Pensamiento

Las máscaras del desprecio

Diógenes Armando Pino Ávila

19/06/2026 - 05:15

 

Las máscaras del desprecio

 

"Hay hombres que cambian de camisa para una fiesta. Otros cambian de acento, de gustos y hasta de memoria para sentirse aceptados."

Frantz Fanon escribió en “Piel negra, máscaras blancas que una de las victorias más profundas de la dominación ocurre cuando el dominado termina mirando el mundo con los ojos de quien lo desprecia. Su reflexión surgió en el contexto del colonialismo y el racismo, pero su intuición va mucho más allá del color de la piel. Fanon comprendió que el poder no solo ocupa territorios; también ocupa imaginarios.

En Colombia, y particularmente en el Caribe, conocemos una versión menos evidente de ese fenómeno. No se trata de hombres que quieran ser blancos. Se trata de hombres que quieren dejar de parecer costeños o, peor aún, quieren dejar de ser colombianos y se auto perciben como gringos.

Son personas nacidas entre los mismos ríos, las mismas calles, las mismas cocinas y los mismos sonidos que el resto de nosotros, comiendo mote de queso, pescado de río, yuca, ñame, malanga, suero y queso, pero que han construido su identidad a partir del rechazo de aquello que les dio origen. Desprecian la forma de hablar de su pueblo, consideran vulgar su música, miran con desdén las expresiones populares y convierten la distancia frente a la cultura local en una especie de certificado de superioridad, lo que a la postre no es más que un complejo de inferioridad disfrazado.

Nada hay de malo en apreciar otras tradiciones, escuchar otras músicas o disfrutar otras cocinas. El problema comienza cuando el gusto deja de ser una elección y se convierte en una declaración de desprecio. Cuando alguien necesita ridiculizar lo propio para sentirse más refinado. Cuando la admiración por lo externo exige la negación de lo cercano.

Lo más inquietante es que esta actitud suele despertar admiración precisamente entre aquellos que resultan despreciados. Muchos terminan siguiendo a quienes les enseñan a avergonzarse de sí mismos. Aplauden a quienes presentan como atraso las costumbres populares. Celebran a quienes se burlan del acento que ellos mismos hablan todos los días. Se identifican con figuras que han hecho carrera marcando distancia frente a la cultura de la que proceden.

El desprecio suele disfrazarse de liderazgo. Fanon observó que el colonizado podía llegar a adoptar los valores del colonizador porque estos aparecían asociados al prestigio, al éxito y al reconocimiento social. Algo semejante ocurre cuando una sociedad establece una jerarquía cultural donde lo valioso siempre parece venir de otra parte y donde lo local debe justificarse constantemente para ser considerado digno.

Entonces, aparecen las máscaras. La máscara del acento neutral para ocultar el origen. La máscara del gusto importado para diferenciarse del vecino. La máscara del cosmopolitismo superficial que confunde universalidad con desprecio por lo propio. La máscara de quien pretende mostrarse moderno renegando de la cultura que lo formó.

Sin embargo, esas máscaras encierran una contradicción. Quien reniega de su origen rara vez logra escapar completamente de él. Los mismos círculos que admira suelen recordarle, tarde o temprano, de dónde viene. Y mientras busca reconocimiento en otros lugares, termina perdiendo el vínculo con el suyo.

Aquí es bueno aclarar que lo verdaderamente moderno no consiste en avergonzarse de la propia cultura. Consiste en dialogar con el mundo sin necesidad de negar la casa de donde se viene. Ningún pueblo se fortalece enseñando a sus hijos que su música es inferior, que su cocina es un defecto o que su manera de hablar es una vergüenza.

La cultura popular del Caribe colombiano, mejor, la de Colombia no necesita permiso para existir. No necesita traducción para ser legítima. No necesita disfrazarse para tener valor.

Quizá la lección más vigente de Fanon sea que la libertad comienza cuando dejamos de medirnos con la vara de quienes nos enseñaron a despreciarnos. Porque los pueblos no se empobrecen cuando son diferentes. Se empobrecen cuando aprenden a sentir vergüenza de lo que son.

Y pocas derrotas son más profundas que esa.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

@AvilaDiogenes

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