Patrimonio

Así nacieron las corralejas

Aura Angélica Hernández

01/02/2021 - 05:30

 

Así nacieron las corralejas
Pintura de Hernán Torres, artista de Montería

 

No se puede decir exactamente de qué manera, ni en qué lugar, nació la Fiesta en Corralejas con las particularidades y las características que tiene hoy en día. Lo que se puede decir es que no nació en las grandes ciudades de la región, pero sí en las haciendas coloniales de este territorio.

Se sabe que tiene una relación bastante cercana con las corridas españolas practicadas en esta época en la provincia de Cartagena y en muchas de las provincias de la nueva colonia, por grandes terranientes que pertenecían indiscutiblemente a la península ibérica.  

Este espectáculo también está íntimamente ligado al trabajo de las comunidades mestizas en el campo y su relación con el toro, notablemente con el proceso de trashumancia de ganado. Así mismo la Fiesta en Corralejas no habría sido posible sin las actitudes joviales y alegres de la población. El crecimiento y la expansión de las haciendas ganaderas dieron poco a poco nacimiento a este juego taurino.

Hay diferentes tipos de mitos e historias alrededor de su aparición y su posterior desarrollo en las ciudades de la región, pero no se puede olvidar que, antes de ser un espectáculo de arena: “Primero que todo fue un juego. De esto no cabe duda. Los vaqueros, al momento de recoger el ganado en las horas de la tarde se entretenían un rato retozando con las reses. Aunque simple [sic] el juego era agradable: burlar las embestidas lanzadas por el animal. A veces era necesario molestarlos al máximo para lograr de ellos algunas respuestas agresivas. Así, de esta manera, pasaban horas enteras hasta que la noche caía por completo” (Santana, 1986, 9).

Entonces, la diversión era jugar con los toros al momento del trabajo, lo que se transformó paulatinamente en una actividad más común.

Al principio no había encierros para guardar a los animales, así que tanto el trabajo como el juego se hacían en los grandes territorios aislados de la sabana; pero, con el paso de los años, se comenzaron a hacer cercas en madera para meter los animales. Estos lugares se convirtieron en lugares mucho más apropiados para trabajar y se pudo desarrollar más fácilmente el juego. Esta actividad se tornó cada vez más interesante para los capataces y así mismo para los propietarios del ganado que observaban con mucho placer y simpatía este momento de esparcimiento.

Fue así como los grandes patrones de la hacienda comenzaron a ver este espectáculo como una manera agradable y divertida de hacer las celebraciones en sus propiedades, el juego se convirtió en un acto de cortesía hacia los invitados, servía para celebrar fechas especiales, como cumpleaños o aniversarios. Cada vez había más y más invitados a la celebración, muchos de espectadores y una gran cantidad de participantes, el número de personas aumentaba así mismo como el entusiasmo en el espectáculo.

Con el aumento del número de espectadores y fanes, este juego taurino creció significativamente. Su popularidad obligó a que se desplazara a otro tipo de espacios, por lo cual se fue acercando cada vez más a los pequeños pueblos donde comenzaría a ser realizado como homenaje a los santos y como ofrenda en diferentes celebraciones religiosas de la región. Esta relación muestra el desarrollo del sincretismo cultural de la población que habitaba estos lugares.

Luis Striffer, cronista francés que visitó la región a comienzos del siglo XIX para trabajar en las nuevas empresas de extracción de madera, escribía sobre el juego:

“[…] en 1850, la fiesta de Santa Bárbara la patrona, no era propiamente otra cosa que una corrida de toros, diversión favorita de los vaqueros. Los comerciantes se surtían con anticipación y vendían algo más que en los días ordinarios […]. Existen testamentos de hacendados de Sabanas donando cierto número de vacas a la iglesia de la villa, con un haber tan considerable que el gobierno se declaró heredero natural del santo”.

La plaza central de los pueblos se transformó en el escenario preferido para llevar a cabo este tipo de espectáculos. Se hacía una serie de construcciones fáciles de montar y desmontar después de los días de fiesta: el propietario de las haciendas se convertía en el protagonista central, pues donaba sus toros para el juego, así como los pedazos de tela roja que los vaqueros utilizaban para jugar con el animal y el ron para beber en la festividad. Su gesto de “generosidad” nos habla de una actitud patriarcal y señorial, que muchos recuerdan, aún hoy en día, con nostalgia.

Estas fiestas tenían lugar en diferentes fechas en cada uno de los pueblos, por ejemplo, el 6 de enero se celebraba el día de los Santos Reyes en Ciénaga de Oro y en Caimito, el 8 de diciembre era el día de la Concepción en Sahagún, el sábado de gloria en Cotorra, entre otros. Una vez que estos espectáculos salieron del campo, se establecieron en los pueblos de la región como sus patrimonios culturales.

 

Aura Angélica Hernández

Universidad Minuto de Dios

Facultad de Ciencias Humanas y Sociales, Uniminuto Virtual y a Distancia

Acerca de este artículo: Esta publicación de Aura Angélica Hernández, titulada “ Así nacieron las corralejas ”, representa un capítulo del estudio académico más amplio publicado anteriormente bajo el título: “La Fiesta en Corralejas: las contradicciones de un patrimonio no patrimonializable”.

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