huevo. Otra competencia es colgar una tabla de una cuerda en el centro de la calle, en ella fijan unas monedas pegadas con miel de panela endurecida, montan un participante sobre una mesa, le amarran las manos a la espalda y suben la tabla con las monedas a la altura de su cabeza y el muchacho trata de arrancar las monedas con los dientes.

En la víspera y en el día del santo a más de las corralejas también se hacen carreras de caballos, últimamente cabalgatas, manera en que los terratenientes hacen prevalecer su poder económico por encima de sus conciudadanos. En las noches se hace la procesión y la celebración religiosa y después de éstas se queman las «bolas de fuego» que son pateadas por los muchachos, se exhibe «la vaca loca», se queman los juegos pirotécnicos, que en mi tierra llaman «castillos» y a partir de ahí comienza el baile, antaño bailes cataos, luego cumbiones, andando el tiempo porros y fandangos, después con la llegada de los tocadiscos y bocinas se amenizaban con pick Up y últimamente con conjuntos vallenatos.

En aras de preservar el valor cultural de estas costumbres y tradiciones es necesario que los mayores le hablen a los jóvenes de estas festividades, y que en la escuela y el colegio se analice su valor cultural, para que las nuevas generaciones resignifiquen éstas manifestaciones culturales como formas identitarias de nuestro pueblo, y puedan seguir siendo parte de nuestra cultura, costumbre y tradición y no desaparezcan en el globalizado mundo de hoy.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

 

Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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