Patrimonio

Obras son amores: la plaza Alfonso López

Alberto Muñoz Peñaloza

16/04/2019 - 04:55

 

Obras son amores: la plaza Alfonso López
El Palo e mango y el monumento Revolución en marcha en la Plaza Alfonso López de Valledupar / Foto: PanoramaCultural.com.co

 

Hay de todo en la viña del Señor. Son contados, pero se consiguen, los gobernantes tozudos, cuya contumacia positiva es ingrediente vital para el logro de metas que parecen imposibles, que generan odios o amores, y, a medida que pasa el tiempo, se afianzan en el imaginario colectivo y se convierten en pilares emocionales del progreso, de la vida, del conglomerado social y de la ciudad misma.

Entonces, como diría mi padrino Crispin Villazon De Armas, vamos a ubicarnos en el periodo diciembre 67/enero 68, iniciándose la ruta institucional del departamento del Cesar, con toda clase de necesidades y en primera línea las básicas. Sin pensarlo mucho ni acudir a “estudios de factibilidad”, con la confianza puesta en nuestra cultura y en la firmeza de creadores, compositores e intérpretes de la música autóctona, en tiempo récord se alistó e inició el Festival de la Leyenda Vallenata. Hubo críticas. Ganó el maestro Alejo Duran, un reguero de molestias y reclamos, se disipó mucho antes de la pedrea descomunal porque el segundo rey Vallenato fue el gran Nicolás Elias. Pasó Calixto y llegó Pacheco Balmaceda, a quien tocar con maestría le sirvió menos que haber nacido en Barranquilla.

Surgió entonces la obra musical El Festival vallenato, del fonsequero y gran compositor Geño Mendoza: “(…) parece que ya al Cesar, le quedan poquitos días (…) y no tendrán palabras para exigirles, si el nuevo rey es un barranquillero (…)”. La Cacica Consuelo, Rafael Calixto, La Polla Monsalvo, Dario Pavajeau, y los demás, siguieron adelante. Hubo, hay y habrá, ataques, críticas y maldades, pero ahí sigue el Festival vivito y coleando.

Fue nombrado Crispin Villazon De Armas, como ministro del trabajo, en gracia de lo cual, logró la construcción y dotación de la Clínica Ana María y la habilitación del centro agropecuario del Sena, lo que produjo descontento en algunos, ahí están esas dos obras firmes en el tiempo. Añoramos la clínica del seguro social pero la estructura física presta el servicio para el cual se la creó.

Los prominentes, Aníbal Martínez Zuleta, Alfonso Araújo Cotes, José Antonio Murgas, Pepe Castro, Manuel Germán Cuello, Alvaro Araújo Noguera, Jorge Fangond Daza, Efrain Quintero Araújo, y todos lo que le dieron lustre a la faena cesarense, siguieron adelante pese a las objeciones, al bochinche inmisericorde y la oposición sin rumbo, con resultados en cada oportunidad de servicio que tuvieron.

Es preciso recordar a pichocho cuando fue levantado el edifico de la Caja Agraria, por gestión del entonces gerente general, Alvaro Araújo Noguera. Él y otros censuraron la ociosidad de locales y pisos desocupados pero el día que el procurador general, Edgardo Maya Villazon, dio al servicio las nuevas oficinas de la entidad en el Cesar, Pichocho sin pensarlo dos veces pregonaba: mucho chambonazo el viejo Araújo, seis pisitos en vez de meterle treinta….

Cuando la dupleta de Los Venados, ejercieron, como gobernador y alcalde de Valledupar, iniciándose como tales fuimos a pedirles apoyo para dotar la cárcel local, de un comedor para los reclusos. Bien nos fue. El alcalde Miguel Meza Valera, con quien nos decíamos “colega” por el “jirafismo” común, nos dijo con precisión: me voy a ocupar de dejarle a Valledupar una terminal de transportes, ésa será mi obra. La hizo, fue la primera en la region Caribe y, pese a las críticas iniciales, nos sentimos orgullosos de esa visión futurista, contributo al progreso y al desarrollo municipal.

“Obras son amores” y no es fácil llevarlas a término, aún con los recursos, la necesidad comprobada y la disposición, siempre aparecen quienes piensan de otra manera, “ven lo que no es” o no ven lo que vale la pena que sea. Ahí están las avenidas del progreso, entre tantas otras obras como el Plan centro, gracias al alcalde prime, Rodolfo Campo Soto, a pesar de su efectividad, utilizadas en su contra para no elegirlo después. Obras de Aníbal Martínez Zuleta – Alcalde, como la galería popular, “el pedazo de acordeon” y la extensión de la cuarta hasta “Hurtado”, se defienden solas pese a la malsanidad de algunos.

Se le metió a Lucas Gnecco, que tendríamos coliseo cubierto, y lo tenemos, en buena hora, en recordación del gran Julio Monsalvo Castilla. Después, en su segundo mandato, le “pegó a la Biblioteca Departamental “Rafael Carrillo Luque”, dos obras emblemáticas que no ameritan discusión alguna. La electrificación de corregimientos, la avenida Simon Bolivar, entre las más, fueron criticadas en tiempos de Pepe Castro, como ejecutorias del también ex gobernador, Mauricio Pimiento.

Las obras gubernamentales no son de quien las hace ni de los que asisten a su inauguración, ni siquiera de los que las disfrutamos inicialmente. Son de todos, de diversas generaciones, son de quienes las aprecian, las valoran, de quienes criticándolas sonríen a solas cuando reconocen que el tipo la sacó del estadio.

La reestruracion de la Gobernacion del Cesar, por parte de Rafael Bolaños, vigente todavia. Como olvidar, en la humanidad de mis amigos Carlos Cadena Beleño, Armando Aguilar Rapalino o Pello Lima, por mencionar a unos cuantos, la pavimentación de la vía a Chimichagua, en tiempos de Hernando Molina y otras no menos requeridas. Es el caso de Cristian Moreno Panezo, con la organización vial y física de la carrera 44 y algunos parques en la ciudad como el de garupal, novalito. Es el caso de Luis Alberto Monsalvo, con el coliseo en las instalaciones de la feria ganadera.

Emulable la gesta de los compositores vallenatos, sin pretensiones de ser los mejores de Colombia, edificaron lo que hoy mantiene al Vallenato en el copito del palo musical colombiano: Escalona, Leandro, Gustavo, Sergio, Rosendo, Murgas Peñaloza, Robe, Manjarrez, Poncho y Emiliano, el Cacique, Santa, Geles, Wilfran, Chiche, Ivan, y tantos más, que se “arremolinan” en el alma vallenata.

Las obras no son de quien las hace, como no fue de Pupo el parque lineal, ni del Dr Elias Ochoa, la carretera a Patillal, ni de de Perez Oñate, el centro “calle grande”. Tampoco son del Alcalde anterior, la avenida sierra nevada, sector vial hermoso y Vallenato, ni las Diez mil viviendas construidas y asignadas en su gobierno, como tampoco, la reducción aleccionadora del analfabetismo, como tampoco lo es, ni lo será, el acogimiento de Valledupar a la Ley 550, soporte gratificante de muchos de los logros actuales.

La Plaza de Patillal, no es de Augusto Daniel, es un merecimiento de los patillaleros, de su enjundia creadora, del talento arrollador, de Escalona, Fredy Molina, Octavio, José Hernández,

Nicolás Maestre, José Alfonso e interpretativo de Julio Garcia, Lukas y Jaime Dangond, Fredy Peralta y la prole bendita. Igual, la Plaza de Guacoche, es menos del Alcalde que de Miro Quiroz y los guacocheros.

El parque de Los Cortijos, el de Mayales y el del 12 de Octubre, nos pertenecen a todos. Son el símbolo del estado precario, desolador y aterrador en que se encontraban los parques, en la territorialidad municipal, antes de la decisión histórica del Alcalde Socarras, al declarar la caducidad del contrato concesional de amoblamiento urbano.

La Plaza Alfonso López, es la Sala de Valledupar y, al mismo tiempo, el aposento natural, emocional y patrimonial, de la música vallenata. Más que el yacimiento petrolífero con que -en buena hora- la comparó el presidente Ivan Duque Marquez, es refinería cultural, creativa y mágica, epicentro de la vallenatia, sede del entusiasmo local, creador y creativo. Atractivo turístico, cultural, histórico y del Festival Vallenato, para propios y visitantes. Espacio idóneo para recargar la energía ancestral que, ligada a lo más recóndito de los sueños de pueblo, permite socializar en el presente y tejer las bases para un futuro mejor.

En el fondo, la superficialidad se ahoga. El lunes santo, 15 de abril, sin importar la calidad del piso, el pueblo se congrega en acto de fe, y doce días después, en condiciones similares pero para disfrutar, enaltecer y mostrar la música tradicional, como muestra inalterable de la grandeza humana de los habitantes de la capital mundial del vallenato, visitantes de diversas regiones de Colombia, del mundo, y otras músicas y manifestaciones culturales, que caracterizan a quienes por benevolente merecimiento, tenemos la oportunidad de vivirla. Disfrutémosla y preparemos la expectativa para la circunstancia futura de mejoramiento de la cuna fundacional de Valledupar, cuando se construya el parqueadero subterráneo y sea actualizada en la nueva modernidad, en procura de conservarla viva y siempre hidalga, bella y acogedora. Por lo pronto, la escultura del acordeon, propuesta por el prodigioso Emilianito Zuleta Díaz, en la bellísima canción mi acordeón, está cerca de ser elaborada e instalada, ojalá como resultado de concurso convocado por la Alcaldía Municipal, entre los escultores del país vallenato.

¡Que vengan más ¡nuevos propósitos y obras para el bien!

 

Alberto Muñoz Peñaloza

Sobre el autor

Alberto Muñoz Peñaloza

Alberto Muñoz Peñaloza

Cosas del Valle

Alberto Muñoz Peñaloza (Valledupar). Es periodista y abogado. Desempeñó el cargo de director de la Casa de la Cultura de Valledupar y su columna “Cosas del Valle” nos abre una ventana sobre todas esas anécdotas que hacen de Valledupar una ciudad única.

@albertomunozpen

3 Comentarios


Graciela Inés Hernández Hinojosa 17-04-2019 02:34 PM

Felicitaciones por tan buen relato que refresca a los cesacenses la realidad de una tradición y las las obras ejecutadas por sus gobernantes y representantes ante el gobierno central.

Indira Escobar 19-04-2019 07:19 AM

Excelente escrito, pero sobretodo resalto la recordación que nos hace de las obras ejecutadas por anteriores gobiernos y que pese a las críticas de algunos, sólo por querer protagonizar, ellos siguieron adelante importandoles el desarrollo de este bello Municipio, y claro, bienvenida la nueva cara de la plaza Alfonso López, renovada y cautivante, otra obra más para el deleite de propios y visitantes.

Rita Vargas Aroca 24-04-2019 02:35 PM

Excelente recordación de las obras realizadas por los diferentes gobernantes de la región. Difiero en el concepto de "hidalguía" de la nueva cara de la Plaza Alfonso López. Personalmente creo que en los trabajos realizados se debió respetar el estilo colonial que siempre caracterizó a nuestra amada Plaza y su entorno, al igual que el patrimonio cultural representado en el mural del gran maestro Piedrahíta.

Escriba aquí su comentario

Le puede interesar

Sobre el enviado, el asiento pegao´ y la piedra del Ermitaño en Rincón Hondo

Sobre el enviado, el asiento pegao´ y la piedra del Ermitaño en Rincón Hondo

  Rincón Hondo, es un pueblo de mucho significado económico, cultural y político del departamento del Cesar (Colombia), asimismo...

Seis museos para recordar el dolor de las guerras en el mundo

Seis museos para recordar el dolor de las guerras en el mundo

  Frente a los impulsos guerreristas y los círculos inalterables de violencia, existe una valiosa y eficaz respuesta colectiva: La m...

Eliel Rosa: “Las aceras son un lugar de encuentro”

Eliel Rosa: “Las aceras son un lugar de encuentro”

Pensar y proyectar una ciudad requiere el compromiso de todos, y no solamente el de la clase política. Ésa es una de las ideas que el...

Joaquín Rodríguez, el campesino que dice lo que piensa

Joaquín Rodríguez, el campesino que dice lo que piensa

Mucho se ha escrito y hablado sobre nuestro folclor, lo cierto es que sus primeros exponentes fueron corraleros, jornaleros y gente d...

Luces sobre la riqueza lingüística de Colombia

Luces sobre la riqueza lingüística de Colombia

  El 21 de febrero es una fecha significativa para el patrimonio colombiano. En esa fecha se conmemora el Día Nacional de las Lengua...

Lo más leído

Síguenos

facebook twitter youtube