Patrimonio

Cuando la llorona loca pasó por Curumaní

María Ruth Mosquera

25/11/2016 - 06:40

 

El Cerro Santa Isabel (Curumaní, Cesar) y una representación de la Llorona

Cuentan que es escalofriante, que es un grito que suelta hálitos de miedo que penetran hasta el alma de aquellos que tienen la desventura de escucharlos y le imploran al cielo que no los vuelvan a sentir nunca más.

El de la Llorona es un llanto mezclado con un gemido angustiado horrible; “una cosa muy fea que nadie la quiere escuchar”, dijo ‘Maxi’, un hombre añejo de Curumaní, por cuya casa pasó la misteriosa mujer hace unos cincuenta años, seguida de cerca por una matanza que vistió de luto a muchos.

Corría la tercera vigilia de la noche, cuando Alonso Villegas escuchó el lejano llanto de una mujer que venía de los lados de ‘Cerro azul’, un pedazo de la cordillera oriental que se asoma por un extremo del pueblo, y se dirigía hacia el centro del mismo. Alonso quiso ayudar a la dama y se acercó a la puerta, pero a punto de abrirla, experimentó el terrible llanto, que -a propósito- había llegado a ese punto con una rapidez humanamente imposible.

Las fuerzas le faltaron y se derrumbó. Minutos después, al despertar del desmayo, supo que su compadre ‘Chu’ Moreno también lo había oído y se había encomendado a todos los santos para que les dieran su amparo porque tuvo la certeza de que el fin había llegado.

Pero la vida siguió en el pueblo; los lugareños continuaron en sus labores agrícolas y el pavoroso encuentro de los viejos pasó a hacer parte de la tradición oral de los pueblos del Cesar.

Y cuando la historia se había convertido en leyenda, el temible llanto se dejó escuchar de nuevo. Varios años después volvió a pasar por Santa Isabel, pero esta vez sus huellas no sólo causaron el espanto de Maximiliano Moreno, hijo del viejo ‘Maxi’, sino que dejaron al pueblo convertido en un fantasma lúgubre, producto de la tragedia que se mudó a vivir al caserío.

“Eso salían hasta veinte trasteos en un día; la gente ya no quería vivir en este pueblo”, recordó ‘Maxi’ después mientras caminaba frente a ‘las reminiscencias’ del estadero en el que el pueblo se alegraba y que sucumbió ante el fuego encendido por un grupo armado, en una noche de horror, en enero de 1999, cuando también fue consumida por las llamas Sara Benjumea, una anciana invidente de Santa Isabel [i].

Una incursión paramilitar se apoderó del pueblo mientras dormía. Once personas, entre ellas, cuatro muchachos que habían llegado al pueblo a pasar esos días de Navidad, cayeron bajo el poder destructivo de los proyectiles. Santa Isabel había sido satanizado como un pueblo guerrillero, pero eso no se ajustaba a la realidad local, a juicio de los testimonios de la gente.

“A media noche corrimos descalzos pal monte; por las parcelas que pasábamos, las vacas bramaban y los perros aullaban. Cuando nos asomamos otra vez al pueblo, como a las cuatro de la mañana, encontramos a toda esa gente muerta”, recordó la hija de ‘Maxi’, cuya familia se quedó en Santa Isabel, sobreviviendo con el luto por los que murieron, la ausencia de los que se fueron y el miedo por las incursiones esporádicas y a veces mortales que siguieron haciendo reductos armados ilegales.

Los que se quedaron, se turnaban horas de vigilancia, acurrucados detrás de cercas y barricadas, mientras los otros dormían y despertaban para recibir el turno. “Para ver a qué hora venía esa gente”.

Lo de Santa Isabel lo atribuyeron los pueblerinos al paso de la Llorona, “porque antes el pueblo era tranquilo”. Durante mucho tiempo, los cerros siguieron despoblados porque la gente no se sentía con la confianza suficiente para regresar; algunos emigrantes volvieron, pero otros tienen la certeza de que no lo harán jamás.   

A paso lento, la calma fue llegando al pueblo, pero aún hoy, muchas décadas después, a algunos moradores los asalta la zozobra por el temor de una nueva aparición de la Llorona, y más aún, de que a su paso deje la tragedia desperdigada detrás de sí.

¿Quién es la Llorona?

Cuenta la tradición oral de los pueblos latinoamericanos que se trata del espíritu de una joven adolescente que vencida por las hormonas se entregó a su amante militar, el cual la embarazó y nunca más volvió. Por temor a la afrenta social, la joven decidió abortar su hijo, a orillas de un caño. Y en las noches, cuando todos duermen, su espíritu trashumante recorre poblados, acompañada de gritos de dolor y locura que aterran a quienes los escuchan. Otra versión dice que la criatura alcanzó a nacer, pero fue ahogada por su madre.  

Se creía que Tamalameque era el único pueblo en el que la Llorona había hecho su aparición en tiempos remotos, inmortalizados por José Benito Barros en una canción, pero no es así; las tradiciones orales dan cuenta de apariciones en otros pueblos y no solamente del sur del Cesar, sino en los poblados rurales de Colombia y países como México, Venezuela y Argentina, entre otros.

¿Es leyenda o realidad? Quienes dicen haber tenido encuentros con ella, aseguran que es real y espantosa, tanto que los campesinos de antaño temblaban cuando iban a cazar y aseguraban que era preferible encontrarse un tigre rabioso que a ella; sin embargo, otros aseguran que es sólo una leyenda. Algunos dicen que es corpórea: de pelo largo, ojos rojizos, rostro de calavera, vestido largo y siempre enlodado que viaja llorando con un bebé muerto entre los brazos, según la leyenda; otros aseguran que es un espíritu que deambula por debajo de la tierra.

 

María Ruth Mosquera

@Sherowiya



[i] Posteriormente, en versión libre, el exjefe paramilitar Salvatore Mancuso reconoció su autoría en la masacre perpetrada por las autodefensas en enero de 1999 en Curumaní; lo mismo que las de Codazzi, en el mismo año, La Jagua de Ibirico, Codazzi, Casacará, La Paz y San Diego, en 1997, y media Luna y Valledupar en 1996. Santa Isabel es un corregimiento del municipio de Curumaní, contado como uno de los pueblos del Cesar a los que la violencia golpeó con más fuerza. Varias masacres, así como desplazamientos y desapariciones fueron registrados por medios de comunicación y documentados por organizaciones defensoras de derechos humanos.

 

2 Comentarios


Cleiver Javier Rojas Ríos 21-05-2018 12:33 AM

Buenas noches. Mucho gusto mi nombre es Cleiver Rojas, estudiante de Comunicación Social oriundo de Santa Isabel,Cesar. Leyendo el informe realizado por la periodista María Ruth Mosquera. El semestre anterior tuve la oportunidad de realizar un crónica de la masacre ocurrida en el pueblo para el año 1999. Sería una oportunidad para que puedan deleitarse del trabajo y así obtener una información más detallada sobre lo ocurrido.

Cleiver Javier Rojas Ríos 21-05-2018 12:33 AM

Buenas noches. Mucho gusto mi nombre es Cleiver Rojas, estudiante de Comunicación Social oriundo de Santa Isabel,Cesar. Leyendo el informe realizado por la periodista María Ruth Mosquera. El semestre anterior tuve la oportunidad de realizar un crónica de la masacre ocurrida en el pueblo para el año 1999. Sería una oportunidad para que puedan deleitarse del trabajo y así obtener una información más detallada sobre lo ocurrido.

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