Patrimonio

La fiesta de Corpus Christi y el rescate del patrimonio inmaterial: el caso de Atánquez

Redacción

30/09/2015 - 05:25

 

Patrick Morales en el Banco de la República (Valledupar)

Entre las grandes celebraciones religiosas que acontecen en el departamento del Cesar, la fiesta del Corpus Christi en Atánquez es una de las más reconocidas. No solamente por la devoción y el compromiso que demuestran los habitantes del resguardo indígena sino por su valor altamente simbólico e identitario.

La fiesta estuvo a punto de desaparecer en las décadas del 50 y 60 del siglo XX, cuando la dominación blanca se hacía sentir notablemente sobre la población de origen kankuama. El estigma devastó muchas de las creencias que sustentan esta celebración y la arrinconó hasta que, recientemente, con el renovado interés por la cultura autóctona, resurgió el deseo de rescatar las expresiones tradicionales.      

En un foro dedicado a las celebraciones religiosas en Valledupar –en el marco del Mes del Patrimonio–, el antropólogo Patrick Morales hizo un recorrido por la evolución de esta fiesta para entender la importancia de su preservación.

La fiesta del Corpus Christi es una fiesta que aparece más o menos en 1220 en Europa y se va desarrollando en un contexto de reforma protestante. Desde un principio, los protestantes se mostraron muy críticos hacia la fiesta de Corpus Christi porque negaban el milagro de la transubstanciación. En ese contexto, la fiesta se volvió un escenario de combate entre la Iglesia y el protestantismo.

La fiesta, que se caracteriza por tener muy pocas reglas litúrgicas, llega al continente traída por los conquistadores y se convierte en la fiesta colonial más importante en América, primero por el carácter triunfante –esta fiesta sirvió para acallar las voces de los protestantes y también para la expulsión de los moros de la península Ibérica–, y luego se asoció a la derrota de los pueblos indígenas. “Es una fiesta que señalaba el triunfo del catolicismo sobre la idolatría”, explicó Patrick Morales.  

Celebrada desde México hasta la Patagonia, la fiesta se impone en el ideario colectivo y se adapta al terreno. “Hay relatos de Corpus Christi en 1550 en México con la participación de más de 10000 indígenas”, comentó el antropólogo. “Era una fiesta donde se permitían las danzas, la música, la alegría”.       

El caso de Atánquez, Colombia

El origen de la Fiesta en Atánquez es difícil de datar. No hay una certeza de cuándo se empezó a celebrar el Corpus Christi. Sin embargo, se sabe que en 1747 había una cofradía del Santísimo Sacramento en Valledupar y que, probablemente, la fiesta ya se estaba celebrando algunas décadas antes.

“Creo que es una fiesta del siglo XVIII y probablemente la fiesta fue llegando por el río Magdalena hasta la Sierra Nevada y Venezuela”, sostiene Patrick Morales antes de describir los tres personajes que caracterizan la fiesta del Corpus Christi en Atánquez:

-Las cucambas: son la representación de un pájaro del río Magdalena. Varios estudios consideran que es el aporte indígena a la fiesta del Corpus Christi, aunque esa versión tiene sus críticas.

-Los diablos: personajes muy conocidos en el río Magdalena, que se asemejan a los diablos con cascabeles de las fiestas de Sevilla (España)  

-Los negros de Palenque que sería el aporte afro a las festividades, pero no por la existencia de palenque en Atánquez sino por la estructura del baile que llegó de esa manera.  

En la actualidad, si bien la fiesta del Corpus Christi no ha recibido ninguna declaratoria patrimonial, es el vivo ejemplo del esfuerzo consagrado por una comunidad al rescate de su identidad. Muchos la consideran una de las mayores fiestas religiosas del departamento del Cesar y de la costa Caribe.

 

PanoramaCultural.com.co 

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