Patrimonio

El milagro de la Virgen del Rosario y la leyenda vallenata

Redacción

28/04/2018 - 06:20

 

Representación del milagro de la Virgen del Rosario en la Plaza Alfonso López (Valledupar, Colombia) / Foto: archivo PanoramaCultural.com.co

 

La leyenda que da nombre al evento rey de la música vallenata –la leyenda vallenata- nos traslada al año 1576, cuando todavía la colonia española se enfrentaba a las reacciones duras y agresivas de los indígenas en las costas de América.

Los indios tupes, reconocidos por su bravura y orgullo en la costa Caribe, defensores acérrimos de sus tierras, fueron algunos de los primeros afectados por la entrada de los conquistadores quienes les obligaron a desplazarse y alterar muchas de sus costumbres.

En los relatos del siglo XVI el cacique de los Tupes, Coroponiaimo, no aceptó el trato que se le dio a una de sus consanguíneos. La noticia de que la india Francisca, una joven tupe que trabajaba bajo los órdenes de Ana de La Peña, esposa del portugués Antonio de Pereira, fue azotada y humillada por su ama, en frente de la servidumbre.

La humillación era demasiado grande y, al recibir la noticia, el cacique Coroponiaimo, que residía en las afueras de Valledupar, decide vengarse y atacar la ciudad con el apoyo de los caciques Coroniaimo y Uniaimo.

Representación de los Indios Tupes en las cargas de abril Guerreros cariachiles, tupes, chimilas e ilotos inician el ataque en la noche del 27 de abril de 1576, incendiando por sorpresa todas las viviendas y el templo sagrado de la población cristiana, la iglesia de Santo Domingo.

En la ofensiva mueren los moradores, pero el templo se mantiene en pie. Los indios deciden redoblar de esfuerzos para acabar con él y, en ese momento concreto, es cuando se produce un primer milagro: entre las llamas, surge la Virgen del Rosario y, estirando su manto, logra detener las flechas incendiarias de los agresores y preservar el Templo.

Espantados por la aparición celestial, pero decididos a castigar a los españoles por su irreverencia, los indios se refugian en la laguna Sicarare y adonde deciden envenenar las aguas con barbascos. Su intención es organizar una emboscada y matar a los españoles quienes se han lanzado a su persecución.

Los soldados de la guardia española y el capuchino catequizador llegan a la laguna bajo el mando del capitán Antonio Suárez de Florez. Sedientos, se precipitan y beben del agua cayendo paulatinamente en un sopor mortal.

En aquel momento, cuando justamente los nativos se preparan para rematar a los españoles, la virgen vuelve a surgir arropada de un manto blanco y brillante. Su mirada se detiene en el sufrimiento de los españoles y, con la ayuda de un bastón, los toca uno a uno para devolverles la vida.

Tras este segundo milagro, los indígenas piensan en una alianza entre el cielo y los conquistadores. Se enfrentan valerosamente a la guardia española pero caen la mayoría de ellos.

El día 30 de abril, día de la ceremonia de Las Cargas, representa la muerte del capuchino catequizador, así como la de los Caciques Coroponiaimo y Coroniaimo.

 

PanoramaCultural.com.co 

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