Patrimonio

Diálogo virtual “a calzón quitao” con el palo de mango

Aníbal Martínez Zuleta

04/11/2019 - 01:45

 

Diálogo virtual “a calzón quitao” con el palo de mango
El palo de mango de la plaza Alfonso López en Valledupar, antes de la remodelación de la plaza / Foto: Archivo PanoramaCultural.com.co

 

Anibal Martínez Zuleta: ¡Ooopa, Mango!

Palo de mango: Quihubo, Aníbal. ¡Qué milagro! Parece que te hubieran extraditado de por aquí.

AMZ: Poco más o menos.

Palo de mango: Pero puedes venir aunque sea a embolar como antes. Dicen que al que sabemos no se le puede hacer lobby porque se la pasa viajando.

AMZ: ¿A quién te refieres?

Palo de mango: A mi vecino el intervenido. Pero fíjate, dicen que está intervenido porque se la pasa viajando y que se la pasa viajando porque está intervenido. Y por otras cosas en las que yo no me meto, ni de vainas. Y ya sabes que el presidente Álvaro Uribe Vélez dijo que se debe acabar con la “viajadera”, que en el fondo es una “viaticadera”. Yo oigo, porque aquí bajo mi sombra se sabe todo. Cómo será que el periodista Crispín Rodríguez, y otros, recogen todas las noticias aquí, tomando raspao´. En un momentico se ponen al día.

AMZ: Bueno, Palo e´ Mango, yo vengo es a conversar contigo. A saber y a recordar cosas. A comentar otras.

Palo de mango: Pero debes tener cuidado porque andan diciendo que tú estás medio loco desde que te la pasas hablando con los palos y con el río, y como tú tienes de Martínez, de Zuleta, y de Quiroz y se sabe que entre ellos ha habido unos cuantos locos, vaya a ser que de pronto te enloqueces tú también.

AMZ: También dicen que lo que se hereda no se hurta y que sarna con gusto no pica, así que me importa un ciezo si me tildan de loco por hablar contigo y con el río Guatapurí, con la naturaleza. Sería la primera locura ecológica.

Palo de mango: Pero te doy la razón y te apoyo. Los animales (el hombre entre ellos) y los vegetales también tenemos nuestro idioma. Y nos expresamos. Por ejemplo, cuando yo echo mis flores y esparzo por la plaza mi suave aroma, ¿no estoy expresándome? Y cuando mis frutos están maduros, entre amarillitos y colorados, ¿no estoy hablando? ¿Y no estoy diciendo, señoras y señores, muchachos y muchachas, vengan y coman, disfrútenme, solácense? Y cuando me pongo hediondo en el tronco ¿no estoy expresando inconformidad con los que vienen a orinarme? Y les digo: “¡Sinvergüenzas! Lo único que les falta para que sean unos perros es que alcen la pata”. Mira, Aníbal, lo que falta es comprensión. Si a veces nosotros los vegetales somos más inteligentes que ustedes. Nosotros con sólo cambiar de hojas, o el color de éstas, estamos diciendo si es invierno o verano, otoño o primavera, y sin necesidad de aparatos modernos. Además, igual que ustedes, vivimos del oxígeno, del agua, y del sol. Y si son los animales, mira tú, la humilde hormiga es más sociable, más disciplinada, más trabajadora y previsiva que muchos hombres. Juntas forman sociedades perfectas, cooperativas increíbles. Lo que quiere decir que sí tienen su idioma, que sí entienden, que tienen sus jerarquías. ¿Que no gritan? Ellas no lo necesitan porque tienen sus radares, sus antenas, como las tienen las ballenas, los ballenatos y los murciélagos. Eso del radar de los aviones es una vulgar copia del sistema natural de estos animales. Los murciélagos vuelan de noche y tú no oyes decir que un murciélago murió estrellado, como se estrellan los aviones hasta de día.

¿Y las abejas? ¿Quiénes son más juiciosas y sociables que las abejas? ¿Y cuál es el resultado de esa organización perfecta, actuante, incesante? Que producen miel. ¡Nada menos que miel! Y no admiten sino solo zángano. En cambio, mira aquí mismo, a mi alrededor, o asómate a las barras de la asamblea, o mira hacia la izquierda y verás vagos por montones. 

Y si los otros animales y plantas, es decir, estos seres vivos, no se entendieran, explícame cómo, hasta los peces hacen el amor y los burros y los caballos y los toros y los chivos, que son arrechísimos, y los tigres y los leones, y los pájaros con las pájaras y las libélulas que cuando hacen el amor en el aire parecen avionetas de cuatro alas, y las moscas y los búfalos y los morrocoyos que cantan antes de hacer el amor, y las maríapalitos que siempre viven “enganchadas”. ¿Y las guacamayas y los loros no hablan?

¿Sabes, Aníbal? El hombre no ha terminado y no terminará nunca de conocer los misterios de la naturaleza, de la vida y de la muerte. Fíjate que se ha descubierto que el hombre tiene genes similares no sólo con los monos sino con los ratones y con los gusanos. ¿Cómo te parece, ah?

AMZ: Y fíjate que si se produce una gran conflagración nuclear o de otra índole que acabe con la vida en la tierra, la única especie que se salvará será la miserable y despreciable cucaracha. ¡Cógeme ese trompo en la uña! Y te doy otro ejemplo: el de las bellas mariposas.

Palo de mango: ¿Cómo es?

AMZ: El de la metamorfosis. El único caso humano de metamorfosis que conozco es el literario de Kafka. En cambio, la mariposa hace un periplo metamórfico increíble: primero es el huevo, luego el huevo se convierte en crisálida con un forro casi indestructible; esa crisálida se convierte en gusano que fabrica hilos de kilómetros de largo y de una consistencia de acero, y finalmente, ese gusano se convierte en bella mariposa. Las mariposas parecen flores volando. ¿Quieres más?

Y a propósito del tema, Palo, ¿ya te enteraste de lo último en esa materia? ¿No? Entonces te cuento: científicos de Leipzig, Alemania, y de Oxford, Inglaterra, descubrieron hace poco que los chimpancés, macacos, gorilas, orangutanes y micos no hablan simplemente por asuntos de articulaciones musculares del rostro, pues los genes del habla son similares a los del hombre. El FOXP2, que es el gen que regula los maxilares, tiene una ínfima, sutil diferencia, pero hombres y simios comparten el 99% de genes.

Palo de mango: Ve, Aníbal, si por ahí hay tipos que parecen gorilas pero hablan. Y hay gorilas más simpáticos que estos tipos, pero no pueden hablar.

AMZ: ¿Como quiénes?   

Palo de mango: ¡Ah, no! Eso no te lo voy a decir. Pero creo que en San Diego hay uno.

AMZ: Y otro en Codazzi.

¡Caramba, Palo! Tú me has dado fuertes y contundentes argumentos para defenderme, y me has dado una cátedra de zoología, biología, botánica, sociología, genética y bioenergética.

Palo de Mango: Dilo en una palabra: una cátedra de filosofía, que es la madre de todas las ciencias.

AMZ: Así es. Pero bueno, hablemos de otras cosas. ¿Cuántos años tienes tú y cómo está tu memoria?

Palo de mango: Mi memoria está al pelo. Mejor que la tuya porque yo ni he bebido ni he fornicado tanto como tú. Y tú y yo somos contemporáneos. “Lucho” Suárez y tu compadre Braulio Nieves, siendo empleados de la Granja Ganadera me sembraron en 1927 aquí en la Plaza por sugerencia de don Eloy Quintero.

AMZ: Pero ya tú tenías unos seis meses o más de nacido. Tú eres del 26 o del 25.

Palo de mango: Bueno, sí. Ambos somos de esa generación. La misma de Hernandito Molina, de Guillermo Quiroz, de Jaime Molina, de Rodrigo Corzo, de Alfredo Araújo, de “Lalo” Montero, de Amrando “Yio” Pavajeau, de Jaime Vásquez, del Mandador Guerra, de “Lucho” Rincones, de Celso Castro, de Claudino Cotes, de Jaime Castilla, de Abelito Verdecia, de Octavio Socarrás, del Maestro Escalona, de Hermes Araméndiz, de Crispín Villazón, del “Chito” Montero, de Otto Elías Córdoba, etc..., de toditos ustedes que estudiaban en la Escuela Pública que quedaba ahí, ve, donde está hoy la alcaldía. Toda esa “catajarria” de muchachos que salían a las once de la mañana, disparados para el río a bañarse. Los cereceros al Pozo del Cerezo y los cañaguateros al Pozo del Arroyito.

Me acuerdo tanto que al lado quedaba el colegio de las monjas, en el lote que regaló don José Trinidad Mejía, y los domingos, en juiciosa fila, pasaban para misa las colegialas. Eran decenas de señoritas entre los doce y los 20 años. Eso sí, todas señoritas. No como ahora que de cien, ni diez. Ahora las adolescentes saben mucho. Saben más que las mamás.

AMZ: ¡Y hasta más que los papás! Lo peor, Palo amigo, es que ahora entre esa juventud que empieza su vida sexual tan temprano, hay muchas enfermedades venéreas y hasta sida. El índice del sida en Valledupar es alto, muy alto, lamentablemente.

Palo de mango: Sexo y drogas. Lo uno trae lo otro. Pues esa es la edad de la irresponsabilidad. Además, muchos, maestros también la usan, se dan sus “pases” y sus “toques”. ¿Y qué crees tú que se puede hacer?

AMZ: ¿Te acuerdas que hace años en Colombia había un alto índice de tuberculosis y entonces, para entrar a los colegios y para posesionarse en los empleos exigían un certificado de salud pulmonar? Así se detectan las enfermedades y se pueden prevenir y controlar. Aunque parezca vergonzante, en las universidades, en los colegios, deben exigir el examen serológico y del VIH y hasta el citológico. Esas enfermedades, como la sífilis, son democráticas y cualquiera las puede tener pues son de fácil transmisión y contagio.

Palo de mango: ¿Hasta los curas y los monseñores evangélicos?

AMZ: ¡Claro! Ellos son curas y predicadores, pero no santos. Mira lo que ha sucedido en los Estados Unidos, que el Papa tuvo que venir a dar una vuelta para acallar el escándalo por esos devaneos de los sacerdotes gringos.

Palo de mango: Que son devaneos seculares, sécula seculorum.

AMZ: Amén. Ya en Colombia también se han descubierto muchos casos. Bien, Palo e mango, tú tienes muchos recuerdos, muchos cuentos, tú sabes mucho. ¡Yo quiero que desembuches!

Palo de mango: ¡Estoy listo! Pero antes quiero que aclaremos eso que están discutiendo ahora sobre los límites del Barrio El Cerezo, a raíz de una crónica del diario El Pilón.

AMZ: Bueno, eso es fácil. El Cerezo comenzaba en la esquina de “Chipuco”, de Asunción Cobo. Más actual, en la esquina de Marcelo Calderón, de la cárcel (hoy Casa de la Cultura), para el suroriente, El Plan de Ordenamiento Territorial y el Plan Centro lo han señalado en debida forma como lo que es hoy el Centro Histórico. Ni la Calle Grande, ni la calle Santo Domingo, ni la Iglesia, ni la Plaza, ni el Convento, ni el cementerio, estuvieron enmarcados en barrio alguno. Eso era el centro. Ni siquiera la Alta Gracia que es donde vive hoy ese gran vallenato y amigo Orlando Mejía y donde Alvelino Romero puso la primera fábrica de gaseosas y de hielo. El Cerezo no era un barrio tan grande y lo limitaba también el barrio La Garita, donde Nemesia ponía los bailes de las “Colitas”, el barrio de la Cacica, Rosa García, de Raimunda, de don Nolberto Baute. El Cerezo llegaba prácticamente hasta la casa de don Tristán Guerra. Después, don Teófilo Araméndiz hizo las casas que llegan hoy a Cinco esquinas, que era donde quedaba el portón que cerraba a Valledupar por ese lado. De ahí para allá quedaban los potreros de Teresa Pacheco, de los Castro, y de los Villazón. Los pocos barrios de entonces no eran tan grandes.

Pero me desviaste, Palo. Lo que yo quiero es que tú, como testigo ático, como testigo de excepción, me hables de lo que ha sucedido aquí en el marco de la Plaza. Por ejemplo, ¿Cuántos discursos has escuchado en tus 75 años que van para 75 años?

Palo de mango: ¡Uuuuy, muchacho! No vengas con eso. Esos son “quinquillones”. Un jurgo, como dicen los cachacos. Aquí ha hablado media Colombia. Empezando por todos los políticos, todos los candidatos presidenciales, los candidatos al Congreso, a la Gobernación, a la alcaldía, diputados, concejales, comuneros, comunistas, guerrilleros, huelguistas, sindicalistas, etc, etc. Con decirte que no podría hacer una lista.

Es como el caso de los cantantes, cantores, acordeoneros, cajeros, guacharaqueros, Desde cuando se construyó la tarima Francisco el Hombre aquí no falta un ¡Ay, hombe! O un “pum pum purrumpumpún”.

AMZ: Precisamente yo quiero que me hables de eso, de los mejores oradores, los mejores acordeoneros, los mejores cajeros, guacharaqueros, es decir, de lo mejor de lo mejor.

Palo de mango: ¡Mejoñe! Pero eso será para otro día, ya por hoy estuvo bueno.

AMZ: Está bien, Palo. Chao.

Palo de mango: Ningún, “chao” que yo no soy italiano. Yo lo que soy es un Vallenato raizal… ¿Cuándo vuelves?

AMZ: El otro viernes.

Palo de mango: Entonces, te espero.

 

Aníbal Martínez Zuleta

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