Pensamiento

El Mundial 2026 y esa extraña sensación de vivir dentro de Supercampeones

Johari Gautier Carmona

30/06/2026 - 05:52

 

El Mundial 2026 y esa extraña sensación de vivir dentro de Supercampeones
Los Mundiales se asemejan cada vez más a la serie animada Campeones (o Supercampeones, en Latinoamérica)

 

Desde el momento en que Messi hizo sus tres goles en el partido de apertura de Argentina contra Argelia, algo nos hacía intuir que este Mundial 2026 nos tenía reservada una trama estelar de futbolistas en busca del eterno reconocimiento y del trofeo más codiciado. La aparición de Zinedine Zidane, figura legendaria de Mundiales anteriores, sentado en las gradas y viendo a su hijo en apuros en la portería de Argelia, fue el guiño que remató esta sensación de unos “súper campeones” en constante rivalidad (enfrentados, además, una generación tras otra).

Luego, me llegaron las imágenes de los dos goles de Kylian Mbappé, delantero prodigioso de la selección francesa, quien, acompañado de Dembélé y Olise, demostraba que no temía a nadie, ni siquiera a Senegal, el campeón de África. En su rostro decidido ya no quedaba rastro de las críticas acumuladas durante su temporada en el Real Madrid. Con su doblete, sus disparos fulminantes y sus carreras veloces, el delantero reivindicaba su prestigio mundialista y buscaba una revancha de aquella ajustada y sensacional final de Qatar 2022 ante Argentina. De alguna forma, Mbappé, campeón mundial de 2018 en Rusia, parecía estar diciéndole al campeón de 2022: “¡Aquí me tienes! ¡Nos vemos en la final!”.

Pero fue cuando Inglaterra venció 4-2 a Croacia en un partido increíble, en el que el asombroso Kane se alzó triunfante, que mi sensación se convirtió en convicción. El delantero británico mostraba con su actuación impecable que su excepcional temporada en el Bayern de Alemania no era un invento de los medios de comunicación. Estaba listo para romper la maldición de Inglaterra y ubicar a su país entre las naciones más ilustres del fútbol actual. Y ahí fue cuando se me hizo claro que la trama del Mundial de Norteamérica parecía estar reconstruyendo un guion similar al del famoso dibujo animado Supercampeones (Oliver y Benji).

A partir de ese momento, me sentí transportado a grandes momentos de mi niñez. Los partidos memorables de Oliver y Benji, compitiendo uno contra otro y uno con el otro por el triunfo mundialista, me atraparon a los 9 o 10 años, cuando en los recreos de la primaria reconstruíamos entre amigos las proezas increíbles de futbolistas soñadores convertidos en superhéroes.

Todavía suena en mi cabeza esa canción rockera y endiablada que ambientaba esos partidos míticos. Ahora resurge cuando Cristiano, Messi o Kylian se ven en apuros y obligados a remontar. Pero también recuerdo los monólogos interminables de Oliver Atton o Marc Lenders, las piernas alzadas en el aire durante minutos enteros antes de golpear la pelota y mandarla como un misil a la portería rival, el tiempo infinito que se demoraban los jugadores en recorrer el terreno, las paradas intimidantes de Benji o las acrobacias imposibles que ejecutaban los gemelos Derrick en el aire.

Yo fui uno de esos jóvenes que jugaban al fútbol en la calle tratando de recrear las hazañas de aquellos campeones con carácter japonés. En el colegio Parmentier, en el distrito 1 de París, donde retomé cuarto de primaria después de pasar varios años en Barcelona, trataba de ganarme el respeto de mis compañeros dando lo mejor de mí en el recreo. Con ese empeño, me tiraba al más puro estilo del portero Benji para salvar un par de goles y me ganaba, de paso, unos comentarios elogiosos.

Muchas veces regresaba a casa sintiéndome un auténtico campeón, como si acabara de clasificar a octavos de un Mundial y, queriendo emular a Benji en todo su esplendor, practicaba en el salón con una pelota de tenis y un guante. Me sentía, de verdad, dentro de un capítulo del dibujo animado, y ahora me sonrojo al ver el tiempo y las ganas que dedicaba a recrear algo que hoy podría catalogarse como simple fantasía infantil.

Lo cierto es que los Mundiales se asemejan cada vez más a Campeones (o Supercampeones, en Latinoamérica). Pero también es verdad que Supercampeones está reviviendo en el guion mercantilista de la FIFA, con todos sus accesorios y ocurrencias comerciales. Esto nos lleva a pensar en los sueños de muchos niños que quisieran ser como Cristiano, Mbappé o Messi. Ellos ya no quieren emular a los personajes de un dibujo animado, sino todo lo contrario: aspiran a ser las estrellas irrealmente reales en las que hemos convertido a estos futbolistas, una película para soñar.

La ironía resulta llamativa: ya no son los niños quienes imitan a los dibujos; son Messi, Mbappé, Kane o Ronaldo quienes se acercan a ellos. Y, entonces, la pregunta es inevitable: ¿seguimos viendo fútbol o consumimos un entretenimiento cada vez más parecido a un espectáculo de superhéroes fabricado? Y, sobre todo, ¿qué clase de ídolos estamos entregando a los niños de hoy?

 

Johari Gautier Carmona

@JohariGautier

Sobre el autor

Johari Gautier Carmona

Johari Gautier Carmona

Textos caribeños

Periodista y narrador franco-español. De herencia antillana. Dirige PanoramaCultural.com.co desde su fundación en 2012.

Escribe sobre culturas, África, viajes, medio ambiente y literatura. Todo lo que, de alguna forma, está ahí y no se deja ver… Autor de "El hechizo del tren" (Ediciones Universidad Autònoma de Barcelona, 2023), "África: cambio climático y resiliencia" (Ediciones Universidad Autónoma de Barcelona, 2022), "Cuentos históricos del pueblo africano" (Ed. Almuzara, 2010), Del sueño y sus pesadillas (Atmósfera Literaria, 2015) y "El Rey del mambo" (Ed. Irreverentes, 2009). 

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