Patrimonio

Santo Ecce Homo, entre mitos y milagros

María Ruth Mosquera

26/03/2018 - 07:10

 

El Santo Ecce Homo / Fotos: Archvo PanoramaCultural.com.co

 

Con la Semana Santa, y desde los más insospechados lugares, llegan otra vez a Valledupar los devotos de Ecce Homo, los cuales año tras año hacen una pausa en sus rutinas cotidianas para viajar a venerar, agradecer, encomendarse o pagarle mandas [i] al Santo Patrono, cuyo fervor se exacerba en en la capital del Cesar, ya que es esta ciudad teatro de la leyenda sobre su origen.

¿Por qué el patrono de Valledupar es el Ecce Homo? Es una pregunta de cuya respuesta se sabe poco o se ha divulgado poco y que al recorrer calles, casas, parques y oficinas, son escasas las claridades acerca de la razón por la cual cada lunes santo la plaza ‘Alfonso López’ de Valledupar se pone a reventar de propios y forasteros venerando al Santo.

“No sé. Cuando yo nací ya existía el Ecce Homo, mi familia era devota y yo también porque él hace muchos milagros”. Las explicaciones fueron exiguas frente a la solemnidad de la celebración del día del Santo Patrono de la capital del Cesar.

Solo unos pocos hablaron sobre una historia con matices mitológicas que se estableció en la región, al compás de las antiguas generaciones, y quedó como legado a la espiritualidad de los descendientes: “He oído que fue un carpintero que llegó de otra parte y como Valledupar no tenía santo, él se ofreció a hacer uno, pero él mismo se convirtió en santo”. Se intuye, entonces, que muchos devotos no conocen a su patrono, pese a que le profesan gran fervor, amén de los milagros que aseguran haber recibido de él.

Al echar un vistazo a la historia, se encuentran los orígenes del Santo Ecce Homo en la época de Jesucristo, puesto que según los datos, en los momentos en que Pilatos presentó a Jesucristo en su balcón ante la multitud, dijo -en latín- “Ecce Homo”, que traducido es: ‘He aquí al hombre’. De ahí, que el Ecce Homo sea la imagen de Jesús lastimado y coronado de espinas. A raíz de esto, el Santo Ecce Homo comenzó a ser venerado en muchos lugares del mundo.

La leyenda del forastero

El extenso Valle de Upar es una tierra con una fuerte tradición religiosa desde la época de la colonia, cuando los frailes atravesaban caminos agrestes para llevarles los oficios religiosos a las comunidades residentes en todos los pueblos, cercanos entre sí en cuanto a kilómetros, pero alejados por las condiciones de las rutas de acceso; sin embargo, se dice que pese a que lo religioso era algo raizal, no existía un santo al cual venerar.

Llegó entonces un forastero con piel de ébano, supuestamente procedente de Rincón Hondo (Chiriguaná-Cesar), al que le pareció inaudito que las gentes de aquí no tuvieran un santo. Entonces se ofreció a tallar uno; idea que fue aprobada por la feligresía y los representantes de la Iglesia.

Con los instrumentos de talla y un grueso madero, se encerró en la sacristía de la Catedral y pidió no ser molestado durante los siete días, al cabo de los cuales entregaría la obra de arte, justo a tiempo para celebrar con ella la Semana Santa.

A la puerta le dejaban los alimentos al artista, de donde desaparecían sin que nadie supiera en qué momento los recogía.

Según detalles de la tradición oral, al séptimo día todos esperaban con ansias que la obra fuera entregada, pero adentro de la sacristía había un silencio total; llamaron a la puerta y nadie respondió, por lo que tuvieron que derribarla, encontrando al singular personaje convertido en el santo, de pie pegado de espaldas al madero.

Otra versión dice que al momento de derribar la puerta, el personaje estaba escribiendo una carta y al verse descubierto, se llevó las manos a la espalda para esconderla, quedando convertido en la estatua.

Además de milagroso, al Santo Ecce Homo se le atribuyen otras características, por ejemplo, que puede ‘subir’ de peso o hacerse liviano, desatar lluvias torrenciales cuando lo sacan al revés del templo y sudar copiosamente, propiedad esta última explicada por Hernando Mendoza Sánchez  (periodista y escritor guajiro) como la obvia reacción de la efigie cuando la limpian con aceite.

Mendoza Sánchez, atraído por las leyendas de estas tierras se dedicó a conocer más de ellas y escribió en un libro la historia del Ecce Homo incluyendo algunos de sus milagros:

En la época en que esta región era jurisdicción del Magdalena Grande, Alfonso López Pumarejo, enamorado de La Guajira, hacía un viaje en su avión (entonces fabricados con una especie de tela especial); el itinerario de vuelo contemplaba un aterrizaje en Uribia, pero la aeronave fue alcanzada por una tormenta que la sacó de la ruta e hizo pensar a la tripulación que perecerían. Pero López se encomendó al Santo Ecce Homo y con una fe absoluta le pidió que los salvara; fue así como poco a poco el piloto recobró el control del avión y luego divisaron a lo lejos un lugar despejado que resultó ser Valledupar, donde pudieron aterrizar.

Bernardo Araújo, de La Paz, viajaba en su caballo y quiso cruzar el río Mocho, pero en ese momento lo arropó una avalancha. En medio de la desesperación Araújo se asió de una rama, le pidió el milagro al Santo y fue librado de la muerte.

En su libro, Mendoza recrea datos del forastero en interacción con personajes que se conocen en la región como beneficiados por él y también castigados, como un zapatero, cuya casa fue fulminada por un rayo como sanción a una blasfemia.

Los relatos llenarían miles de páginas, milagros que han ocurrido y seguirán ocurriendo porque la fe de la gente en su Santo así lo determina.   

El lunes Santo, el pueblo vallenato – y los venidos de otras partes- viste su mejor pinta y se aglutina en la plaza, adentro y afuera de la Iglesia La Concepción para venerar al Ecce Homo y pedirle un milagro.

 

María Ruth Mosquera

@Sherowiya



[i] Una Manda es una promesa que se hace, ligada a una petición. Al cumplirse la petición, se cumple la promesa. Algunas personas lo explican como una retribución al milagro recibido.

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