Patrimonio

Joaquín Rodríguez, el campesino que dice lo que piensa

Arnoldo Mestre Arzuaga

24/11/2016 - 08:30

 

Poncho Zuleta y Joaquín Rodríguez

Mucho se ha escrito y hablado sobre nuestro folclor, lo cierto es que sus primeros exponentes fueron corraleros, jornaleros y gente del común, que después de sus faenas se dedicaban a componerle canciones y cantarle a la mujer de sus sueños, al amigo, a la naturaleza y a los sucesos más sonados de la región.

Pero también tenemos que aclarar que este folclor no solamente está constituido por músicos y compositores, sino por todas aquellas personas que, a través de la tradición, nos han legado sus costumbres populares y culturales. El personaje de quien nos vamos a referir es un ejemplo viviente de esa cultura provinciana, que a pesar de los avances tecnológicos intergalácticos, hace esfuerzos por no desaparecer.

Joaquín Rodríguez Días: (Joaco Rodríguez, el hombre de la coca cola) nació en Los Corazones el 24 de enero de 1932 , fue su padrino de bautismo Sebastián Villazón Mestre, es el tercero de siete hermanos, descendiente de familia campesina, a pesar de la insistencia de sus padres, no recibió educación escolar alguna, se forjó en la escuela de la vida, en un principio se desempeñó como ajustero (contratista para limpiar potreros) de Dámaso Villazón, más tarde lo encontramos como administrador de la finca Los Guamos, de propiedad de Tirso Maya Brujes, donde se ganó la confianza y el aprecio de su patrón, quien para recompensarlo por los buenos servicios prestados, anualmente le regalaba una ternera, de modo que al momento de retirarse, lo hizo con una suma considerada producto de sus prestaciones sociales y el crecimiento del ganado recibido.

Fue entonces cuando decidió comprarse una pequeña finca, en la región de Las raíces, donde era asediado constantemente por sus amigos de parranda, así que su mujer tenía que cocer sancochos permanentemente y, al barrer, recoger arrumes de botellas vacías. Decidió entonces nuestro personaje darle el nombre de La Botella a su finca.

Para esa época, Atilio Daza, se ganó un quinto de la lotería La vallenata, y quiso festejarlo en La Botella en compañía de su amigo  Joaco y todo el combo de parranderos de Valledupar, hasta que se acabó el último centavo. Allí no faltaba el sancocho de chivo, de puerco, de gallina y acompañamientos como ñame, tapas de yuca arinosa, suero salao, auyama espermita etc.

En una de esas tantas parrandas, Rodolfo Castilla Polo llevó a un muchacho que cantaba las canciones del viejo Emiliano con una voz estruendosa y melodiosa, era tan alta y alegre que los campesinos de las fincas vecinas, corrieron para La Botella a ver quién era ese cantante tan espectacular, se trataba de Poncho Zuleta, y fue así como desde ese día nació una gran amistad que ha perdurado para siempre. Joaco no puede vivir sin Poncho y Poncho no puede vivir sin Joaco. Cuando se conocieron, Poncho estaba estudiando en Tunja, y allá le llegaban las encomiendas enviadas por su compadre de sacramento porque ya le había bautizado un hijo, el chivo salpreso, el queso, la carne en salón, eran inmancables en todos los envíos.

Las cosas en la finca de Joaco empezaron a andar mal, su mujer lo abandonó desesperada de atender a tanto borracho y hacer sancochos a cualquier hora de la noche. Los recursos económicos se estaban acabando, entonces decidió vender La Botella para comprarse un taxi, con tan mala suerte que al poco tiempo se lo robaron.

Poncho Zuleta, que para entonces ya era una figura del canto en el ámbito nacional, lo convence para que invierta en la región de Astrea, donde él ya tenía la finca Mi Salvación. Allí comienza una nueva vida, nuevos amigos y sobre todo nuevas mujeres, mientras tanto Poncho sigue encadenando triunfos. La mediana finca se trasforma en una gran hacienda, gracias a la administración de Joaco, quien también decide comprarse un terreno y a éste lo denomina Bendito sea Dios.

Como Mirza, la nueva señora de Joaco, estaba de cumpleaños, Poncho lo invita a Astrea para comprarle un regalito, pero al pasar por Arjona había un parrandón en casa de Teófilo Castillejo y allí se quedaron parrandeando toda la noche y parte de la madrugada, de regreso ya muy cerca de la finca, Poncho se acordó que no habían comprado ningún regalo “Miércoles, compadre, y ahora cómo llegamos” le dijo, a lo que joaco respondió: “No se preocupe, compadre. Lo que vamos hacer es que usted le canta un verso y después yo le canto otro, arranque”. Poncho, con su voz de trueno, le cantó un verso donde destacaba a la mujer campesina, que siempre estaba sumisa con su marido, inmediatamente Joaco empezó a cantar con su voz de pollo ronco influenciada revestida de sonidos nasales:

Yo le digo a Mirza Días

Y le voy a decir el porqué

La pepita tuya es mía

Y tengo ganas de jodé

Gracias al aprecio que le tiene la gente de la región a Poncho Zuleta y la amistad que siempre ha tenido con los alcaldes de Astrea, consiguió que para la vereda de Todos Los Santos se nombrara un profesor para estudiantes adultos, y convenció a su compadre Joaco para que se matriculara, pero ese día, después de matricularse, duraron bebiendo por más de una semana. En temple, por casualidad pasaron por el sitio donde se estaban dictando las clases, inmediatamente Poncho le dijo mirándolo: “Compadre, y usted no ha asistido a las clases, entre al menos un ratico”. Apenas entró, el profesor se dirigió a él: “Don joaco, ¿y usted por qué no ha asistido a las clases? Pase al tablero, hágame el favor, y dígame con cuál de las B se escribe viaje?” Joaco respondió: “Eso depende, profesor, porque si es un viaje cerca como de aquí a Bosconia, se escribe con V chiquita, pero si es un viaje largo como de aquí a Bogotá o Bucaramanga, se escribe con B grande”.

Esta amistad duradera, en una ocasión casi se rompe. Joaco se resintió con su compadre Poncho, porque éste, después de prometerle que le grabaría una canción de su autoría, no le grabó nada, claro que Poncho tuvo razón y así se lo hizo saber delante de los padrinos que intervinieron. “Bueno compadre y usted lo que quiere es que a mí me pongan preso”, e inmediatamente hizo sonar el casete:

Yo tengo un abanico Sanyo

De cuatro velocidades

Lo compré en Maicao

Ahora para las Navidades

Coro:

Abanico Sanyo, Abanico Sanyo

Yo no te puedo olvidar

Porque cuando estoy c…

Me hecha fresco en la m…

Joaquín Rodríguez Días, ese campesino que dice lo que piensa, y llama a las cosas por su nombre, vive en su finca Bendito sea Dios, ubicada en el municipio de Astrea, región de Todos Los santos, donde goza del aprecio y el cariño de todos sus vecinos.

 

Arnoldo Mestre Arzuaga 

@nondo_a

 

Sobre el autor

Arnoldo Mestre Arzuaga

Arnoldo Mestre Arzuaga

La narrativa de Nondo

Arnoldo Mestre Arzuaga (Valledupar) es un abogado apasionado por la agricultura y la ganadería, pero también y sobre todo, un contador de historias que reflejan las costumbres, las tradiciones y los sucesos que muchos han olvidado y que otros ni siquiera conocieron. Ha publicado varias obras entre las que destacamos “Cuentos y Leyendas de mi valle”, “El hombre de las cachacas”, “El sastre innovador” y “Gracias a Cupertino”.

4 Comentarios


BEATRIZ CAREY 24-11-2016 05:39 PM

DIOS LO BENDIGA SR. JOAQUIN, Y LE DE FUERZA Y VALOR PARA SEGUIR ADELANTE ENFRENTANDO LAS ADVERSIDADES COMO SIEMPRE LO HA HECHO, PARA QUE SIGA DISFRUTANDO DE SUS FAMILIARES Y AMIGOS, ESTAS SON PRUEBAS QUE HAY QUE SUPERAR PERO QUE QUE CON LA AYUDA DE DIOS SE LOGRA SALIR ADELANTE. DIOS LE BENDIGA GRANDEMENTE A USTED Y A SU FAMILIA

Alma Ribon 03-07-2019 02:43 AM

Muy buena tu narración Arnoldo. Felicitaciones

Jairo Teofilo Aramendiz Tatis 03-10-2019 11:13 AM

De todos modos, siempre te caracterizas por esas historias regionales, que le mueven a uno el sentimiento castizo de Vallenato, Felicitaciones Nondo.

denis CastillejoDiaz 03-10-2019 11:23 AM

Un excelente ser humano que a través del tiempo se ganó el cariño y aprecio de toda la gente del municipio de Astrea. Para su señora Mirza y todos sus hijos mis condolencias por tan sensible fallecimiento, deja un vacío como solo las grandes personalidades lo pueden hacer. Paz en su tumba.

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