Patrimonio

El museo y la educación contemporáneos: confluencias del siglo XXI

Luz María Maceira

21/09/2020 - 04:20

 

El museo y la educación contemporáneos: confluencias del siglo XXI
Galerías del Museo de Arte Colonial en Bogotá / Foto: Shafir.info

Antes de argumentar por qué el museo puede ser un espacio valioso para promover la educación humanista, es indispensable reconocerlo más allá de una imagen estereotipada en la que se piensa en un espacio con cosas antiguas, pasillos interminables y salas vacías. En mi investigación en dos museos nacionales de México, el de Antropología y el de Historia, encontré que hay una afluencia considerable de público de todo tipo, sobre todo grupos escolares, durante los periodos ordinarios de clases y días hábiles, pero no exclusivamente. Familias, parejas, grupos de amistades de todas las edades inundan las salas de estos museos cualquier martes en la mañana, no se diga los fines de semana. La afluencia creciente a los museos puede responder a una tendencia reciente en la que se ha impulsado la democratización del patrimonio, y también a la influencia de los medios de comunicación en el consumo cultural, entre otras causas.

La democratización de los espacios culturales y del patrimonio se ha planteado de manera diversa en los países occidentales: internamente, revisando su organización para hacerla más horizontal; y hacia la sociedad, ampliando el acceso a los museos —a través de la reducción de cuotas, la ampliación de horarios y las facilidades para personas con discapacidad—. Esto, a partir del reconocimiento de los públicos en su calidad de ciudadanas y ciudadanos que demandan y ejercen su derecho a la cultura (Azuar, 2007); de la conceptualización del museo como difusor de los valores democráticos y promotor de la inclusión social; de la oferta cultural y museográfica abierta que permita a los públicos optar dentro de los recorridos, interpretar los contenidos, y “participar”2 en un diálogo.

Otras vías de democratización han supuesto la vinculación entre los contenidos exhibidos, su pertinencia social, y la vida cotidiana; el desarrollo de una gran variedad de actividades para la participación de la comunidad dentro del museo; o la promoción de acciones patrimonializantes (Candau, 2001). Estas estrategias han permitido el establecimiento de nuevos vínculos entre los museos y la sociedad (cfr. Museum International, 2007; Decisio, 2008); los museos del siglo xxi están al servicio de la sociedad. Estos cambios han surgido de un movimiento promovido en el último tercio del siglo xx, en el que distintas instituciones y actores culturales, académicos, sociales y políticos han demandado la revisión y ampliación de los discursos y funciones del museo para evitar sesgos excluyentes en los conocimientos que difunden y en la representación de los grupos sociales en las exposiciones, para eliminar su carácter elitista y para la promoción de nuevos principios establecidos por la nueva museología: democracia cultural, territorio, concienciación, sistema abierto e interactivo, y multidisciplinariedad (Arrieta, 2008, p. 11; cfr. Morales, 2007).

Nuestro mundo actual es también poscolonial. En cuanto al patrimonio, esta condición es clave tanto en términos de políticas de devolución o restitución cultural, como de la emergente representación de la historia, la memoria y las naciones —e identidades nacionales— en los museos que se plantean nuevas responsabilidades (cfr. Sandahl, 2005).

Los museos enfrentan ciertos retos para responder a las nuevas demandas y expectativas de la sociedad, así como a las condiciones del mundo contemporáneo. En términos educativos, los desafíos tienen que ver con el fomento de valores y actitudes (interculturalidad, respeto, diálogo, cooperación y apertura); con la comunicación de mensajes relativos al nuevo contexto mundial y sus contradicciones; con la inclusión de una participación cada vez más extensa de públicos diversos en las actividades de los museos; con el reconocimiento y estudio de nuevas formas de construcción y difusión del conocimiento; con el uso de diversas tecnologías de la información, que promueven las mejores alternativas que respondan al entorno donde se ubica el museo; con la interdisciplinariedad de los contenidos exhibidos, la continua respuesta a nuevas preguntas, y el reconocimiento e inclusión de distintas formas de conocimiento posibles; con la necesidad de abordar diversas perspectivas en los contenidos y el desarrollo de estrategias expositivas que permitan una autoridad o una autoría compartida entre públicos y personal del museo, respecto a los contenidos en los que diferentes grupos hallen o planteen sus propias voces; y con la inserción estratégica del museo dentro de una red de recursos y espacios donde las personas de todas las edades puedan aprender.

Este contexto que demanda creatividad y variados esfuerzos para repensar y afianzar las nuevas funciones del museo en el mundo contemporáneo, hace surgir la idea del posmuseo. Éste podría configurarse mediante una comprensión más sofisticada de las complejas relaciones entre la cultura, la comunicación, el aprendizaje, y la identidad, que soporte un nuevo acercamiento a los públicos, la promoción de una sociedad más justa e igualitaria, y la asunción responsable de una postura ética y social respecto al trabajo del museo en la representación, reproducción y constitución de identidades. Esto implicaría una integración plena en la práctica del museo (Hooper-Greenhill, 2007, p. 189). Aun sin la concreción total del proyecto del posmuseo, se advierte una situación relativamente de apertura y experimentación en los museos, en donde se generan escenarios potentes en términos educativos.

El museo es una institución entre cuyos puntos centrales está la exposición. Ésta es un sistema complejo de comunicación (García, 1999, pp. 36-71): utiliza diversos códigos y medios de comunicación, un lenguaje sensible, alude a la emotividad, puede involucrar la dimensión lúdica, integrar diversas estrategias comunicativas que den fuerza al mensaje, que lo hagan más inteligible, que lo planteen en distintos planos o grados de complejidad. Esto lo hace accesible a distintos públicos y un medio idóneo para divulgar información y provocar cambios de actitudes ante ciertos problemas o temas (ibid., p. 46). La característica de un medio de comunicación es “mediar”, o sea, interponerse en la comunicación para alterar la manera en que se percibe o interpreta la realidad o contenido en juego (ibid., p. 67); en este sentido, la exposición media al traducir a lenguajes visuales, sensibles, y asequibles ciertos temas o contenidos de una agenda social o política que, a través de múltiples códigos, se ponen a disposición de los públicos y favorecen la creación de diálogos, la circulación y producción de significados en torno a éstos, con efectos y alcances distintos dentro de la sociedad.

Responder a los desafíos del mundo contemporáneo es una tarea en proceso; sin embargo, el museo puede destacarse como una institución central para nuestro contexto y potente para la educación, al ser una totalidad que reúne experiencia, asombro, dudas, preguntas, información, hechos; que conjunta conocimiento, emoción, percepción y educación con las cualidades espaciales, sensuales y materiales (Sandahl, 2002). Esto lo hace distinto de otros ámbitos y herramientas educativas.

Una primera línea argumentativa para comprender la potencialidad formativa del museo se refiere a la involucración de los públicos en las exposiciones, es decir, a las maneras en que la gente se sumerge en la experiencia, se acerca a los objetos o contenidos exhibidos, se relaciona con el discurso o con las otras personas que están alrededor, a partir de lo que hay en el museo. Otra segunda refiere a la formación de colecciones, la participación de los públicos en la gestión, diseño o montaje de exhibiciones o de museos. Partiendo de éstas, analizo sus potencialidades pedagógicas frente al contexto actual.

 

Luz María Maceira

Doctora en Investigaciones Educativas por el Cinvestav, maestra en Estudios de Género por El Colegio de México.

Acerca de esta publicación: El artículo titulado “ El museo y la educación contemporáneos: confluencias en el siglo XXI ”, de Luz María Maceira, corresponde a un capítulo del ensayo académico titulado “El museo: espacio educativo potente en el mundo contemporáneo” de la misma autora, y publicado anteriormente en la Revista Sinéctica.

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