Patrimonio

La escuela taller

Alberto Muñoz Peñaloza

11/06/2019 - 05:55

 

La escuela taller
Actividades de la Escuela taller en Mompox / Foto: Caracol

Es de vieja data. En 1936, durante el primer gobierno del Presidente, Alfonso López Pumarejo, se ordenó el funcionamiento del Colegio Nacional Loperena y la Escuela de Artes y Oficios. Sesuda decisión que le permitió a los jóvenes de la region estudiar en el sistema tradicional con funcionamiento de “internado” y también la posibilidad de formarse en disciplinas novedosas como el dibujo, la mecánica en diferentes modalidades, ebanistería, y otros.

La Escuela de artes y oficios fue una alternativa válida, meritoria y eficiente, que surtió a la region de estudiantes con visión técnica, pensamiento ocupacional y servicio comunitario. La infraestructura fue la adecuada hasta cuando el auge de la capital mostró la estrechez física, después del recorte físico que posibilitó la construcción de la sede gubernamental, precisamente en lo que era la cancha de futbol de la Escuela, transformada después en el Instituto Técnico Pedro Castro Monsalvo, cuya permanencia conserva la tradición educativa y fortalece el nivel formativo y técnico, con mejoramiento también de la planta física. Todo esto en la sede actual, en virtud de la cesión del lote correspondiente en 1973, quedándose la Gobernacion del Cesar, con las viejas instalaciones de la Escuela de Artes y Oficios hoy ocupadas por la facultad de Arte y Folclor de la Universidad Popular dl Cesar.

La ubicación de la Escuela de artes y oficios la situaba en las afueras del pueblo y la primera ‘noticia visual’ era la cancha de futbol cuyo arco sur colindaba con la ‘salida a Fundación’. A un lado estaba la tienda “la gran vía”, de Héctor Plata, exactamente donde hoy opera un banco de la ciudad, al lado de la Gobernacion, más allaita funcionaba el Hotel de Turismo y de ahí en adelante, por la ‘carretera’ de la derecha se llegaba al Hospital Rosario Pumarejo de Lopez, al seguir, a los cominos de Tamacal y Azúcar Biena, si la perseverancia alcanzaba.

La ‘Industrial’ como se la llamaba brilló con luz propia, con excelente profesorado y un estudiantado no menos sobresaliente. Profesores como Francisco Molina Diaz, Guido Baena, en Intpecam, José Atuesta Mindiola y muchos más; estudiantes como Jesus “el Chuni” Palmera, William Rosado Rincones, Augusto Daniel Ramírez Uhia, Camilo Namen Rapalino y el Cacique de La Junta, Diomedes Diaz, entre otros.

Usar las manos como expresión del pensamiento creativo, creador y transformador, el conocimiento técnico, como acción efectiva de estudiantes con maneras de seguir en la aprehensión del conocimiento y de reparar, arreglar y crear. El objetivo de estas escuelas se inscribía en la formación técnica con miras a una educación integral. Las primeras se abrieron en la Nueva Granada, inspiradas en el modelo francés, orientadas por maestros de taller franceses, alemanes e italianos, con técnicas productivas , ornamentales y estilísticas. Puestas en marcha desde 1860, tales escuelas rompen la tradición del aprendizaje individual heredado de la Colonia española, en la que el maestro enseñaba de manera lineal a sus alumnos. La nueva modalidad incorporó el maestro artesan. “En la Nueva Granada se fundó, por ejemplo, el Hospicio de Santa Fe de Bogotá en 1777, y en 1833 una Casa de Refugio, esta última organizada en torno a un maestro tejedor que enseñaba el oficio a expósitos y vagos, luego complementado por maestros de carpintería y de zapatería.24 Des- pués de la decadencia de estas instituciones, se hicieron nuevos esfuerzos para reorganizar el antiguo hospicio y así proteger a los desamparados en la década de 1850, sobre la base de la enseñanza de los o cios artesanales.”

España desarrolla a partir de 1990 el programa de las Escuelas Taller y Casas de Oficios, desde 1985, estructurado en proyectos que combinan el empleo, la formación, y la actuación sobre una obra concreta ligada en forma principal al prestigioso patrimonio histórico y arqueológico del Estado Español. En 2005, fue creada la primera en Bogotá en orden con los lineamientos de las otras Escuelas Latinoamericanas, pero con autonomía económica.

El Programa Nacional Escuelas Taller de Colombia: Herramientas de Paz, es una de las iniciativas que lidera el Ministerio de Cultura desde el 2009, a través de la Dirección de Patrimonio, en 10 lugares de Colombia, donde desde la formación se recupera el patrimonio y los oficios tradicionales. Se articula la cultura, el emprendimiento y la formación para el trabajo y el desarrollo humano, para promover el desarrollo social y económico del país a partir del fortalecimiento y la recuperación de sus tradiciones.

Las Escuelas Taller capacitan jóvenes entre 15 y 30 años de edad en oficios tradicionales vinculados con el patrimonio cultural, en espacios de inclusión y convivencia donde prima la equidad y el respeto por la diversidad, aspectos indispensables para fomentar la construcción de una cultura de paz que respeta y defiende la memoria y la identidad. Al final de su ciclo formativo, los egresados de las Escuelas Taller se convierten en individuos emprendedores que entienden el patrimonio cultural como una fuente de desarrollo local y se llevan las bases de una formación integral ya que durante su formación abren una caja de herramientas que les permite ser mejores ciudadanos. Las Escuelas Taller apoyadas por el Ministerio de Cultura son: Barichara, Bogotá, Boyacá, Buenaventura, Cali, Cartagena, Quibdó, Mompox, Popayán, Tumaco.”

Como las Escuelas Taller son inherentes a los centros históricos, el de Valledupar merece la suya. La Fundación Aviva ha desplegado acciones consistentes en procura de lograrlo, desde hace un tiempo y todo indica que se acerca esa buena obra para el deprimido Centro Histórico de Valledupar, en especial para los jóvenes llamados a capacitarse y a forjar emprendimientos que propicien el bien colectivo. La institucionalidad, los parlamentarios del Cesar y en especial, los vallenatos que forman parte del Gobierno Nacional tienen la oportunidad de contribuir, en grado sumo, a este logro de ciudad.

Por cierto, vale la pena que la Alcaldia de Valledupar, a través de la Oficina de Cultura Municipal, propicie la realización de actividades de reconocimiento y recorrido, del Centro histórico por parte de grupos poblacionales que no conocen de su existencia, en especial en lo que concierne a habitantes en barrios y asentamientos de la margen derecha del río Guatapuri, privilegiándose la línea de vecindad en procura de restablecer los conectares urbanos que viabilicen, otra vez, el flujo natural hacia, y desde, el río.

Sería de gran utilidad la realización de ciclopaseos, recorridos a pie, una expedición que ejerza soberanía ciudadana en sectores que antaño transitábamos con muchísima frecuencia, costumbre perdida que aumenta la nostalgia por la barrera constituida por razones superables, si la Alcaldia y el ejercicio de la autoridad, se lo proponen.

 

Alberto Muñoz Peñaloza

Sobre el autor

Alberto Muñoz Peñaloza

Alberto Muñoz Peñaloza

Cosas del Valle

Alberto Muñoz Peñaloza (Valledupar). Es periodista y abogado. Desempeñó el cargo de director de la Casa de la Cultura de Valledupar y su columna “Cosas del Valle” nos abre una ventana sobre todas esas anécdotas que hacen de Valledupar una ciudad única.

@albertomunozpen

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