Patrimonio

Acordeón bendito: el recorrido de un instrumento y su acogida en el País Vallenato

Alberto Murgas

16/10/2020 - 05:30

 

Acordeón bendito: el recorrido de un instrumento y su acogida en el País Vallenato
Un acordeón Höhner sentado sobre la cartografía del Magdalena Grande / foto: archivo PanoramaCultural.com.co

Son tantas las emociones que ha generado, este bendito, que Emiro Zuleta, compositor vallenato, no resistió el impulso de su sentimiento para manifestárselo. Es tal la intimidad afectiva del creador con su instrumento, que la encontramos revelada en distintas obras que sirven de verdad declarada y que nos conecta de una vez por todas, con un amorío eterno entre nosotros y ese sonoro elemento. “Pedazo de acordeón” de Alejandro Durán, “El luto de mi acordeón” de Francisco “Pacho” Rada, “Mi acordeón de Emilianito Zuleta”, son testimonios inherentes a mi sentir.

Los compositores vallenatos hemos acumulado más de 50 títulos para expresarle miles de agradecimientos. Con este acervo de cantares es imposible negar el afecto que le hemos transmitido a esta composición de fuelle, lengüeta, y mecanismo, que después de tantas doctrinas, teorías, hipótesis, debates, historias; logró patentarse en Viena-Austria, el 6 de mayo de 1829 por el constructor de órganos, Cyril Demian. Su creación conmocionó a la Europa de entonces, se le consideró un hijo glorioso del movimiento espiritual y artístico, denominado Romanticismo; logró que países como Francia, Italia, Rusia, Alemania, Bélgica y muchos más, le despejaran el camino para iniciar el complemento del juguete musical, que registró Demian. Con el tiempo, los constructores e instrumentistas, con el propósito de satisfacer distintas exigencias de culturas sonoras, elaboran otros modelos renombrándolos como: acordeón a piano, bandoneón, cromático de botones, concertina y el acordeón diatónico, que fue el que nos correspondió para proyectar nuestras tonadas tradicionales, reconocida como, música vallenata.

La llegada del acordeón oficialmente a Colombia se puede sintetizar así: Secretaría de Hacienda y Fomento, Estadísticas del comercio exterior y de cabotaje. Informe del año fiscal 1869-1870, elaborado por el Secretario de Hacienda, Salvador Camacho Roldan, manifiesta: entraron por Riohacha 33 kilogramos de acordeón, por Barranquilla 12 y por Cartagena seis. El arancel de la mercancía en esos tiempos se cobraba por el peso de la misma; esto no quiere decir que fue la única forma de llegada, muchos inmigrantes lo trajeron para interpretar su musiquita nostálgica y nosotros lo adoptamos para nuestra música terrígena.

El acordeonero villanuevero Israel Romero se convirtió en El Mejor del Mundo / Foto: Caracol

Impacto en la Juglaría

En esta región en sus inicios, el acordeón fue un aparejo completamente rural para recrear y fortalecer relaciones afectivas en esas otrora colectividades. Con el tiempo ese melodeón comunicativo rompió barreras sociales, religiosas, étnicas, literarias y hasta protocolos de Estado. No es sólo comentar sobre la evolución técnica del instrumento y sus recuerdos, en los albores del siglo XX, en nuestro folclor, también es interesante precisar cómo fue afectando el aprendizaje en los inexpertos músicos.

Cuando llegan de una hilera de botones, no tuvo otra opción el aprendiz que tocar en línea y complementar con la rutina de fuelle la escala de la pieza musical; instintivamente se estaba demarcando la guía y la esencia de la técnica interpretativa del vallenato juglaresco y tradicional; cuando arriban los de dos fue traumático, no encontraban como combinar las hileras, hasta cuando consiguen unas notas que le permitían hacer transportes (término coloquial, para referirse a los acordes musicales), por lo demás, el periplo no sólo ha sido leyenda, también han florecido ensueños e ilusiones de poetas.

En este universo musical que hoy muchos reconocen como El País Vallenato, voy a darles a conocer momentos gloriosos de tres protagonistas de mis afectos musicales, que brotaron de este suelo sonoro y que son parte de mi estado emotivo.

En el año 1988, por iniciativa de un  grupo de estudiantes italianos de música, en la universidad de Maryland,  Estados Unidos; bajo la dirección del profesor Marino Pérez Murcia, hizo un estudio de la presencia del acordeón diatónico en el mundo, buscaron los sonidos e intérpretes de 75 países donde se utiliza esta clase de instrumento, iban ponderando a través de la computadora, hasta escoger a 10 finalistas, entre los cuales estaba Israel Romero Ospino, quien a la postre fue el seleccionado.

En su niñez este párvulo villanuevero, tenía un pensamiento obsesivo: ser el mejor acordeonista de Villanueva. No sólo lo logró, sino que se convirtió en El Mejor del Mundo. La ceremonia oficial fue en el Club Nacional de la Prensa en Washington. Asistieron 4.000 personas a la ceremonia oficial, a quienes les manifestó sus impresiones: realmente no es un triunfo mío, sino de mi país Colombia, en especial de los acordeonistas vallenatos que hemos tratado de superarnos en este instrumento tan difícil proveniente de Alemania, y hemos llegado a un nivel muy alto, estamos felices de lograr precisamente este trofeo que realmente nos llena de muchísimas satisfacciones.

El escritor García Márquez en primer plano junto al compositor Rafael Escalona / Foto: archivo Beto Murgas

El vallenato en la literatura

“El acordeón legítimo, el verdadero, es éste que ha tomado carta de nacionalidad entre nosotros en el valle del Magdalena al lado de las gaitas, los millos y las tamboras costeñas”, expresaba García Márquez el 22 de mayo de 1948 en el Diario Universal (Cartagena).

Muchos años después, Emilianito Zuleta Díaz estaría con su acordeón en Estocolmo, con un tropel de parranderos adiestrados por el Maestro Rafael Escalona, acompañando a Gabo a recibir el premio Nobel de literatura. Este reconocido intérprete también fue el escogido por la fábrica Höhner para representar con su nombre y firma el acordeón diatónico de nuestra tradición musical. Además, se le atribuye ser el primero en idear el cambio de tonalidades, para tener un color armonioso, que identificase el sonido vallenato, asimismo es el autor de la mejor canción inspirada por un acordeón.

Otro célebre del Acordeón es el maestro Andrés “Turco” Gil, director de la academia Los Niños Vallenatos del Turco Gil, a quien el presidente Bill Clinton, en su libro “Dando”, le reconoce sus méritos:

Como cada uno de nosotros puede cambiar el mundo,

Me gustaría que cada área de conflicto tuviera un maestro como el Maestro Gil y niños como Los Niños vallenatos”.

García Márquez, para ese encuentro envía una nota a Bill Clinton (Diciembre 8, 1999) dirigida al presidente norteamericano: De Gabo Para Clinton, y que presentamos a continuación.  

Los Niños Vallenatos junto al presidente de Estados Unidos, Bill Clinto / Foto: APA.org

Presentación de Los Niños Vallenatos en la Casa Blanca (por García Márquez)

“Rafael Escalona, el genio de la música vallenata, no aprendió a tocar el acordeón cuando era niño porque se consideraba un instrumento indigno para el sobrino de un obispo. A mí mismo, que quise aprenderlo a los 8 años, mis abuelos me lo negaron porque les parecía una máquina de perdición.

Tal era su mala fama que a los niños no los asustaban con el diablo, sino con Francisco el Hombre, un patriarca andariego que camina por pueblos y veredas pregonando amores y destapando entuertos de la vida ajena. Sin embargo, cuando se interrumpió la fábrica de Alemania por la Segunda Guerra Mundial, los artesanos vallenatos fabricaban acordeones con la osamenta de otros, para que no se extinguiera el arte de la voz humana con acordeón, que es un modo antiguo y el más feliz de contar un cuento.

Hoy la música vallenata está más viva que nunca, como lo muestra esta delegación de niños que han aprendido su oficio al mismo tiempo qua aprendían hablar. Seis años es la edad que los pedagogos aconsejan para aprender a leer, y dos de estos aprendieron a tocar el acordeón a esa edad. Otros no habían cumplido 5, otro tenía 4, y los mayores son dos ancianos de 10 y 12 años que ya son reyes de la canción. Los otros cajistas, guacharaqueros, y cantantes, casi podrían decir que nacieron sabiendo.

A todos ellos por igual tenemos que agradecerles el que la música colombiana haya podido cumplir la proeza olímpica de entrar casi gateando en la Casa Blanca.”

 

Como síntesis, el Acordeón lo acogimos con cariño, lo aprendimos sin maestros, nos inspiró, enamoró a los cantantes y nuestra vida glorificó.

 

Alberto Murgas

Compositor y director del Museo del Acordeón en Valledupar 

Acerca de esta publicación: El artículo titulado “ Acordeón bendito: eñ recorrido de un instrumento y su acogida en el País Vallenato;, del gestor cultural Beto Murgas, corresponde a una ponencia realizada en el XVIII Parlamento Internacional de Escritores de Cartagena. El vídeo de la ponencia también puede consultarse en Youtube.

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