Patrimonio

El rescate de la Historia cultural: el caso del CEMSA en San Diego (Cesar)

Redacción

28/01/2015 - 07:10

 

Armando Arzuaga Murgas

Con un contexto de postconflicto cada vez más palpable y un despertar económico que facilita paulatinamente la implementación de nuevos proyectos sociales, Colombia ha iniciado en esta década el camino a la recuperación de su historia cultural siguiendo las directrices e incentivos del Ministerio de Cultura.  

En la costa Caribe, se han registrado numerosos proyectos que buscan rescatar el patrimonio cultural: las costumbres, los monumentos y otras expresiones que han podido verse afectados por la violencia, o incluso, la indolencia de las políticas públicas.

En esta ocasión, destacamos el recorrido del Centro Municipal de Memoria de San Diego (CEMSA), dirigido por Armando Arzuaga Murgas, quien, desde sus inicios, ha tratado de sensibilizar a sus conciudadanos -mediante actividades didácticas y lúdicas- sobre la importancia de valorar la Historia y el Patrimonio que les identifica.

La lucha no es de un solo día, y no pueden limitarse al sector social o privado, pero ya se notan algunos cambios e iniciativas que dan fe de los buenos avances del centro de memoria. En la siguiente entrevista concedida a PanoramaCultural.com.co, el coordinador del CEMSA nos invita a recorrer el camino tortuoso de la conservación del Patrimonio cultural y las perspectivas de futuro.

Hace poco más de dos años se inauguraba el Centro Municipal de Memoria de San Diego (Cesar) con el fin de recuperar, registrar y salvaguardar la memoria común local. ¿Cómo ha evolucionado desde entonces y cuáles han sido sus mayores logros?

Empiezo con una aclaración: aquel 16 de noviembre del 2012 lo que se hizo fue la presentación del Centro de Memoria en su sede, pero el CEMSA fue previsto y surgió como colectivo en el año 2009, cuando el Ministerio de Cultura implementó la estrategia del Programa Nacional de Centros de Memoria en el municipio de San Diego. Luego, la Alcaldía Municipal nos dio vida jurídica mediante el Decreto N° 10-0042 del 09 de agosto del 2010, que podría decirse es la fecha fundacional del CEMSA.

La evolución ha sido lenta y un poco llena de obstáculos: la sede tardó dos años en ser acondicionada y entregada, y cuando lo hicieron nos la entregaron sin protectores en las ventanas. Los equipos con que nos dotó el Mincultura llegaron y tuvimos que guardarlos en el almacén de la Alcaldía para poder protegerlos. Hubo cambio de gobierno y cuando llegó el nuevo Alcalde tuvimos que explicarle desde el principio qué era el CEMSA y sus objetivos. La entrega de los equipos todavía tardó otro tiempo mientras el Alcalde confirmaba la información, pero con la burocracia nuestra criolla los procesos culturales se ralentizan antes que agilizarse y en ese periplo se fue casi otro año. Por fin nos dieron los equipos y constatamos con desazón que algunos habían sido manipulados.

Finalmente, llegó la primera exposición que hacía parte del convenio de dotación, precisamente sobre la que ha sido nuestra punta de lanza desde que iniciamos: la ermita de Santa Ana de los Tupes, y esa inauguración es el evento que tú conoces como el primer acto oficial del CEMSA. Eso ha sido lo logístico, en lo funcional nos ha ido mejor: en tres años de actividad continua, a pesar de no tener mayores recursos, hemos logrado posicionar el Centro de Memoria en la comunidad. La gente ya me pregunta cuando me ve: ¿Cómo va el CEMSA? Y eso es satisfactorio.

Por otro lado, hemos realizado actividades culturales con distintos sectores de la población, todas en torno a la historia y el patrimonio cultural, y hemos puesto en boca de los sandieganos el tema del  “ancestro tupe” y la polémica por la negativa del Concejo Municipal a declarar la ermita de Santa Ana, de finales del siglo XVII, como Bien de Interés Cultural del ámbito Local. Con todo, el principal logro que tenemos para mostrar es que nos hemos posicionado entre los 10 Centros de Memoria más activos de Colombia, pues el Programa empezó con cerca de 40 Centros en el país, y esa cifra se fue reduciendo paulatinamente. Es un dato que nos dio María José Almarales, coordinadora nacional de los Centros de Memoria. Por eso mismo, el Ministerio de Cultura se mantuvo muy pendiente de nosotros a lo largo del 2014 con una serie de talleres y actividades formativas.

Cuando se refiere a la Memoria, ¿a qué memoria concretamente? ¿Qué períodos de la historia busca recuperar el CEMSA?

Es curioso porque cuando el Mincultura nos capacitó se nos hablaba del rescate de la “memoria histórica”, que para mí es el término más apropiado. Sin embargo, por la dinámica de reivindicación de las víctimas del conflicto armado, por memoria histórica se entiende ahora todo lo concerniente a las víctimas, y al proceso de justicia y paz. Supongo que con la normativa del posconflicto esa significación se precisará todavía más. Ahora bien, se nos ha dicho que debemos referirnos entonces a la “historia cultural” de los pueblos.

Cada Centro de Memoria responde a sus propios dinamismos. En ese sentido, al plantear una hoja de ruta para el CEMSA les proponía a los demás miembros, y así se ha hecho desde entonces, que puesto que hay una parte de nuestros orígenes como comunidad que aún sigue velada, la labor inicial del CEMSA debía ser ponernos en contacto con esa memoria: la de los orígenes; la de la historia construida a partir y en torno al pueblo de San Diego, y lógicamente, esa mirada a los orígenes nos ubicó desde luego en el contexto de la etnia tupe, que es el ancestro común, y de donde parte esa historia cultural que define de muchas maneras nuestra identidad e idiosincrasia.

En la presentación del CEMSA, en la Casa de la Cultura de San Diego, se habló de difundir experiencias de apropiación del patrimonio cultural. ¿Por qué motivos?

Por una razón que vale por todas: si la comunidad no valora su patrimonio cultural entonces no hay patrimonio cultural, y la comunidad sólo valora el patrimonio si conoce el sentido de su valoración. Por ejemplo, con la labor de divulgación que ha hecho el CEMSA para impulsar la declaratoria de la ermita de Santa Ana como BIC-Local, la comunidad tupera ha conocido que la importancia de Los Tupes estriba en que es el remanente de lo que antaño, siglos XVI, XVII y parte del XVIII, fue la antigua Encomienda de Tupes, establecida allí por los españoles precisamente porque ahí estaba el centro ceremonial de la nación tupe, donde adoraban a su dios, al que llamaban “el Tupe”. Eso no lo sabía la comunidad como tampoco los concejales de San Diego, que hundieron el proyecto de declaratoria porque según ellos la comunidad no estaba de acuerdo, y resulta que es todo lo contrario. Todavía peor, a nivel regional nos hemos quedado con la visión de unos indios tupes salvajes y sanguinarios que nos ha transmitido mal “la leyenda vallenata”, que no es más que una tergiversación de unos hechos reales en los que los nativos eran, como fueron siempre, los que llevaban todas las de perder, incluso hasta el exterminio.

El martes 20 de enero se posesionó el nuevo Director Nacional de Patrimonio Cultural. Me llamó la atención que en la rueda de prensa con los medios hablaba de la función social del patrimonio cultural y decía que el patrimonio se debe a la gente y está en función de la gente, y que gracias a él se construye el futuro.

¿Cómo valora la respuesta de la ciudadanía y cuáles son los retos a superar en ese proceso de re-apropiación del Patrimonio?

Tenemos una falencia en la divulgación. Debemos hacer mayor divulgación de las actividades y eso es un reto que estamos superando, pero en general puedo decir que el trabajo con la comunidad ha sido realmente satisfactorio. El año pasado trabajamos con estudiantes del Colegio Manuel Rodríguez Torices y con ancianos del programa de adultos mayores de la Alcaldía Municipal. A éstos últimos los involucramos en una jornada lúdica en la que hubo entrevistas, dibujo y paseos a lugares patrimoniales. Conversamos con ellos acerca de cómo recordaban el San Diego de la infancia, y hablaron mucho, por ejemplo, de cómo esperaban el día de la Virgen del Perpetuo Socorro, que era la única vez en el año en que había música de bandas en el pueblo, el resto del año había parrandas con acordeón, pero en las grandes fiestas lo “culto y elegante” eran las bandas.

Fue también una manera de hacer oír la voz de aquellas personas ancianas que por pertenecer a sectores, digamos vulnerables, no son oídas a menudo en la vida cotidiana. Con los jóvenes hicimos unos talleres sobre el patrimonio cultural y la memoria. Todo esto terminó en un recorrido que hicimos con un grupo de ancianos y estudiantes por Valencia de Jesús, el Museo del Acordeón y el Centro de Memoria “El Cuartico” de las hermanas Jiménez Zuleta. Esto último lo hicimos con el apoyo de la Fundación AVIVA, de la cual soy secretario.

El CEMSA participó en el Mes del Patrimonio -que organiza la Fundación AVIVA en Valledupar- con una actividad denominada “Toma del Camino Real”. ¿En qué consistió esta actividad y cuál era su finalidad?

El Camino Real del que hablamos es un sendero que bien podría ser denominado "inmemorial". Es el mismo “Camino viejo”, “Camino del Tupe” o “la Vuelta'el Tupe” que usaron nuestros abuelos para comunicarse desde San Diego (Diego Pata en ese entonces) con Valledupar y Valencia de Jesús. Durante el período colonial, puesto que todos los territorios bajo dominio español pertenecían a la Corona, el rey mandaba trazar vías para comunicar los poblados, de ahí porqué se les llamaba “reales”. Pero en la mayoría de los casos, los españoles simplemente se apropiaron de rutas que ya los indígenas recorrían desde tiempo inmemorial. Se entiende, y volvemos a tocar el tema, que por ser la vía a la antigua Encomienda de Tupes durante la Colonia, ya desde tiempos prehispánicos debía conectar algunas de las aldeas de la etnia tupe con el que fuera su centro ceremonial, enclave que llegó hasta nuestros días y que hoy conocemos como corregimiento de Los Tupes.

La actividad consistió en una caminata a lo largo del trayecto que empieza en la entrada a la “Hacienda El Porvenir”, un poco más allá del Puente Salguero yendo hacia La Paz, haciendo paradas en puntos concretos del recorrido para mencionar algunos aspectos históricos, hasta llegar a Los Tupes, donde nos recibió la comunidad con un agasajo que no esperábamos. Asistió un grupo pequeño, pero hubo representación del gremio turístico, de la prensa y de la Academia, y todos insistieron en la necesidad de seguir haciendo esa actividad, que gira en torno a dos objetivos puntuales: el primero, ubicar la importancia histórica del camino en su contexto, y el segundo, visibilizarlo como un bien público, que es al mismo tiempo espacio de la memoria ancestral y por tanto está ligado a la historia cultural de la región.

Entendemos que el Centro Municipal de Memoria es una iniciativa ciudadana. ¿Cómo han respondido las instituciones públicas a sus inquietudes?

Mal. Esto da pena decirlo tan escuetamente pero es la verdad. Vuelvo a lo que decía el nuevo Director Nacional de Patrimonio: El Ministerio de Cultura y los expertos saben lo que es el patrimonio cultural, pero la gente del común todavía ignora lo que es tener un bien patrimonial que se puede convertir en un activo que genere beneficios para la comunidad. Infortunadamente mucha gente del común llega a las instancias públicas y lo que no entienden lo descartan. La Alcaldía Municipal de San Diego nos ha colaborado en algunos temas logísticos, pero en general el mismo Alcalde ha sido bastante displicente a nuestras solicitudes. Con el Concejo Municipal ha sido peor, salvo uno o dos concejales.

El proyecto de declaratoria de Santa Ana de los Tupes ha sido hundido tres veces, la primera vez argumentando que los concejales no veían claramente el beneficio que percibiría el Municipio; la segunda porque dizque hacía falta conocer el tema, y es verdad que lo ignoran por completo, y la última vez, que fue el año pasado, dijeron que la comunidad tupera no estaba de acuerdo. Ha costado mucho trabajo hacerles comprender que hacer la declaratoria de un bien de interés cultural es como si se encendiera una luz intermitente en el mapa de los bienes patrimoniales de la Nación indicando a San Diego de las Flores.

¿Qué proyectos podrían desarrollarse en el futuro con la colaboración del sector público?

Como complemento de la anterior pregunta hay que decir que el Ministerio de Cultura ha sido diligente en apoyar la labor del Centro de Memoria, y esto es porque nos hemos mantenido a pesar de las dificultades hasta ubicarnos entre los diez más activos del país. El año pasado fuimos convocados a participar en un taller de herramientas para la identificación del patrimonio cultural inmaterial (PCI) que se desarrolló en dos jornadas, la primera en Curumaní y la segunda en Manaure. Fruto de esas jornadas el Mincultura editará un manual en donde quedarán incluidas las experiencias investigativas de la actividad. La fecha no nos la han dicho.

Por otro lado, y esto es algo que quiero resaltar, el año pasado el Mincultura nos apoyó la propuesta de realizar una exposición sobre la etnia tupe, para la cual se desarrolló un taller sobre las prácticas culturales de la comunidad de Los Tupes. La exposición será itinerante, el catálogo ya está en impresión, y la presentación se hará con la comunidad tupera los primeros días de febrero, de modo que tenemos tarea por delante.

Declarar la ermita de Santa Ana de Los Tupes como Bien de Interés Cultural es una de sus prioridades. ¿Por qué no se ha logrado avanzar en ese sentido?

Ya te he contado un poco el periplo que hemos hecho, pero en esto hay algo significativo que debo anotar, y creo que es un gran avance, y es la conciencia que se ha generado en la comunidad de Los Tupes acerca de su patrimonio cultural. El año pasado el parque principal del Corregimiento fue intervenido, y mientras trabajaban las retroexcavadoras la gente estuvo muy pendiente de la Iglesia, de que no resultara afectada. Creo que eso es signo evidente de que la comunidad valora su riqueza cultural.

En San Diego en cambio, la Iglesia ha sido muy maltratada en cuanto a su valoración como parte del patrimonio cultural y la comunidad ha sido permisiva. Para empezar, perdió sus retablos de madera en la década de los 60; en los años 90 le demolieron su atrio de piedra laja que era único en la región, y para completar el panorama, al anterior cura párroco, el señor Rafael Amaya, se le dio por demoler el presbiterio, que era un entramado de mosaicos Pompeya de los años 40, para insertar un promontorio de mármol en un estilo que nada tiene que ver arquitectónicamente con la edificación. Eso sin mencionar la sucesión de imágenes y otros elementos “perdidos”.

¿Proyecta el CEMSA otras actividades recreativas o didácticas para promover y conservar el patrimonio local?

Tenemos un proyecto ambicioso que ya le presentamos al Ministerio de Cultura, pero su concreción tomará todavía un tiempo, porque debemos hacer un trámite largo y dispendioso ante el ICANH, el Instituto Colombiano de Antropología e Historia, y es que estamos empeñados en consolidar el Museo de la Etnia Tupe, con la cantidad de piezas arqueológicas que hemos ido rescatando en los distintos trabajos de campo que hemos hecho. Nos estamos acercando a las 200 piezas, sobre todo hachas y otros objetos líticos, cuya tenencia hay que legalizar. Lo bueno en este caso es que por Ley, el patrimonio arqueológico no necesita declaratoria, porque de lo contrario esa sería otra lucha con el Concejo Municipal de San Diego (risas).

También en esto hay que felicitar a los tuperos, que cada vez que voy me tienen más piezas que van rescatando. Para emplear los términos de la normativa cultural: eso es apropiación social del Patrimonio. Cuando la comunidad entiende, percibe, valora, divulga y genera sentido de pertenencia hacia un legado que trasciende la identidad y llega hasta las fibras mismas de lo afectivo, en un acto consciente de que la mayor beneficiada es la misma comunidad, entre otras razones porque no es un legado estático, sino que proyecta al futuro.

 

PanoramaCultural.com.co 

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